La valija de Benavidez, arte, locura y capitalismo: una charla con Lisandro Bera, por Gabriela López Zubiría

A poco menos de una hora del estreno de La valija de Benavidez nos reunimos con Lisandro Bera quién, en la mejor tradición del cine independiente, tuvo a su cargo varios roles en el proceso de realización de la película. Lisandro es productor, guionista (junto con la directora Laura Casabé), asistente de dirección y director de actores. Esta condición de multifunción nos permitió conversar con él sobre varios aspectos de la experiencia de “hacer una película con plata” y esto fue lo que nos contó:

Gabriela López Zubiría: ¿Cuánto costó hacer La valija de Benavidez?

Lisandro Bera: Unos dos millones de pesos.

GLZ: ¿Y cómo se financió?

LB: La principal financiación fue el subsidio del INCAA, el crédito del INCAA, y con eso casi hicimos toda la película. Tuvimos una ayuda de un productor mexicano, Pablo Guisa (Mórbido Films), que llegó en el momento justo, en pleno rodaje cuando necesitábamos ese dinero que haga la diferencia. Así que llegó de México la coproducción que veníamos remando desde hacía tiempo. Conocimos a este productor unos tres años antes de filmar en Ventana Sur y ahí fuimos estableciendo una relación hasta que, finalmente, llegó el día que lo necesitábamos con U$S 3.000, para salvarnos la jornada de rodaje. También tuvimos mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires.

Lisandro, a pesar de ser muy joven, tiene una trayectoria en teatro y en muchos de esos proyectos ha trabajado con Laura Casabé, inclusive han incursionado juntos en cine con el cortometraje de 2010, La vuelta del malón. Ese mismo año Laura Casabé estrenó El hada buena (una fábula peronista), su primer cortometraje.

GLZ: La diferencia con La valija de Benavidez es que esta es su primera experiencia en cine con crédito oficial…

LB: Así es, ella tiene más experiencia, yo vengo del teatro. Veníamos haciendo cortos independientes, con camarita al hombro… sabemos cómo es… Pero esta es nuestra primera experiencia con dinero, digamos… Laura viene de El hada buena, un proyecto 100% independiente. Para que te des una idea el rodaje de esa película duró 6 años y lo filmaron con financiación propia.

GLZ: Me comentabas que arrancaron con el proyecto de La valija de Benavidez en 2010…

LB: En 2010 empezamos a escribir el guion.

GLZ: Adaptando en cuento La valija de Benavidez de Samanta Schweblin (del libro El Núcleo del Disturbio).

LB: Exactamente, el cuento es de Samanta Schweblin, autora maravillosa a la que Laura (Casabé) conocía porque habían cursado juntas un taller de literatura.

GLZ: ¿Cómo llegan a ese cuento, puntualmente?

LB: Un día el gato de Laura tiró de la biblioteca el libro donde estaba ese cuento y nosotros estábamos trabajando en la preproducción de La vuelta del malón, con tantos quilombos que queríamos empezar con otra cosa. Y fue ahí que Laura me comentó que estaba este cuento que le había gustado mucho y a ver que me parecía… Lo leí y me fascinó. Samanta es una autora increíble y ahí empezamos a escribir el largo. Inmediatamente decidimos que fuera un largo pese a que era un cuento corto. Lo que quedó del cuento, el principio y el final de la película, es el cuento; el resto, todo el medio, es la película, somos nosotros.

Estuvimos cinco años escribiendo el guion entre una y otra versión. Yo estuve en el Festival de Cine de Bolivia, en el Bolivia Lab con este guion y estuvo bueno porque ahí había tutores, guionistas extranjeros que nos dieron una mano. Seleccionaron el proyecto y estuve internado en esa clínica una semana, trabajando el guion de Benavidez sin Laura porque ella estaba de viaje.

