A propósito del estreno de esa inoxidable americana llamada El campo de los sueños, con el también inoxidable Kevin Costner, Gustavo Noriega escribió un muy lindo texto en El Amante sobre las películas que lo habían hecho llorar, mucho antes de que sus opiniones políticas nos hicieran lo mismo. El intercambio entre los colaboradores de HLC y la nota que siguen son ecos de ese texto que daba cuenta de una de las respuestas inmediatas, íntimas y evidentes, al espectáculo cinematográfico.

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Marcos Vieytes: Volvió Tornatore, estaría lindo dedicarle varias notas a este cualunquista del cine, o a Cinema Paradiso, que es una película irreprochable.

Eduardo Rojas: Pocos retornos me han conmocionado tanto, sólo el del General en los 70. Yo soy un gorila de Tornatore. Vi solamente dos películas pero lo detesto.

Gabriela López Zubiría: Los Tornatore son tibios… pero buenos, como todos los tibios.

MV: Pero ¿qué tibios ni tibios? Todos los que no hayan llorado con Cinema Paradiso y no la hayan visto un mínimo de diez veces se merecen la ergástula.

ER: ¿Lo qué? Marcos, no te metas ni con la vieja ni con mi hermana.

GLZ: ¿10 ó 15 veces? Estás loco, ahora entiendo tantas cosas…

MV: ¡El momento en que el pibe le cuelga la galleta a la mina después de esperarla 99 noches! ¡El viejo ciego de Noiret con maquillaje falso! ¡El cura agitando la campana en cada beso de película censurado! ¡El pibe recibiendo de grande los pedacitos censurados de película! Que me agarra un zoponcio, que me agarra.

GLZ: Honestamente no recuerdo si lloré o no, fue hace tanto. Pero una con la que siempre, ABSOLUTAMENTE siempre lloro, es la escena de la casa y la lluvia en Sueños de Arizona. Es más, tengo la banda de sonido (que es una joya) y cuando rompe la tormenta en esa canción (me parece que se llama Dreams) ya me angustio… creo que la compre de puro masoca.

MV: ¿Con Sueños de Arizona, la de Kusturica con Jerry Lewis? Epa, la compré hace un par de semanas, voy a revisarla, cuando la vi no entendí nada, pero si de algo estoy seguro es que no me hizo llorar.

Paola Menéndez: Siiiii, ¡qué escena la de Sueños de Arizona! ¿Y la canción In the Death Car de la Iguana? ¡Pavada de lisergia!

GLZ: Yo también tengo lista larga… a veces me siento como De Niro en Analízame. Tenemos que compartir la medicación (a esta altura no tiene sentido cambiarla).

 

Pablo Ventura: ¿Que relación tenemos con Cinema Paradiso?  De llanto puro, queridas y queridos, de llanto que te hace pelota, un sufrimiento en el que te zambullís y no podés salir (¿o no querés?), como si nadaras en dulce de leche. ¡Todos tenemos nuestra colección de besos llorados, carajo! Y a eso le sumamos canciones y lugares, para hacer del martirio un arte. ¿Escenas que siempre nos hacen llorar? ¡Agarrate Vieytes!

MV: A llorar se ha dicho (también valen nudos en la garganta por aguantarse las lágrimas). Voy enumerando las mías y me guardo las explicaciones: la muerte de El campeón, el abrazo entre el hermano cuerdo y el hermano loco en La hora de religión, cuando los jugadores de baseball desaparecen por el maizal de El campo de los sueños, cada vez que Satti habla en Que vivan los crotos!, los veinte minutos finales de Palombella rossa, Sabzian con Makhmalbaf en la moto al final de Primer plano, el último monólogo de Desde ahora y para siempre (The Dead) de Huston.

