La decisión: Dos hombres en culpa, por Carla Leonardi

Atención: Se revelan detalles importantes del argumento.

Un hombre maduro maneja por la ruta de noche. Desde atrás otro auto le hace luces y lo torea, intentando pasarlo. Al pasarlo, lo toca, desviando su trayectoria hacia la banquina. En este movimiento el auto choca con una moto en la que viaja una familia. El accidente no resulta fatal, a pesar de que ninguno lleva casco. El hombre de la moto sugiere llamar a la policía, pero el otro señala que es mejor evitar nuevos inconvenientes. Se ofrece a llevarlos al hospital, dado que la moto quedó algo deteriorada (a lo que el hombre de la moto se niega) y se preocupa por el hijo de la familia, que tiene un dolor en la nuca. Pide permiso para revisarlo, alegando que es médico; el niño aparenta estar bien. El médico le da al padre de familia algo de dinero para los gastos de la moto y sugiere que al reanudar la marcha se detengan en  la guardia del hospital. Los dos hombres inician su marcha, pero la moto, a pesar de las señas realizadas por el médico, no se detiene ante el hospital y sigue su camino hacia el otro lado.

Este comienzo plantea la lógica de lo accidental, de lo azaroso, a partir de la cual las vidas de estos dos hombres que no se conocían previamente se cruzan. La mayor parte de la escena transcurre con los llantos de la hija del motociclista de fondo, anunciando el sino trágico. Además, la vestimenta de ambos (formalidad de uno e informalidad descuidada del otro) y sus vehículos de locomoción (un auto muy moderno en contraposición a una moto que no es de su propiedad, sino prestada) dan cuenta de la diferencia de clase social entre estos hombres. A la vez, la oscuridad de la secuencia, con fuentes de luz focalizadas, da cuenta de una atmósfera turbia. Así da inicio La decisión (No Date, no Sign, 2017), segundo largometraje del director iraní Vahid Jalilvand.

El Dr. Nariman (Amir Aghaee) vive junto a su padre anciano, postrado, que está al cuidado de una mujer. Se involucra asesorando a la hermana de la cuidadora en un caso de violencia de género. Se niega a firmar el informe de una autopsia realizada por otro médico, con el cual no está de acuerdo. Y todas la mañanas lleva en auto al hospital a su compañera de trabajo, la Dra. Sayeh Behbahani (Hediyeh Tehrani), de quien es cercano sin quedar del todo claro ese plus más allá de lo laboral. Todos estos elementos no son desarrollados por el director y parecen estar más bien al servicio de presentar la vida del Dr. Nariman como un hombre que obra generalmente de buena fe y que tiene convicciones éticas en su trabajo.

Al día siguiente del accidente, veremos al Dr. Nariman en su ambiente cotidiano de trabajo. Es especialista en medicina legal y trabaja en la Morgue Forense. Cuando un asistente le recite los nombres de los pacientes que han ingresado durante la noche, descubre que el pequeño Amir, el hijo de 8 años de la familia a la que chocó la noche anterior, ha fallecido. Alterado por la noticia, Nariman alega que conocía vagamente a la familia (aunque sin especificar en qué circunstancias) por lo que es la Dra. Behbahani quien finalmente realiza la autopsia del niño. El informe arroja como causa de la muerte un estado de botulismo avanzado, debido a una intoxicación por alimentos. Aun conociendo esta información, el Dr Nariman omite la información relevante de la noche previa y mientras la Dra. le explica a la familia la causa de muerte de su hijo, tampoco se presenta ante ellos.

Tomando en cuenta el punto de vista de la familia de Amir, proviniendo de un estrato social vulnerable, es posible que, tanto por falta de conocimiento como por dificultades para acceder al sistema de salud, hayan cuidado de su hijo como pudieron en su hogar. Por otro lado, ya sabiendo la causa de la muerte de su hijo, el padre de familia, Moosa (Navid Mohammadzadeh), tampoco le dirá a la médica la fuente del botulismo (que conoce certeramente) y, siendo un hombre machista, se las ingeniará para hacer callar a su esposa. A pesar de la condición médica previa del niño, resulta posible, no obstante, que haya muerto por el golpe recibido producto del accidente. Esta incógnita el director nunca la despeja, porque lo que le interesa es contraponer la posición de los dos hombres. En esta línea, la película puede relacionarse con La separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011) del director iraní Ashgar Farhadi, quien contraponía la posición de ambos padres en relación al futuro de su hija en común.