GLZ: Entonces podemos pensar que después de cinco años de trabajar el guion está todo muy pensado…

LB: Mirá… ¡Qué sé yo!… Lo que te puedo decir, mi experiencia, es que cuando uno escribe algo y lo deja descansar dos meses, al retomarlo te parece que eso ya te queda viejo. Uno crece, las épocas cambian, el contexto cambia… Uno ya no es el mismo que hace un año… En procesos tan largos uno se encuentra con un material que dos años después ya no habrías escrito. De hecho, cuando nos pusimos a filmar, pensamos que no escribiríamos este guion hoy, cinco años después. Entonces, todo el tiempo pensamos infinitas correcciones, porque los dos somos bastante obsesivos. Todas las versiones, nunca es la última… Terminé de corregir el guion con el plan de rodaje en la mano, como soy asistente de dirección dije: esto no entra. La última versión del guion estuvo lista un mes antes de empezar a filmar, con la suerte de que tanto la directora como el asistente de dirección somos también los guionistas: eso nos permitía hacer y deshacer sin involucrar a nadie más. Sin que nadie nos esté puteando o sufra hasta el último minuto… Sin que nadie se entere, porque iba y venía rebotando entre nosotros… eso estuvo lindo pero, sí, todo el tiempo estamos reescribiendo los guiones.

GLZ: ¿Alguna referencia a la hora de pensar la película?

LB: Te vas a reír pero una de las primeras referencias que usamos para el guion fue la estructura de Laberinto (Jim Henson, 1986) y en lo estético algo que Laura ya había manifestado en El hada buena que es el universo de los directores Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos).

GLZ: Hablemos de la película… Cuando la vi me quedé con la sensación de que no termina de encontrar su tono, el tono del relato, algunos personajes juegan pero otros van muy en serio… no termina de apostar a la sátira y ahí, como espectador, te distancia. Vos, ¿qué crítica le harías a la película?

LB: Sí, esa es una. Es una convivencia de varios tonos, es difícil, casi imposible, encasillarla en un tono. A eso que vos viste nosotros le dimos un montón de vueltas y nos dimos cuenta que queríamos trabajar a todos los personajes; fue sucediendo naturalmente a lo largo del proceso. Primero apareció un tono, el thriller, luego la comedia negra, y todo se iba sumando, elementos del terror… a la hora del montaje se intensificó el thriller porque había que sostener el ritmo y había que lograr que la película llegue hasta el final como tenía que llegar… ¿Qué crítica le haría a la película?… (piensa) yo, además, he codirigido actores… hay toda una galería de personajes secundarios que están dentro de la película que, quizás, están un poco corridos para mi gusto. Cada vez que los veo siento que hay algunos personajes, no los actores principales…

GLZ: Claro, pero la apuesta es alta, ustedes eligen poner el peso del relato en el cuarteto protagónico (Norma Aleandro, Jorge Marrale, Guillermo Pfening y Paula Brasca), a mí, en lo personal, me queda la sensación de que todos juegan menos el protagonista. Marrale entra en una vorágine de locura, Norma Aleandro acompaña con mucha clase y Benavidez, no, todo el tiempo sufre sin divertirse… Y el resultado es que, al estar en el medio (¿el centro?) de la película, como espectador te distancia, te saca del cuento…

LB: Coincido con tu mirada, pero hago también el mea culpa que nos toca: creo que el guion hace un poco de agua y que el espectador no empatiza con el protagonista. Nosotros planteamos un conflicto, una historia, el problema de un personaje que lo laburamos un montón, le dimos mil vueltas y aún así termino de ver la película y siento que el problema que tiene el personaje no le importa a nadie… Que ni siquiera es lo suficientemente sustancioso como para justificar todo el universo que gira alrededor de ese problema. Siento que tiene un problema de pequeño burgués, niño mimado, que ni siquiera es tan grave y la película agranda algo que, en su germen, es demasiado chico. El resultado es que, finalmente, el espectador no se mete tanto en los zapatos del protagonista como me gustaría…

GLZ: También es cierto que la película retrata un universo que es el de los marchands, la clínica de producción artística, el mercado del arte, que es un universo que la mayoría de los mortales solo imaginamos. Entonces, todo lo que se cuenta, más allá de la sátira, nos aparece como esencialmente verídico… Y lo que refuerza el verosímil y la distancia de lo cotidiano es la utilización de los espacios, en especial ese maravilloso edificio de estilo en el que transcurre la película.

