La nostalgia es la enfermedad que padece quien quiere regresar a su hogar y no puede. Así, Ulises naufragará por los mares, afrontando calamidades, pasando pruebas para poder volver a su amada Ítaca. La nostalgia conlleva el deseo de recuperar un tiempo lejano cuando el presente está contaminado de conflictos. El pasado evocado puede remitir a distintas épocas: la infancia, la adolescencia, la juventud o la adultez. Si nuestra relación con la niñez nos trae malos recuerdos entonces la esquivamos y revivimos imágenes más agradables. La sensación de hogar implica protección, seguridad, confianza y una buena dosis de placer. En el hogar nos espera la compasión y la ternura de la comida calentita, el abrazo de mamá, los mates con papá y las conversaciones entre hermanos. Pero no todos los hogares representan la calidez idílica de los cuentos de Andersen, también los hay más lúgubres, abusivos y menos deseados. A veces, lo que aparece no es nostalgia sino una herida emocional o, como dirían los griegos, un “trauma”.

El Nuevo Cine Argentino de los 90 se caracterizó por presentar un contacto renovado y abierto con la contemporaneidad social del país, atravesado por los cambios del contexto político neoliberal. Se narraba el presente mientras estaba sucediendo. En la gran mayoría de las películas, como lo señaló Gonzalo Aguilar, las figuras paternas estaban ausentes y los hijos presentaban una movilidad sedentaria o nómade, es decir, intentaban huir de sus hogares o no les quedaba más remedio que permanecer en ellos. Al igual que en el cine slacker norteamericano de los 90 –Larry Clark, Richard Linklater, Gus van Sant, Harmony Korine, etc. –, los jóvenes deambulaban por las calles de un barrio, se juntaban en un bar a tomar cerveza, encendían un cigarrillo, alquilaban VHS, consumían música, ropa, cómics y no hacían absolutamente nada más que rehuir del seno familiar. El síndrome del “nadismo” incomodó, por aquellos tiempos, a más de un crítico. Las razones se deben a que los marginados de esas sociedades neoliberales eran los jóvenes. Estigmatizados por no haber finalizado sus estudios secundarios, no haber ingresado en la universidad o ser víctimas del desempleo y la crisis económica, los jóvenes devienen seres abyectos. Son monstruos ya que al no hacer nada y no cumplir una función social útil son desplazados de cualquier lazo comunitario. Por eso, en casi todas estas películas, son perseguidos por la policía o acechados por un vecino.

Esta breve introducción es menester porque, en los últimos días, se ha viralizado la calificación “nostálgica” para referirse a En los 90, ópera prima del actor Jonah Hill. La película transcurre en un barrio, en los suburbios de Los Ángeles –emulando al Seattle, Portland del slacker de los 90 –, y se centra en la historia de Stevie (Sunny Suljic), un niño de trece años que no tiene grandes aspiraciones en la vida y es víctima de violencia familiar –sí, digámoslo con propiedad, las golpizas que le suministra su hermano mayor no son ejemplificadoras–. Iracundo y sin poder tolerar la situación abusiva que experimenta en su rutina diaria, Stevie tomará una serie de decisiones: arrancará de las paredes de su habitación los afiches de Las tortugas ninjas, empezará a escuchar bandas de rock alternativas y entablará un vínculo fraternal con una pandilla de adolescentes skaters. En los 90 es un coming-of-age sólido que tematiza el pasaje de la niñez a la adolescencia en un contexto de violencia, desempleo y desamparo estatal. ¿Cómo puede ser nostálgico de un hogar expulsivo que ni siquiera es habitado por figuras paternas?

En las últimas décadas, nos hemos acostumbrado como espectadores a ser cómplices del juego inagotable de las referencias pop. En las series como Stranger Things o en largometrajes como Los guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) o Capitana Marvel (Anna Boden y Ryan Fleck, 2019) se hace un uso efectivo de la retromanía para enternecer al consumidor. La adicción del cine al pasado expresada en referencias musicales, cinematográficas, televisivas o publicitarias busca el gatillo de la nostalgia para acrecentar el número de ventas. La idea de que “todo pasado fue mejor” podrá ser ingenua, pero oportuna cuando el tiempo presente es convulsivo. Hurguemos un poco en las aguasdel cine británico. En 2006, Shane Meadows estrena This is England, película que narra el rito de pasaje a la adolescencia de un niño de doce años en una Inglaterra industrial, marcada por la crisis económica y la Guerra de Malvinas. El niño encuentra valores afectivos, éticos y morales en un grupo de la subcultura skinhead. Las canciones de The Smiths y la indumentaria pomposa de los 80 se exhiben como rasgo característico de una época, sin la necesidad de generar empatía.

