Cuando se es adolescente, las experiencias de un verano que suceden por casualidad, a veces pueden ser la marca de una transformación en lo que hace al crecimiento. Esta es la premisa de la cual parte Una chica fácil (Une fille facile, 2019), cuarto largometraje de la realizadora francesa Rebecca Zlotowski, que responde a las convenciones que permiten situarlo dentro del género del coming of age. Este vínculo con el crecimiento es una de las diferencias que tiene con La coleccionista (Éric Rohmer, 1967), con la cual mantiene una clara relación de influencia en lo que hace a las conversaciones intelectuales que se dan entre los personajes y al tópico de la jovencita liberal en su sexualidad con hombres ricos de los cuales aprovecha su vida de lujo, dure lo que dure. Otra de las diferencias es que la de Rohmer asume claramente un punto de vista masculino, que es el de Adrien. Es precisamente desde esa lógica masculina estructuralmente fetichista, que se califica como coleccionista a Haydée, cuando en realidad encarna una posición femenina que no se amarra al falo a través del amor. En este sentido puede leerse a Una chica fácil, como una versión en clave femenina de La coleccionista.

La película que nos ocupa está narrada desde la voz de Naima (Mina Farid), que es testigo participante de acontecimientos que serán decisivos en su vida y cuyo catalizador es la llegada imprevista de su prima Sofía (Zahia Dehar), quien pasará junto a ella el verano que se abre tras cumplir sus 16 años. En la primera parte, la directora presenta a las primas marcando las diferencias que hay entre ellas. Sofía es una joven de 22 años, que vive en París y que poco tiempo antes de su llegada a Cannes para vacacionar ha perdido a su madre. Ambas jóvenes pertenecen a familias de clase social trabajadora (la madre de Naima trabaja como mucama en un lujoso hotel de la zona), pero Sofía es más independiente y experimentada para moverse en el mundo adulto y en la sexualidad con los hombres. En este aspecto, Sofía refiere no estar interesada en el amor, pero sí en la aventura.

La recién llegada se presenta ante Naima como un espíritu libre, imagen ideal que despierta su fascinación por la desenvoltura con la cual se mueve, con su cuerpo voluptuoso (esculpido a base de cirugías), para seducir a hombres ricos y vivir de los costosos regalos que le realizan. Naima intenta a emular a Sofía: acepta como regalo de cumpleaños una costosa cartera Chanel (igual a la que tiene Sofía), se tatúa como ella “Carpe Diem” en su dorso sobre la línea del bikini y la acompaña en sus aventuras en el mundo de la gente rica. La prima opera para la novata como una suerte de espejo en el que mirarse y a partir del cual definir qué quiere hacer de su vida, y además como aquella que, con sus consejos, la inicia en la seducción de los hombres.

Previo a la llegada de Sofía, Naima estaba apegada a su amigo Dodo (Lakdhar Dridi), un joven homosexual con el cual practicaba las líneas para una próxima audición como actriz y también planeaba un viaje a París con el dinero que éste le había regalado para el cumpleaños. Además, su madre le había conseguido la posibilidad de realizar unas prácticas en la cocina del hotel donde trabaja, lo cual a Naima le agrada pero no se encuentra totalmente decidida a avanzar en esa dirección. Este mundo se conmociona ante la llegada de Sofía quien, frente al estudio o el trabajo como elección de vida, representa el hedonismo de los placeres sensuales y la libertad propia de la liquidez del dinero.

Este tironeo entre el cuerpo dispuesto a una tarea que se ama (que representa Dodo) y el cuerpo ofertado a los placeres inmediatos (que representa Sofía) se va a jugar para Naima en varias oportunidades a lo largo de la película. La balanza se va a inclinar siempre del lado de Sofía, pues querría ser como ella. Y entonces decanta, para la iniciada, que es Dodo quien ama la actuación y no ella.