LB: Encontrar esa locación nos costó muchísimo, la buscamos mucho. Sabés que nosotros recorrimos el mundillo del arte y te sorprenderías de lo naturalista que podría quedar la película en relación a los personajes con que te encontrás, por ejemplo, en las galerías de arte. De hecho en las primeras versiones del guion los personajes eran directamente surrealistas y, con el tiempo, fuimos evolucionando como autores y bajando un poco el tono. Cuando estábamos cercanos al rodaje empezamos a recorrer galerías de arte, a ver vernissages, a ser testigos de ese mundo que estábamos contando, y nos sorprendimos. No tiene techo. Nuestros personajes originales podían ser perfectamente verosímiles en ese contexto porque hay de todo en el mundo del arte…

GLZ: Otra cosa notable es el uso del lenguaje se habla de cifras de producción y de productos, es el mercado en su máxima expresión y “La Residencia” me remite casi a un sistema de esclavitud…

LB: No pensamos en esclavitud, sino más bien en explotación, después lo fuimos lavando un poco en busca del verosímil, pero sí, si me preguntás qué temas toca la película, son tres grandes ejes: arte, locura y capitalismo. El mundo del arte, la locura en relación a las expectativas personales a la propia catarsis y el capitalismo expresado en la circulación de las obras en el mercado del arte que se maneja con la misma dinámica que el mercado financiero.

GLZ: Yo me quedo con la sensación de que la historia de Benavidez es lo que te permite hablar de todo lo demás…

LB: Exactamente.

GLZ: Y me parece, además, una película moral por oposición…

LB: ¿Cómo sería eso?

GLZ: Claro, si pensamos en el cuarteto protagónico, solo Benavidez conserva cierto comportamiento moral hasta que, finalmente, se entrega. El resto son personajes absolutamente amorales…

LB: No se salva ninguno… A nadie le importa nadie. Eso está buscado, a eso le dimos muchas vueltas. De hecho redimir a Benavidez fue una discusión que tuvimos con Laura (Casabé)…

GLZ: Finalmente Benavidez no se redime…

LB: Claro, el final lo debatimos. Después de ver El cisne negro (Darren Aronofsky, 2010), nos inspiró y ahí nos dimos cuenta cuál era el final de la película. Benavidez cae directamente preso de su ambición. Como todos los demás, incluso los personajes que son víctimas. No hay nadie que sea buena persona, no hay nadie que se salve en esta galería de personajes que son todos malvados. De hecho, si querés, el más noble es el villano (Jorge Marrale), es el más loco y lunático pero en términos morales es el más contenedor y el más coherente con su línea de pensamiento y de acción. Pero todo eso fue buscado. Nos dimos cuenta de que teníamos un abanico de personajes donde todos dejaban mucho que desear y, entonces, profundizamos por ahí. No fue a priori pero, cuando nos dimos cuenta, dijimos sí, vamos por acá. No salvemos a ninguno.

GLZ: ¿Por qué merecerían ser salvados?

LB: Claro, ninguno lo merece y, a nuestro modo de ver, se volvía más interesante la conclusión si el personaje iba por más luego del final que si se arrepentía de sus propios actos.

GLZ: Aún sabiendo que la apuesta al thriller con la que abren y cierran el relato lo vuelve un episodio previsible.

LB: Si.

