bscap0017_orig2Ver una película con Hideko Takamine ya es suficiente motivo de alegría. La actriz preferida de Naruse es un espectáculo aparte. Sus roles no son nunca los de mujer sumisa o resignada. Su tosudez es proverbial e inteligente. Siempre sabe lo que quiere, y cuando no lo sabe ni se le cruza por la mente disimular. Se distingue por rasgos físicos y gestos particulares (en este caso, sacar la lengua) que no son nunca altisonantes pero tienen un grado de expresividad que le añade visibilidad a su imagen. Aquí además el motivo de alegría es doble porque vemos a Takamine en una película de Ozu, y porque Takamine sigue siendo ella misma. Ozu filma una película en la que el rol activo de la mujer es reivindicado como un signo positivo de la modernidad. La primera pirueta sutil, gradual y fabulosa de Las hermanas Munekata consiste en empezar con el anuncio de la enfermedad terminal de uno de los personajes y desviarse de esa sentencia tanto como del tono sombrío que pudo haberle impuesto ese augurio a la ficción.

La otra parábola va del tradicionalismo defendido en un principio por la protagonista, a la adopción de un progresismo que le permite rechazar un segundo matrimonio deseado durante mucho tiempo para darse la chance de hacer su propia vida. Esa fuga es una fuga del ‘amor verdadero’, del romanticismo como idealización, del absoluto al que tendía Mizoguchi, si se quiere. Y uno es feliz con esa mujer sonriente, serena y dueña de sí misma que al final se va caminando bajo el sol del mediodía junto a su hermana. Esta es Takamine, partenaire de la protagonista, que hace las veces de comentarista lúcida de la acción, criticando el vínculo institucional vacío de sentido así como el lugar común del amor sublimado. Llega incluso a representar su papel usando dos tonos distintos de voz al decir sus parlamentos, alternando entre la practicidad del diálogo cotidiano y la parodia de la retórica literario teatral. Es la representante del espectador y su doble naturaleza, entregado a la ilusión del relato en el que deposita su fe y atento críticamente a la construcción de aquel.