La unión hace la fuerza: Sense8, por Constanza Grela

Este año llegó a Netflix la última temporada de la primera serie creada por las hermanas Wachowski, convertida casi inmediatamente en serie de culto. Parece que las hermanas tienen cierta habilidad para generar contenidos que entran en el ojo del espectador para marcarlo definitivamente. Esto ya había sucedido con la trilogía Matrix, que se consolidó como uno de los máximos exponentes de la ciencia ficción, conjugando filosofía clásica con inteligencia artificial y universos futuristas. Al igual que en Matrix, las hermanas se ponen al hombro la creación, el guion, la dirección y parte de la producción, y es por esto que el resultado les es muy propio. Además, en esta oportunidad contaron con la colaboración del experto en sci-fi J. Michael Straczynski, creador de la emblemática serie televisiva Babylon 5, que aquí participó de la creación, escritura y dirección de varios episodios.

Vale aclarar que la historia se presenta desde el principio algo caótica y enmarañada. El origen del cluster de ocho personajes que componen la trama es el suicidio de Angélica (Daryl Hannah), madre espiritual del clan. Dicha muerte significa el alumbramiento del grupo: a partir de ese momento ocho personas diseminadas en diferentes latitudes del mundo se conectan sensorialmente para siempre. Nomi (Jamie Clayton) es de San Francisco, transexual, hacker y activista; Lito (Miguel Ángel Silvestre) es mexicano, gay en el clóset y actor de películas de acción; Will (Brian J. Smith) es un policía de Chicago; Wolfgang (Max Rimelt) es berlinés y ladrón; Riley (Tuppence Middleton) es una atormentada DJ islandesa; Sun (Doona Bae) es una importante empresaria de Seúl y también luchadora de kick boxing; Kala (Tina Desai) es de Bombay, bioquímica e hinduista; y Capheus o Van Damme (Aml Ameen/Toby Onwumere) es un humilde conductor de minibús de Nairobi. Cada uno de ellos es, en cierta medida, opuesto y a la vez complementario del resto. A priori se podría decir que la conexión que los liga es telepática, sin embargo la cuestión es mucho más compleja. Los Sense8 son una variante del homo sapiens -el homo sensorium– lo que implica que son seres conectados por sus sentidos que pueden ver, escuchar, oler, experimentar lo mismo que los otros de su clan. Hermanos de una misma madre, nacidos en distintas partes del mundo, cada uno de ellos es engranaje de una gran maquinaria, en la que resultan imprescindibles para el funcionamiento de la trama.

El punto que conecta a los ocho personajes es la marginalidad, todos son integrantes de minorías, desplazados que viven la vida con sus propias normas: gays, transexuales, ladrones, pobres, abusados, perturbados, devotos, etc. Son ante todo “diferentes”, sujetos distanciados de los cánones que la sociedad contemporánea espera, la respuesta de este mundo de mierda será discriminarlos, perseguirlos e intentar reformarlos. Queda al desnudo la falta absoluta de empatía que define a gran parte de la humanidad. Frente a este contexto, las Wachowski imprimen su forma de ver, creando un universo donde lo que prima es la idea de una humanidad libre, sin límites, donde las barreras que hoy dividen al mundo -la religión, la política, la sexualidad y las clases sociales- son eliminadas. Parece que las creadoras tuvieron la necesidad de fundar una nueva definición del ser humano -forzar un salto evolutivo- para alcanzar lo que realmente esperan de la sociedad. Los seres humanos nos matamos, nos discriminamos, nos excluimos pero los Sense8 parecen no tener restricciones. La empatía es el motor y el sentimiento que une al grupo ante todas las diferencias. Ponerse en el lugar del otro, sentir lo que siente el otro, muchas veces resulta una tarea muy complicada para los seres comunes y corrientes.

Estamos frente a una idea original que cobra forma en una arquitectura extraordinaria: cada trozo de historia se sintoniza a la perfección con el resto. La serie avanza de manera veloz, pero a la vez pausada, sin perder nunca la intensidad. La narración se toma el tiempo necesario para mostrar detalles y nimiedades que construyen cada personalidad. Las ideas de diversidad y aceptación son las fuerzas que dan impulso a la historia, en igual medida se encuentra latente una idealización del amor, que repite casi como mantra “juntos es mejor, juntos todo es posible”. Cada uno de los ocho personajes tiene conflictos muy profundos que abarcan desde problemas identitarios, fantasmas del pasado, abusos y excesos los cuales se irán desarrollando a medida que avanza la narración. Como parte de una gran familia, cada integrante del cluster necesita el apoyo del resto del clan para salir a flote. La trama está repleta de pruebas a superar: disputas, combates y batallas épicas. Obviamente para que la intriga funcione a la perfección es necesario contar con una fuerza que dinamite la estabilidad del grupo, ese “otro” es la Organización de Preservación Biológica (OPB), encabezada por el malísimo Whispers (Terrence Mann), un sense8 que se enfrenta a su propia especie para someterla.

A la hora de seleccionar los actores y pensar la ambientación de la serie, sin duda el equipo creativo tuvo en mente la idea de generar una sensación de autenticidad. Los  personajes son carismáticos y las actuaciones correctas; se nota que han sido elegidos con cuidado, teniendo en mente el desempeño individual, pero también la conexión con el resto del grupo. En la mayoría de los casos, el personaje está representado por un actor que posee su misma nacionalidad. Lo mismo sucede con la elección de las locaciones, que son muchísimas: la serie se filmó en los cinco continentes en más de diez países y ciudades. Como premisa, se propuso que no haya utilización de cromas o efectos especiales a la hora de mostrar las diferentes naciones. En consecuencia, se rodó en cada rincón del mundo que se ve en pantalla. Esto da un efecto de realidad notable: la ambientación natural y el trabajo de actores locales hace que realmente uno se sumerja en esa materialidad. Lo mismo sucede con las escenas dentro de aviones, que se realizaron en pleno vuelo, o las tomas del desfile del Orgullo Gay en San Francisco que se grabaron en vivo, el día del evento, con los personajes mezclándose entre la multitud. Y la enumeración podría seguir.

Cada episodio cuenta con un notable trabajo de montaje: los personajes trasmutan de uno en otro constantemente, lo que se realizó sin extras, ni sofisticados efectos especiales. En contraposición, se dispuso un exhaustivo trabajo de destreza física y coreográfica de los actores involucrados en cada escena.

Sense8 tiene mística, genera fanatismo y apasiona a su audiencia. Esto quedó claro, cuando luego de los 23 episodios que conforman las primeras dos temporadas, Netflix canceló la serie alegando elevados costos de producción. Los fans de todo el mundo hicieron oír sus quejas y el monopolio tuvo dar el brazo a torcer, concediendo unos últimos 150 minutos para atar todos los cabos sueltos. Según Lana Wachowski, ese es un ejemplo más de esa idea que sobrevuela toda la serie: “juntos es posible”. Ese último capítulo, que está explícitamente dedicado a los fans, se llama Amor Vincit Omnia (el amor todo lo vence), así como no hay personaje que no se sume a este fin de fiesta apoteótico, el espectador también es convidado a celebrarla diversidad, el amor y la unión.

Sense8 (Estados Unidos, 2015-2018). Creadores: Lana Wachowski, Lilly Wachowski, J. Michael Straczynski. Elenco: Doona Bae, Jamie Clayton, Tuppence Middleton, Tina Desai, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Aml Ameen, Toby Onwumere, Daryl Hannah, Naveen Andrews. Duración: 60 minutos. Disponible en Netflix.

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