GLZ: Cuando hablabas del tiempo transcurrido entre la escritura y el rodaje, hay un gran protagonismo de la tecnología y, probablemente, hace seis años la relación con el recurso no era la misma…

LB: No te creas, lo pudimos hacer, en realidad. ¿Nuestra relación o la relación del guion con la tecnología? El guion siempre tuvo esa relación con la tecnología.

GLZ: Hablo de las personas, lo pienso en el tiempo y quizás en ese momento aparecía como algo más sci-fi el despliegue de software que hace el psiquiatra.

LB: Sí, en ese entonces era más ciencia ficción de lo que hoy es. Hoy ese software podría ser posible, hace seis años quizás no. Pero el guion siempre tuvo esa relación con la tecnología. Lo que evolucionó fue el mundo en que vivimos que hizo eso que nosotros imaginamos más posible o más al alcance de la mano. Yo siento que si te tengo que sintetizar el proceso de Benavidez fue de la locura a la verosimilitud, y la tecnología pasó también por eso, fuimos sintetizando todo. No solo el tono, los conflictos, sino también los universos, el contexto, la tecnología. Llevando todo a algo que pueda ser posible. Los personajes en un principio eran más grotescos, más caricatura y la tecnología era más un contexto rimbombante y de pronto todo se fue solidificando, fue madurando y ahí la tecnología pasó de ser algo imposible a ser un sistema operativo que no está muy lejos en el tiempo. Una especie de casa inteligente, no mucho más que eso.

GLZ: Benavidez fue a Cannes, se estrenó en el Bafici en abril del año pasado, recorrió cantidad de festivales y, mientras tanto, se fue corriendo la fecha del estreno comercial en Argentina…

LB: Sí, estuvimos todo un año recorriendo festivales con la película y, mientras tanto, nosotros íbamos corriendo la fecha del estreno.

GLZ:¿Fue una decisión de ustedes estrenar en enero?

LB: Sí, influenciada por el cambio de gestión en el INCAA, nos faltaban las últimas cuotas para terminar la película, la posproducción se estiró. Tiene mucha posproducción y lo que creímos que iba a llevar seis meses llevó más de un año. En el 2016 empezó a festivalear y a nosotros eso ya nos satisfizo. El hecho de ver la película y tenerla terminada pero, además, cambió el gobierno nacional y las autoridades del INCAA y eso hizo que todo se retrase un poco más y que, bueno… las últimas cuotas lleguen con el fin de año. Enero resultaba la mejor fecha para estrenarla.

Mientras tanto la película recorrió el mundo. La premiere mundial fue en Bruselas, en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas, luego estuvo en el Bafici, en Cuenca (Ecuador), estuvo en Sitges (España), en Cannes, en La Coruña, en Cinema Zombie Fest de Colombia, estuvo en el Leonardo Favio en Bolívar, en el Festival Rojo Sangre… tuvo un lindo recorrido.

GLZ:¿Qué devoluciones tuvieron del público?

LB: Es muy loco. Depende del Festival , se reciben de una manera u otra a las películas. Creo que fue Lucrecia Martel la que dijo que a La ciénaga en Francia la aclamaron y en España les pareció un bodrio. ¿Cómo imaginar los por qué? Por ejemplo los británicos en Londres amaron Benavidez: Laura estuvo ahí y se proyectó a sala llena, las preguntas del público después de la función, la avidez por indagar sobre el guion, les encantó. En México también, estuvo en el Mórbido Film Fest y ¡nos pedían autógrafos! ¡Teníamos fans! La sala estaba llena y realmente les gustó. Te das cuenta cuando al público le gusta mucho. En Sitges también, aunque a la primera función no fue mucha gente porque hubo un corrimiento de los horarios por la función previa y eso hizo que el público no llegara, pero la segunda estuvo bien. Mirá, en general en el recorrido que hizo la película viene gustando. Hay que ver que pasa acá, en la Argentina.

GLZ: Acá en el Bafici, ¿cómo les fue?

