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La tercera orilla arranca con la voz en off de un grupo de chicos que están jugando a algún juego de mesa, mientras se suceden las secuencias de títulos (con un imponente «Martin Scorsese presenta»). Cuando finalmente las imágenes aparecen en pantalla, descubrimos que los chicos están jugando al Ludo Matic. Enseguida nos damos cuenta de dos cosas: que la historia será narrada bajo la óptica de Nicolás (uno de los chicos que estaba jugando) y  también descubrimos que, en realidad, él no es un chico, sino un adolescente. Sin embargo, se comporta de manera muy natural mientras juega al Ludo Matic, acaso porque el límite entre la niñez y la adolescencia no es tan claro. Y en ese pequeño detalle, se comprime gran parte de la tragedia de toda la película por venir.

Nilda (Gaby Ferrero) es la madre de Nicolás (Alián Devetac), Andrea (también adolescente) y el pequeño Esteban (Tomás Omacini). Jorge (Daniel Veronese) es un renombrado doctor en la clínica del pueblo y es la pareja de Nilda. Jorge es el padre de Lautaro (Dylan Agostini Vandenbosch), que Nicolás cuida como a su propio hermano. Sin embargo, no conviven como familia. La situación, en realidad, no se aclara.

Por lo demás, Nicolás es un muchacho común, algo retraído, un tanto silencioso. Sin embargo, no luce muy diferente del resto de sus amigos y compañeros de Escuela. Se divierte practicando puntería junto a sus amigos, mientras le tiran piedras a botellas vacías: va a bailar a los boliches, se emborracha, se pelea. Andrea (Irina Wetzel), está por cumplir 15. Se trata de un acontecimiento importante, que la llena de expectación.

A través de la mediación de Jorge, Nicolás consigue hacer unas pasantías en el laboratorio. Se trata de un trabajo de rutina, con el que puede ir abriéndose camino de a poco.

Hasta aquí, la película parece forzosamente simple, al igual que los personajes. Sin embargo, iremos descubriendo que ni los personajes ni la historia son, en realidad, tan simples. Hay un momento en el que Nicolás se zambulle en la piscina mientras llueve. Una escena que no aporta nada al desarrollo de la trama. Sin embargo, es un momento muy bello en el que, con algo de suerte, nos damos cuenta que la psique de Nicolás no es tan unidireccional como suponíamos. A partir de esta escena nos damos cuenta que la complejidad del personaje (que es, también, la complejidad de la película) aparece sugerida. No es evidente, pero es persistente. Hay que estar atentos. Las huellas de su rastro modifican lo que vemos. Modifican la información que vamos recibiendo desde la pantalla.

Hay algo inquietante en la relación entre Jorge y Nicolás. Todo transcurre con absoluta familiaridad. Sin embargo, hay indicios de que la relación entre ellos no es ideal. A medida que transcurre la película, estos detalles se van haciendo más y más evidentes, hasta alcanzar cierto clímax.

La-tercera-olilla-pelicula-500Lo cierto es que Jorge quiere conectar con Nicolás y hace lo que está en sus manos y, aunque a veces parece que consiguen congeniar, no lo hacen.

Sin proponérselo especialmente, los personajes acaban disolviéndose en sus roles simbólicos. Jorge ocupa el lugar del Padre (no en un sentido biológico, sino metafórico), es quien tiene las armas, el que enseña a cazar, el Proveedor. Nicolás debería seguir sus pasos. Es el Estudiante, el que se inicia, a través de ciertos ritos, en la adultez. Sin embargo, en un momento y otro, se evidencia que, acaso, Nicolás no esté a la altura de las circunstancias.

Contar el resto sería arruinar la trama. Basta decir que, pese a poner de relieve, en más de una ocasión, cierta hipocresía que caracteriza el orden aparentemente normal de la organización social, la visión de la directora no es punitiva, no juzga. Jorge pone una responsabilidad demasiado grande sobre los hombros de Nicolás. Una responsabilidad que Nicolás no quiere o no puede asumir. Lo que sucede entonces (la resolución de los acontecimientos) es brillante.

Luego, toda la película debe ser re-examinada. Re-interpretada. Puede que Nicolás, simplemente, haya fracasado. Pero también puede ser que haya encontrado su propia identidad y que rechazar los privilegios que el azar dispuso, sea su manera de afirmarse como individuo.

Es el espectador el que debe decidir si, finalmente, Nicolás actuó bien o mal. O, incluso, si estuvo más allá del bien y del mal y actuó como mejor le salió, como mejor pudo. Y cuando uno piensa en ello, se da cuenta que no es tan fácil responder a esa pregunta.

Aquí pueden leer un texto de Marcos Rodríguez sobre esta película.

La tercera orilla (Argentina, 2014), de Celina Murga, c/ Alián Devetac, Daniel Veronese, Gaby Ferrero, Irina Wetzel, Dylan Agostini Vandenbosch, Tomás Omacini, 92’.