GLZ: Coincido con Vieytes en el final de Palombella Rossa, y el final de Carrington, cuando suena la Patética de Beethoven. Un clásico: cuando la protagonista graba los cassettes para sus hijas en Mi vida sin mi casi me deshidrato. Otro clásico: la mamá de Dumbo acunándolo desde el carromato entre las rejas ¡por Dios! Las cosas que miramos de niños, y déjenme pensar…

Ignacio Izaguirre: Sueños de Arizonaes la segunda película que más odio en el mundo. Y sólo porque vi antes El gran pez. Yo lloro cuando el ejército retoma la casa de gobierno en La revolución no será transmitida.

MV: Siempre pasa lo mismo: uno arranca con el cualunquismo de Tornatore para poder llorar a salvo de la política y aparece un chavista. Estoy tratando de recordar algún llanto de ese tipo, pero creo que los míos pertenecen más a la lírica que a la epopeya. De inmediato relaciono a la épica con David Lean, que me gusta mucho pero nunca me hizo llorar, y me acuerdo de la última película leanina de Peter Weir, The Way Back, con la que lloré como un condenado a medida que van cayendo los muñecos en el desierto. Uf, el momento de las muertes en el regazo de alguien, infalibles.

PV: La muerte de Dominic en Erase una vez en América y, empalmando con toda esa secuencia, la entrada de Noodles a la cárcel. ¡Son como 10 minutos de llanto ininterrumpido! Weir es de los que más hacen llorar, sin avisar y sin que uno sospeche nada hasta que está con la carilina en la mano. Eastwood también.

ER: ¡Eastwood! Los puentes de Madison, Million Dolar Baby, aquella en donde hacía de un músico de jazz tuberculoso.

 

Andrés del Pino: Históricamente no se me plantó demasiado fácil la lágrima, pero en estos años me pega el viejazo y soy capaz de llorar más fácil, y no recuerdo muy bien Cinema Paradiso, tal vez por el viejazo y porque mucho no me habrá gustado ya que suelo retornar puntualmente a los films que amo o recuerdo bien. A tono con estos días y con mi cipayismo cinematográfico puedo apuntar -vaya originalidad, pero es así- que me emociono y mal con la última media hora de Jimmy Stewart en ¡Qué bello es vivir!, recuerdo que lloré viendo cómo lloraba el pibe de Ladrón de bicicletas mientras iba caminando y trataba de agarrar la mano del padre (si la veo de nuevo voy a llorar más que seguro) y, finalmente, algo que no sé si es extraño pero en todo caso no termino de entender. Y eso que se trata de mí. Cada vez que veo The Secret World Tour, de la gira de Peter Gabriel de 1994, se me caen unos pucherones y lágrimas de no sé donde, me impresiona su puesta en escena, a veces simple pero profundamente dramática, como en Come Talk to Me que es el tipo simplemente en una cabinita telefónica en medio del escenario, o la profunda alegría de Solsbury Hill, con el tipo dando vueltas en bici alrededor de un escenario circular.

MV: Se me vino a la cabeza la imagen esa de Ladrón de bicicletas, aunque oscilo entre recordarla en plano general y en plano detalle. El tema es que me hizo pensar en esa posibilidad de explicar exactamente qué recurso cinematográfico nos provoca el llanto en una determinada escena o plano. ¿No les pasa que pueden identificar con precisión matemática qué corte de montaje, qué elevación de la banda sonora o que inminencia fuera de campo les van a arrancar la lágrima? Peor aún, uno lo identifica y no lo puede evitar.

ER: Nunca pude ver La revolución… pero estoy dispuesto a llorar a cuenta con ese final, y lloro con estas:

El Padrino III, escena final.

El chico de la bicicleta, ídem.

La habitación del hijo.

Me cuentan que la muerte de la mamá de Bambi. Yo era muy chico y no me acuerdo.

El final de Los compañeros.

La ejecución de Sacco y Vanzetti.

Novecento, cuando los obreros desentierran la bandera roja y van cantando por la pradera.

La reunión familiar después del entierro de la madre en Historias de Tokio.

El abrazo de Marisa Paredes y Juanjo Puigcorbé entre la jarana estudiantil en La flor de mi secreto.

Las mujeres cantando «Soy de Almagro, soy de Almagro» en la misma película (y yo no soy cuervo ni Papa).

