La promesa sobre el genocidio armenio, por Andrés Navaza Liebana

Guerras suceden en todas partes del mundo y muy pocos se enteran. Nadie conoce la verdad, nadie nunca la supo y nadie nunca la sabrá. Esa es la obsesión de Chris (Christian Bale) en La promesa. Él tiene un solo motivo por el cual existir en este mundo: contar la verdad. Es un reportero yanqui que ante las atrocidades sucedidas en el Imperio Otomano en 1915, las matanzas sistemáticas del gobierno turco hacia la población armenia, toma la decisión de mostrar todo lo que ahí sucede. Porque su gran temor es ese, que “nadie nunca lo sabrá”. Y es quizás el gran motivo que lleva consigo esta película extraña que llega a nuestras salas sin mucha promoción y con horarios no muy accesibles. Esta sería una película más que habla sobre la guerra, peor, sobre el amor en la guerra, y peor aun, sobre un triángulo amoroso en la guerra. Todo contado en inglés. De repente todos en este extraño mundo saben hablar inglés. Con sus acentos extranjeros, por supuesto. Eso lo hace todavía más extraño. Todos los turcos, armenios, franceses y alemanes que aparecen en esta producción internacional, eligen como lengua el inglés. Y es que hay que destacarlo, esto termina siendo ridículo. Pero bueno, se ve que es más fácil tirar todo el realismo al tacho y hacer que actores armenios hablen en inglés, antes que un yanqui lea un subtítulo desde la butaca de su cine.

Por estas cuestiones, La promesa, del director Terry George, sería una película más, que pasaría desapercibida sin dejar rastro. Pero justamente, es contra ese desconocimiento que la película lucha. A La promesa hay que dedicarle más atención de la que acostumbramos, un poco más que la de relojear la historia, o criticar la fotografía; o hablar de lo poco que se nota la presencia del director, o de aquel inglés dominador y totalitario que llena nuestros cerebros.

Si nos quedamos en la superficie es una película sobre el amor en la guerra, pero La promesa no trata sobre una guerra, sino sobre un genocidio. Hemos visto varias películas sobre esa misma temática, pero esta es sobre el genocidio armenio. Un genocidio que aún hoy lucha por ser reconocido mundialmente. Tras haber pasado más de un siglo, los Estados Unidos no lo han reconocido oficialmente como tal, sino como una consecuencia de la guerra civil que sucedió en el antiguo Imperio Otomano.

La película ya lleva en su interior algo interesante. Si pensamos que ha sido producida en los Estados Unidos, ¿cómo puede ser que el país no haya reconocido algo que la película deja tan en claro? Si miramos con más atención, la productora es Survival Pictures, y fue creada no hace muchos años por un difunto multimillonario, Kirk Kerkorian, un yanqui de ascendencia armenia. Además todo lo recaudado por esta producción de 100 millones de dólares será donado a distintas organizaciones caritativas. Le dará a todo esto un redondeo aún más jugoso el hecho de que meses antes de su estreno, exactamente el 10 de marzo, se estrenó la película El teniente Otomano, una producción Turca-Estadounidense sobre el mismo tema. Este film no hace otra cosa que retratar los hechos como una guerra civil dentro del Imperio Otomano eludiendo por completo la idea del genocidio.

Notamos una vez más como el motivo de vida de Chris, aquel periodista yanqui, se vuelve el motivo de la película misma: “Que el mundo sepa”. Cobran entonces mucho más valor las participaciones de actores destacados como Jean Reno o James Cromwell con sus pequeños cameos, y el destacado trabajo de Christian Bale que uno supone que aparecerá unos minutos para que el film gane butacas, pero está, lucha y hasta se ensucia. Podríamos decir entonces que más que sumarse a una producción, estos actores se han sumado a una causa política.

Al investigar un poco más a nuestro inadvertido Terry George, se encuentran algunos datos que le dan sentido a la película: en años anteriores, sin destacarse mucho, Terry ha sido el guionista de En el nombre del padre (1993) y el director de En el nombre del hijo (1996). Ambas producciones de su país natal, Irlanda. Y ambas dos, películas con contenido político. Más adelante se pondría al frente de Hotel Rwanda (2004), que trata el genocidio en Ruanda sufrido por el pueblo Tutsi en 1994. Tenemos entonces a un director de una significante carrera en defensa de los derechos humanos dentro del cine y con el cine como medio.

Después de esta pequeña investigación, se valora de otra forma lo que vemos en La promesa. Es ahora cuando valoramos el hecho de que Chris, el yanqui, no sea el protagonista de la historia. Y que todo esté contado bajo la mirada de un pueblerino armenio. Hay una historia de amor, es cierto, pero ella cuenta cómo dos armenios se gustan por sus coincidencias, por sus costumbres, por esa cultura que les es propia. Cosas que el tercero en discordia, nuestro querido Chris, nunca podrá alcanzar y ni siquiera comprender. Ante la matanza, nuestro yanqui, como extranjero que es, se limita a observar y a ayudar en lo que sea posible, pero no hace de esa su propia lucha, su propia guerra. Este yanqui no se adueña absolutamente de nada, ni siquiera de la chica. Es este un yanqui ejemplar.

Cobra también sentido su título, cuando uno se entera que existe una campaña ahí, en Estados Unidos, que se conoce como #KeepThePromise (“mantengan la promesa”), que surge luego de que Obama no haya cumplido su promesa de reconocer el genocidio armenio.

La promesa es una película que no camina alineada como el resto, sino que transita en diagonal, molestando y chocando a las demás producciones hollywoodenses. La promesa resultó ser, luego de una mirada más atenta, una película política.

La promesa (The Promise, EUA/España, 2016), de Terry George, c/Oscar Isaac, Charlotte Le Bon, Christian Bale, Jean reno, Daniel Giménez Cacho, 133′.

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