The Post es la última película de Steven Spielberg. Está protagonizada por Meryl Streep en el rol de Kay Graham, la dueña del Washington Post, una mujer que hereda la empresa de su padre después del suicidio de su esposo y es ninguneada en su propia empresa.

Tom Hanks es Ben Bradlee el editor, muy consciente de su cargo en de dicho diario. Para ejercer ese rol hay que tener ciertas condiciones exacerbadas, no es una actuación fuera de registro, es muy difícil encontrar a Hanks perdido en su destreza actoral. Al igual que Streep, tienen muy claro hace décadas que menos es más en su oficio. Lo que no implica que no sean redundantes en algunos roles, pero eso es harina de otro costal. Aquí funcionan perfectamente en una película coral, con momentos de algunos duetos en los que no hay regodeos de ningún tipo.

Josh Singer, el guionista y autor también de la sólida Spotlight del 2015, se mete otra vez en una investigación periodística que marca un antes y un después en la historia reciente de EE.UU. La guerra de Vietman era ya insostenible cuando en 1971 aparece un informe redactado para el pentágono varios años antes donde se contaba detalladamente cómo se había creado esa guerra y qué se intentaba con ella. Con cables secretos que ponían en jaque a cinco administraciones que habían seguido adelante con la descabellada invasión, inclusive también el “progre” de J.F.K.

Daniel Ellsberg (Matthew Rhys), uno de los analistas del informe, hace una copia y decide en momento filtrarlo a gente del New York Times, que finalmente publica en tapa una nota con el material analizado durante siete meses. Nixon, el Pentágono y toda la administración se les va encima argumentando que el periódico está cometiendo una traición a la patria al revelar secretos importantes para la seguridad nacional. Una orden judicial les prohíbe continuar publicando.

Spielberg, el documental de HBO del 2017, llega hasta La lista de Schindler; la nota de Andrés del Pino hace blanco en lo que muchos sentimos por el bueno de Steven. Bien, todos sabemos -o si no, se pueden ir enterando- de que hablamos de unos de los directores que mejor cuenta en el Hollywood de hoy. Siempre tiene las herramientas de uso preciso para cada momento, sus películas tienen un andar fluido con ideas visuales claras que maximizan la narración.

The Post no es la excepción. Todo lo que la película tiene de rígida por un guion fuerte y bien estructurado, Spielberg lo potencia con vigor e ideas bien cinéticas de gente hablando en habitaciones de los años setenta (salvo alguna que otra escena en exteriores); el resultado es perfecto en cuanto a lo narrativo y sereno del relato. Claro y sencillo en una trama algo enrevesada por nombres y datos, vueltas que acrecientan la intriga que nos permite disfrutar de un momento histórico verdaderamente sombrío.

Hasta podríamos decir que estamos ante una película que hace todo bien, que logra trasmitir la épica del momento en que comienza la toma de decisiones que ponen en jaque a todos los involucrados directa o indirectamente.

Pero el problema está en el retrato demasiado idealista y blanco de la labor periodística y sus intereses. El periodismo responde ante todo a un mandato social, es un puente entre lo que es y debería ser el mundo, amparado en cierta moral ciudadana. The Post (el diario) toma ese camino porque la resolución judicial amenazaba cambiar el orden establecido en relación a los medios, en definitiva, era una forma de censura previa. Pero el problema está en las líneas que Spielberg delinea a los “buenos”, un trazo naif y despersonalizado que se convierte en ingenuo, más teniendo en cuenta que los “malos” están casi siempre en off, salvo por algunos audios de Nixon hablando del tema con sus asesores, lo que no es una gran audacia teniendo en cuenta que debe ser unos de los personajes más demonizados de la historia yanqui, más allá de que lo tenga merecido o no.

Me cuesta creer esos términos desde un realizador que está en el centro de muchas cosas, que debe saber cómo funciona el poder. Eso es y fue Hollywood siempre. Ese retrato cándido de los periodistas que al mismo tiempo se muestran amigos del poder, pero que en este caso eligen responder al compromiso con su profesión, realmente poco creíble pensando en que esto es una historia verificada.

No hay recorrido en los personajes “buenos”, son como una película para niños, no hay grises, todos reflexionan a tiempo y se juegan todo por la verdad. El único personaje que no desafina con dichas lineas es el de Streep, que se juega algo más por su condición de mujer, poco tenida en cuenta incluso en su propio diario.

La intriga que se desarrolla queda en el recuerdo y uno reelabora la película con los días. ¿Esto fue así realmente?

Pienso en El ciudadano y descubro que claramente hay algo que no está bien en The Post. Welles hace un retrato mucho más realista en 1941, con claroscuros de una profesión que a cierto nivel se convierte en un arma letal. Estos mismos periodistas son los que no investigan el asesinato de J.F.K, que en un punto desisten de averiguar quién lo mato. En un momento el personaje de Hanks recuerda qué mal se sintió al darse cuenta de que Kennedy nunca había sido su amigo realmente, sino que con su estilo light y progresista trataba de manipular y controlar a la prensa.

Ya a esta altura no importa nada y pienso que al cine de Spielberg no se lo puede tomar en serio, a no ser que uno sea un idealista sordo, ciego y mudo. En ese sentido sí me interesa el cine de Eastwood, hay un análisis más profundo del comportamiento humano, más allá de no coincidir con muchas o todas sus conclusiones, puedo disfrutar de su virtuosismo narrativo.

Ya en Puente de espias, su película de 2015, se notaba que sus cualidades narrativas están intactas pero el retrato de los rusos, como malos y despiadados inclusive con su propia gente, tenía más que ver con los años sesenta o setenta que con el mundo de hoy.

Si uno está con ganas de ver una película de intrigas basadas en un hecho real que costó millones de vidas y no le importan ciertas omisiones The Post es un buen plan.

The Post (EUA, 2017). Dirección: Steven Spielberg. Guión: , c/Tom Hanks, Meryl Streep. Michael Stuhlbarg, Alison Brie, Bradley Whitford, 116′.