Por Nuria Silva

Si con el primerísimo primer plano de unas tetas siliconadas acariciadas por unas manos masculinas, que aparece segundos después del comienzo de la película, no nos damos cuenta de que vamos a estar frente a un pasatiempo somero, es mejor ni siquiera intentar seguir viéndola. Si algo diferencia a Las crónicas del miedo 2 de su antecesora es la conciencia plena del absurdo. Con esto no quiero decir que deberíamos tomarnos en serio la primera entrega de esta nueva saga de ‘terror’, pero comparándolas es evidente que aquella procuraba una atmósfera mucho más densa que esta segunda parte. Si el sexo suele representar peligro, en este caso será, de forma arbitraria, la salvación. “Yo sé cómo hacer que desaparezcan” dice una piba mientras se desnuda frente al ojo/cámara del protagonista con el fin de ahuyentar a los fantasmas que los rodean en Phase I Clinical Trials, de Adam Wingard.
Valiéndose de una estructura idéntica a la de la primera parte (una historia central que nuclea a otras cuatro y atraviesa variados subgéneros del terror), presenta un sentido del humor mucho más consciente, proponiéndose jugar con la cáscara de los géneros hasta llevarlos a límites caricaturescos.  Y lo logra. Esto no la hace ni mejor ni peor, es simplemente más de lo mismo pero con una vueltita (menos) de tuerca.
Quizás haya sido sólo un mambo mío, pero cuando vi Las crónicas del miedo me permití conjeturar que en la película se esbozaba un discurso acerca del rol de cada género (sexual, no cinematográfico) en la sociedad (post)moderna norteamericana. Primero se presentaba a la mujer en el lugar de víctima/objeto, para luego revertir ese orden convirtiéndola en victimaria y literalmente castradora en uno de los casos. En la primera también veíamos tetas por doquier en el comienzo, pero eran cuerpos violentados. En Las crónicas del miedo 2 la mujer vuelve a presentarse como objeto (aunque con su consentimiento), pero sin un alegato sexista, porque el hombre también lo será y lo será todo aquello que los rodee. Esta película es un enorme juguete al que nos tenemos que entregar por el placer mismo, de lo más básico, del morbo y la risa, nada más ni nada menos.


De los directores que filmaron la primera sólo volvemos a contar con la presencia de Adam Wingard (en aquella dirigió el relato principal, Tape 46, además de ser uno de los actores), pero más relevante es la presencia del cubano Eduardo Sánchez, quien en 1999 no crearía sino que reviviría la ficción found footage con El proyecto Blair Witch. Después dirigió un par de películas más de mediano presupuesto (Altered, Seventh Moon y Lovely Molly) y en este caso el segmento A Ride in the Park junto a Gregg Hale, una de zombis filmada desde la subjetiva de una víctima que luego de ser atacado se transforma en uno de ellos. Otro que cuenta con una subjetiva fantástica es Slumber Party Alien Abduction (el título ya lo dice todo), dirigido por Jason Eisener (Hobo with a Shotgun), que es la de una cámara atada al cuerpo de un perrito, por lo que en pantalla siempre están las orejas y parte de la cabeza del animal, además de su manera de observar la situación. Aunque pueden encontrarse algunos errores –por ejemplo, que la ubicación de una cámara no responda a la subjetiva que luego vemos de ella- cierto es que otros detalles están muy bien cuidados. La dirección de la mirada perruna, o el parpadeo casi imperceptible del protagonista del primer relato, que lleva un chip/cámara insertado en uno de sus ojos.
En esta segunda entrega abunda mucho más el gore, y uno de los que se lleva el premio en este y, a decir verdad, varios otros aspectos, es Safe Heaven, de Timo Tjahjanto (que dirigió la morbosísima Macabre, y participó en The ABC’s of Death con » ‘L’ is for Libido», que en el 27° Festival de Mar del Plata hizo que algunos se retiraran de la sala ante su tratamiento de la pedofilia). Contextualizada en el ámbito de una secta, a medida que avanza se va volviendo más descabellada, y lo señalo como uno de sus mejores rasgos, consumándose con un gran remate cómico, entre tierno y escatológico. Es también el que más variedad de morbos ofrece: suicidios en masa con niños incluídos, abortos, la llegada del anticristo y hasta una escena novelesca que es un chiste. Y como sucedía con la anterior, nada del material hallado se justifica, liberándonos de la búsqueda de cualquier verosímil.


Las crónicas del miedo 2 (V/H/S/2, EUA / Canadá / Indonesia, 2013), de Simon Barrett, Jason Eisener, Gareth Evans, Gregg Hale, Eduardo Sánchez, Timo Tjahjanto, Adam Wingard, c/ Lawrence Michael Levine, Adam Wingard, Jay Saunders, Fachry Albar, 96’.