Las artes de seducción de Sofía, que se exhibe libremente en topless en la playa, despiertan el interés de un hombre maduro a bordo de un lujoso yate que se acerca a la playa y que lleva el representativo nombre de “Racha ganadora”. El dueño de la embarcación es Andrés Montero (Nuno Lopes), un millonario coleccionista de obras de arte y antigüedades de origen brasileño, representante de la avidez despreocupada del capitalismo que se sacia fácilmente y necesita rápidamente buscar un nuevo aliciente, sin aferrarse a ningún objeto. Andrés vacaciona en su yate con su amigo y socio Philippe (Benoît Magimel). En esta dupla, si Andrés es quien tiene el dinero para comprar, el capitalista postmoderno para el cual todos los objetos tienen el mismo valor de ser consumidos y desechados; Philippe, en cambio, es el socio empresario, es quien aporta la idea del negocio porque conoce el valor de los objetos. Para Philippe algunos objetos valen más que otros, algunos objetos pueden tener un plus y por eso es el hombre de negocios, el hábil comerciante representante de un capitalismo clásico, todavía con cierta ética.

En términos del amor, Andrés encarna el tipo del seductor, aquel que goza de sentirse deseado y de hacer desear y que rechaza el compromiso afectivo. Phillipe, en cambio, aprecia la belleza y se deleita en su contemplación sin apuntar a poseerla, representando el tipo del amor cortés.

De la mano de Sofía, que seduce a Andrés, ambas jóvenes son invitadas a subir al yate. Juntas se embarcan en unas vacaciones de lujo y disfrutan de costosas bebidas, cenas, regalos y paseos. El ingreso de Naima en el yate marca su iniciación en el mundo de adultos que nadan en la sobreabundancia de riquezas.

Varios de los diálogos que va teniendo Naima con los diferentes personajes de su entorno, como su madre, Philippe o con la amiga de éste, Calypso (Clotilde Courau), giran alrededor de la idea de libertad. Y varias veces se plantea al dinero como fuente de ella. Pero el dinero puede generar una sensación de libertad, que por cierto no es absoluta, ya que no salva de la muerte (que es el amo por excelencia). Por lo tanto, en rigor, habría que decir que la riqueza económica es más bien fuente de un sentimiento de omnipotencia. Entonces, si por estructura sólo accedemos a una satisfacción parcial, la única libertad a la que podemos aspirar es la de elegir de qué modo vivir la pulsión que marca nuestra vida.

En esta línea, si Sofía se liga a Andrés es porque ambos comparten la misma filosofía del mutuo usufructo con fecha de vencimiento, la misma posición de no fijarse ni arraigarse a ningún objeto en particular, aunque lo sostengan desde razones (el hastío de la superabundancia que requiere ser permanentemente estimulado en el caso de Andrés; el dolor de la pérdida en el caso de Sofía) y posiciones muy distintas (donjuanismo masculino en el caso de Andrés, desangelada feminidad sin anclaje en el amor en el caso de Sofía).

Si tomamos en cuenta el título de la película, la «chica fácil» haría referencia a Sofía, que disfruta de  la sexualidad y se oferta sin resistencia al hombre rico para participar de sus lujos, para pertenecer con las marcas de los objetos con que se cubre a esa clase social del supuesto buen pasar. Lo interesante en este punto es que la directora, si bien muestra escenas de sexo de marcada exposición, en contraposición a la sutileza del velamiento erótico de Rohmer; no obstante, no juzga a su personaje desde la moral y tampoco hace de ella una víctima.

Por otra parte, la recatada Naima, emulando torpemente a Sofía, intenta acercarse a Philippe. Pero, entre estos dos personajes el vínculo que se establece es de tipo paterno-filial. Si el cuerpo es lo que une a Sofía y Andrés; por otro lado, es la inteligencia, la perspicacia y la humana compasión por el otro, aquello que une a Naima y Phillipe. Este hombre reflexivo oficia para Naima como una suerte de mentor que le brinda un sentido de orientación. No se trata entonces de imitar a Sofía ni a Dodo, sino de descubrir quién es ella. Y Philippe le permite descubrir que ella tiene un valor singular. Y este saber adquirido no es poca cosa, pues gracias a él podrá regresar de su viaje iniciático y encontrar su lugar en el mundo.

Calificación: 7/10

Una chica fácil (Un fille facil, Francia, 2019). Dirección: Rebecca Zlotowski. Guion: Teddy Lussi-Modeste, Rebecca Zlotowski. Fotografía: Georges Lechaptois. Montaje: Géraldine Mangenot. Elenco: Mina Farid, Zahia Dehar, Benoît Magimel, Nuno Lopes, Clotilde Courau, Loubna Abidar. Duración: 92 minutos. Disponible en Netflix.