El Dr. Nariman, pese a que su colega ha descartado en la autopsia otra posible causa de muerte, se obsesiona, carcomido por la culpa, por verificar si el golpe en la nuca causado por el accidente automovilístico ha sido un factor letal. Mientras que del lado de Moosa, asistiremos a su hundimiento trágico, ese que los llantos de su pequeña hija anunciaban al comienzo y que ratifican los lamentos desgarradores y desconsolados de la madre ante la tumba de su hijo. Leila, su esposa, ya no quiere ver a Moosa al considerarlo culpable, y Moosa se precipita en la venganza de aquel que le ha vendido pollo en mal estado, lo cual lo conducirá a prisión. Así el drama familiar planteado en el comienzo virará en la segunda parte del film hacia el thriller psicológico y el policial-judicial.

En apariencia, podría suponerse que el director toma partido por el médico al presentarlo como educado y respetuoso, en contraposición a Mossa que es presentado como rudo y violento. Pero precisamente al dejar la causa de la muerte del pequeño en una zona de indeterminación, pudiendo haber sido causada tanto por el botulismo como por el accidente, esto le permite no tomar partido por ninguno de los dos, pues ambos incurren en acciones reprochables.

Llegados a este punto, debemos distinguir entre culpa y responsabilidad. La culpa es la respuesta subjetiva por haber realizado una acción que va en contra de las convenciones y normas de una sociedad determinada. Es una dimensión de la moral cultural de un determinado colectivo. En este punto, los dos personajes experimentan culpa. Nariman busca expiarla, ponerle un coto verificando si el golpe del accidente ha intervenido en la muerte del niño; Moosa en cambio la remite a otro, al hombre que le vendió el pollo podrido y lo ataca. Desde el punto de vista de la moral podemos juzgar como despreciable que el médico circule en su auto con el seguro vencido y ofrezca una compensación económica a la familia, así como el hecho que la familia circule en una moto sin casco, que el padre de familia acepte el dinero ofrecido y que no lleve a su hijo a una guardia hospitalaria luego del accidente. Una dimensión distinta interviene en la responsabilidad y es la ética que concierne a la singularidad y a lo más íntimo de cada sujeto. Desde este punto de vista los dos hombres, tan diferentes en apariencia, tienen en común la dimensión del silencio. Ambos, pensando en ellos mismos, en pos de salvarse de ciertas sanciones o en pos de satisfacer sus necesidades económicas, se llevan puesta la vida del niño. Nariman no se hace cargo ante la instancia de la ley (sea esta encarnada por la policía) de que tiene el seguro vencido y de que ha chocado (aunque sea involuntariamente) a una familia; Moosa, por su parte, no se hace cargo ante la ley de que circula en una moto prestada, sin casco y que no tuvo un trato cuidadoso con su hijo, al no llevarlo a un hospital. Como refiere el título en inglés, No date, no sign, que significa sin fecha ni señal, es la no inscripción de las acciones en un orden simbólico, que se hubiera producido por ejemplo si ambos declararan luego del accidente ante una instancia de autoridad legal y/o médica. Esta ausencia tiene como consecuencia que la situación se dirima en el ámbito privado entre dos personas y que un niño termine muerto al no tener asistencia médica. Es la decisión de callar, que descuida a un menor vulnerable, lo hace que esos silencios no sean conformes a una ética responsable. Para cuando ambos hablen y decidan confesar abrumados por el peso de la culpa, ya será demasiado tarde.

Con un elenco sólido en sus interpretaciones, y una atmósfera turbia y trágica bien logradas (que se expresa en la paleta de colores apagadas donde predomina el negro y el gris), La decisión es una película que interpela fuertemente al espectador, interrogándolo por el peso de su propia moralidad a la hora de enfrentar decisiones cruciales.

Calificación: 7/10

La decisión (No Date, No Sign, Irán, 2017). Director: Vahid Jalilvand. Guion: Vahid Jalilvand y Ali Zarnegar. Fotografía: Morteza Pourzamadi, Payman Shadmanfar. Montaje: Sepehr Vakili, Vahid Jalilvand. Elenco: Amir Aghaee, Navid Mohammadzafdeh, Zakieh Behbahani, Hediyeh Tehrani. Duración: 104 minutos.

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