LB: En el Bafici fue la primera proyección en Argentina y, nobleza obliga, la sala estaba llena de amigos, familia y… si a esas personas no le gusta la película… bueno… (risas). Fue muy emotivo para nosotros, pero también fue bueno que el Bafici programe una película de este tipo. En general tiene otro tono…

GLZ: Pero este año hubo varias…

LB: Sí estuvo La valija…, estuvo El eslabón podrido (Valentín Javier Diment, 2015), es cierto. No estuvo en competencia, estuvo en Noches especiales y nosotros ahí acompañamos. Es bueno que cierto cine más estandarizado se abra a nuevas propuestas un poco más lúdicas como puede llegar a ser Benavidez.

GLZ: Es cierto que el terror está de moda pero, salvo honrosas excepciones, la producción nacional mira mucho a lo que se hace en Estados Unidos y no siempre son muy felices los resultados…

LB: Es cierto, al cine argentino todavía le cuesta. Cuando hablo del cine me refiero al público, no a los realizadores que cada vez son más. En lo personal yo, como espectador y como realizador, banco el riesgo. Apostar a otro tono, a geografías que no son la habituales. Celebro una apuesta como Resurrección (Gonzalo Calzada, 2016) o como Benavidez, independientemente de cómo le vaya. Yo celebro cuando un realizador argentino se la juega, apuesta con riesgo como Daniel de la Vega con Ataúd Blanco (2016), más allá delos resultados, ese es otro cantar. Cuando me encuentro con propuestas como las de Javier Diment, Daniel de la Vega, Gonzalo Calzada y muchos otros, lo celebro porque siento que algo está vivo, que late en la comunidad cinematográfica, que la creatividad está ahí empujando por manifestarse. No copiando modelos que funcionan en otro lado o en otros contextos, apostando a nuestra idiosincrasia a nuestra problemática.

GLZ:¿Algo así como jugarse con lo que se tiene a hacer, honestamente, el mejor producto posible?

LB: Exactamente, eso es la profesionalidad. Te puede salir mal pero es preferible que el resultado sea malo con la intención clara o jugada a algo que intenta reproducir una fórmula y que sale mal o incluso cuando sale bien. Es una cuestión de identidad en oposición a un cine que reproduce modelos. Se trata de encontrar el espejo propio, la identidad…

GLZ: Para terminar, ¿qué esperás que pase con La valija de Benavidez?

LB: Que se estrene, que ya está sucediendo. Está en muchas salas. Honestamente, yo vengo del palo del teatro y hago esta comparación: en el teatro cuando estrenás empieza, en el cine cuando estrenás, termina. La filmamos en el 2015, hay una necesidad y unas ganas… Ya estamos escribiendo la tercera versión del guion del próximo proyecto (risas). Ya uno está en otra…

GLZ: Benavidez es una etapa cerrada…

LB: Sí, y eso está bien para los procesos personales, creativos y laborales nuestros y de Horno Producciones. Honestamente espero que a la gente le guste, que la vea la mayor cantidad de gente posible y no mucho más. Si mirás la cantidad de espectadores que lleva el cine argentino es siempre, más o menos, la misma cantidad de personas. Salvo que estén Darín o Francella, entonces, no te voy a mentir… no tengo expectativas de que a la película le vaya bien, con que la gente no la deteste yo estoy hecho. Lo demás es un número, no creo que algo extraordinario pueda llegar a suceder sobre todo porque es una película muy particular en la que convergen diversos tonos sin hacer ancla en ninguno, no es una comedia que le puede gustar a mucha gente. A muchos le gustará y a muchos otros no y somos muy conscientes con Laura de eso, de entrada… Mi deseo que le guste a la mayor cantidad de gente posible y después a trabajar en nuestra segunda película La vuelta del malón, con indios zombies, ambientada en la época inmediatamente posterior a la conquista del desierto…

La valija de Benavidez (Argentina, 2017), de Laura Casabé, c/Norma Aleandro, Jorge Marrale, Guillermo Pfening, Paula Brasca, 80′.

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