La semilla entre la muerte y la vida: Cactus Orquídea, por Constanza Grela

Cactus orquídea ya es prácticamente un clásico de la cartelera del teatro independiente; desde el año 2013 en cartel, resulta una cita obligada para el amante de teatro.

La obra es dirigida y escrita por Cecilia Meijide, y es el resultado del trabajo colectivo del grupo de investigadores teatrales El Ensamble Orgánico. Saltan a la vista las principales preocupaciones de grupo: la reflexión sobre los problemas de la representación en el teatro y la integración de las diferentes artes -plástica, cine, video, música- con la tecnología.

La historia es muy sencilla: un hombre pierde a su mujer y, gracias a los azares de la vida, conoce a una muchacha, amante de la botánica, que recibió como obsequio unas semillas indias –mágicas- que prometen al florecer el regreso del ser amado. La narración se despliega a través del sutil tejido de cinco historias que se entrelazan progresivamente. Los cinco actores (Nacho Bozzolo, Nacho Ciatti, Laila Duschatzky, Maria Estanciero, Gastón Filgueira Oria) intervienen con múltiples personajes. Las historias mínimas e individuales de cada personaje van pasando de boca en boca, afirmando cada una un lugar fundamental en la producción de sentido, manipulando los detalles de tal manera que es imposible prescindir de cualquiera de ellos. En Cactus Orquídea los actores mutan de personaje constantemente, cada uno encarna a un protagonista y a muchos secundarios. Además, los propios actores/personajes ofician como tramoyistas de la escena, todo esto sucede frente a la mirada del espectador. Con este procedimiento se revela el artificio y se opera una ruptura con el mundo mágico de la ficción: es esa ruptura, justamente, la que hace que la obra se convierta en una historia real y verdadera.

Hay, además, una innovadora utilización del dispositivo escenográfico y de los objetos en escena. El espacio está creado a través de convenciones mínimas, conformado por materiales simples (maderas y metales lisos),  despojado de cualquier relleno o sobrecarga. Dentro de la obra se construye una serie de acuerdos o pactos con el espectador, mediante los cuales quien mira, inmerso totalmente en la atmosfera mágica, acepta toda propuesta. Los actores nos anuncian dónde se encuentran y las características de ese espacio, mientras que solo vemos en escena una plataforma de madera que va cambiando de forma según las demandas de espacios. Esto es un reflejo más de la economía de la puesta en escena, en la que lo central está en las relaciones que despliegan los personajes y en un texto repleto de exquisitos detalles.

La obra propone la develación del artificio, la ruptura del mundo ficcional y la transparencia en los mecanismos y dispositivos de la maquinaria teatral. En escena está constantemente la reflexión acerca de las zonas difusas y liminales entre el mundo real y el ficcional; entre lo público y lo privado; entre la muerte y la vida.

Se suceden unas tras otras escenas en las visitamos los lugares más profundos y oscuros del hombre, la soledad, la melancolía, la opresión, la desigualdad. Todo se desarrolla en un ambiente de intimidad en el que la música es tenue al igual que la iluminación, y esta combinación genera un momento de misterio que nos atrapa por completo. En contraposición a estos momentos solemnes, también vemos escenas de vitalidad y potencia, como la realización de un “video clip” en vivo. No importa si la escena es más o menos excitante, la contundencia del relato y la historia nunca se diluye.

Nada en la obra puede pensarse de manera aislada ya que todo conforma una perfecta maquinaria en la que cada engranaje se amalgama perfectamente con los demás y está al servicio de generar un relato único. Gracias a la elementalidad de los procedimientos y el despojo de ambiciones innecesarias, la obra rescata lo elemental del mundo. El resultado es categórico: llega al espectador una historia simple y a la vez compleja, que revela la vida íntima y privada de los hombres.

Cactus Orquídea, de Cecilia Meijide.

Dirección: Cecilia Meijide.

Actúan: Lucas Avigliano, Nacho Bozzolo, Nacho Ciatti, Laila Duschatzky, María Estanciero, Gaston Filgueira Oria.

En el Centro Cultural 25 de Mayo – Av. Triunvirato 4444.

Los sábados a las 21 hs.

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