En los 90 comparte más de un rasgo y una escena con la This is England de Meadows. En ambas, los preadolescentes están confundidos no por las hormonas y el despertar sexual, sino por la rigurosa doctrina Thatcher y las exigencias paternas adquiridas por un hermano mayor. Las subculturas skinhead y skater pasan a ser espacios donde se dirime la identidad juvenil. Se tratan de cofradías que promueven valores sociales, protegen a los más pequeños de las adversidades de los suburbios, desafían a las instituciones y se rebelan ante las figuras paternas. El hogar ya no está en casa, sino que se encarna simbólicamente en una pandilla de desclasados. El líder o personaje guía de la banda asumirá el rol de proteger a sus integrantes, entablando vínculos cercanos con homeless y otros marginados sociales para comprender el mundo que les rodea y conocerse a sí mismos. Entonces, si Jonah Hill decidió incluir remeras de Ren & Stimpy y Shane Meadows incorporar la moda skinhead no fue con el objetivo de fomentar la retromanía, sino exhibir los dramas de una época convulsa.

Resulta interesante a su vez la elección estética de Hill de rodar En los 90 en fílmico y con un encuadre 4:3. Tanto la austeridad de la puesta en escena, la paleta amarronada y la imagen cuadrada del vídeo –la película incluye escenas tomadas por una filmadora, acercándose casi al registro documental– recuerdan a las realizaciones del primer Linklater o el primer Soderberg. De haber un homenaje sería a la caracterización de personajes, sus relaciones y descripción del mundo propuestas por el slacker norteamericano de finales de los 80 y principios de los 90. En este género cinematográfico los protagonistas se apropian del devenir de sus recorridos en sitios turísticos fuera de temporada – aspecto que tomará Sean Baker para The Florida Project –, rehuyendo del seno familiar, dedicando su vida al ocio y desafiando las convenciones sociales. En los 90 no apela a la nostalgia de regresar a ese estilo de filmación, ni tampoco es un deseo de Hill de regresar a su infancia –¿de verdad creen que, en caso de ser una historia autobiográfica, le gustaría volver a padecer los golpes de un hermano? –, simplemente es el testimonio de lo que le sucedía a los preadolescentes y jóvenes en la era Clinton: desempleo, homeless, madres solteras y ‘no future’.

¿Qué otras alternativas hay para los jóvenes cuando nadie se acuerda de ellos? Encontrar a una manada de jóvenes, conocerlos, reírse, compartir momentos alegres y escuchar mucha música. La pandilla juvenil como espacio de resistencia frente a las adversidades incontrolables de la humanidad. De Quadrophenia (Franc Roddam, 1979), Rumble Fish (Francis Ford Coppola, 1983), This is England (Shane Meadows, 2006), Awaydays (Pat Holden, 2009) y otras tantas obras aprendió Hill. Definitivamente, de haber un homenaje sería a ese conjunto de películas que registraron las ansiedades de los jóvenes en contextos sociales bélicos y neoliberales. No es nostalgia, es solo una parte de la euforia.

Calificación: 9/10

En los 90 (Mid90s, Estados Unidos, 2018). Guión y Dirección: Jonah Hill. Fotografía: Christopher Blauvelt. Edición: Nick Houy. Música: Trent Reznor, Atticus Ross. Elenco: Sunny Suljic,  Katherine Waterston,  Lucas Hedges,  Alexa Demie,  Na-kel Smith, Olan Prenatt,  Gio Galicia,  Ryder McLaughlin,  Stephane Nicoli,  Kasey Elise, Craig Reed,  Jerrod Carmichael,  Cici Lau. Duración: 84 minutos.