El final de Hable con ella.

La escena final de Gatica.

El padre lavándole los pies al hijo en El árbol de los zuecos de Olmi.

Coincido absolutamente con El gran pez.

 

 

MV: ¡Cómo me olvidé de Almodóvar! Hable con ella es para llorar que da gusto, cuando Marco va a la cárcel y ya sabemos lo que pasó con Cámara ¡mi madre (¡qué bronca me da esta manía de poner interjecciones exclamativas, pero no puedo dejar de hacerlo!)! Y Favio, las repeticiones de Favio, la cámara dando vueltas alrededor de Griselda, el nene prestándole su voz a Nazareno, la devoción instalándose por insistencia, y ni hablar del final de Moreira. Y el momento en que se abre el telón y bajan todas las criaturas del director en 8 y medio.

AdP: No recuerdo haber llorado con las de Eastwood, pero las escenas del muy hijo de puta en Million Dollar Baby con el cura y la del bar fueron bajo el cinto, pero son las que amamos que nos dejen groggy. Digo: no lloro, pero me emociono mucho con tantas otras escenas, creo que hasta aquella vez que fue con la vieja a la entrega de los Oscar y la rompió con Los imperdonables, última vez que vi la ceremonia entera y haciendo hinchada. No sé si no fue en ese mismo año de los Oscar aquel paso de comedia entre Marcello (otro que me pega acá), Federico y Giulietta. Me acuerdo muy poco de Honkytonk Man, sí que era tristísima y anunciaba al Clint sin concesiones y terminal de las últimas. Haciendo memoria veo lo cagón que soy, única razón que encuentro para no haber visto todavía La habitación del hijo aún siendo medio fan de Moretti, o tantas otras.

MV: No me acordaba que Clint fue con la vieja a los Oscars. ¿Cómo no vi eso? La foto suya que me gusta es dándole la mano a De Oliveira en una edición de Cannes. Yo tampoco sé si llegué a llorar con una de Eastwood, pero me emocioné muchísimo con Los puentes de Madison, Million Dollar Baby (la última media hora es una lápida), y Un mundo perfecto. La escena de Fellini que me mata es la del descubrimiento de los frescos subterráneos que empiezan a desaparecer por efecto del aire en Roma. Me deja mudo.

 

Gabriel Orqueda: Los ojos de Ventura cuando arroja una flor sobre el ataúd de Aurora en Tabú, el viejito de Up sosteniendo un globo en el funeral de su esposa, la canción que suena en la cabeza de Castellitto cada vez que se acuerda de Penelope Cruz en Un loco amor, el “I see you” en cualquier momento de Avatar, pero sobre todo el del final. El capítulo completo de Lola, el marido y el viejo en Historias extraordinarias.

II: Cuando en Palombella Rossa dice: “los últimos días de la escuela antes de las vacaciones ¡no volverán!” o algo así. La muerte de Sonny en El padrino, yendo a cagar a trompadas al imbécil de Carlo. El final de El último de los mohicanos con Daniel Day Lewis. Cuando el soldado Brown (¿era Brown?) dice “¡Firmes! ¡Hay una oficial en la sala!” en Cuestión de honor. Cuando Artax, de La historia sin fin, se hunde en el pantano. De animalitos hay un montón.

ER: Cuando muere Godzilla.

GLZ: Recuerdo a mi hija llorando desconsoladamente cuando el caballo se hunde en el pantano (era “el pantano de la desesperanza” o algo tan terrible como eso).

MV: Nunca vi La historia sin fin, pero ¿el pantano se llamaba de la desesperanza? ¿No alcanzaba con que se ahogara en uno común y corriente? Yo no sé si lloré mucho con Ico o con Trapito, o con los dos. O fue mi vieja la que lloró y entonces me sacó del cine.

ER: Yo lloré con una versión muy vieja de Titanic, creo que era de Ronald Neame, cuando un nene se moría congelado. Y con una policial en el momento en que iban a resolver el crimen. Mi primo que me había llevado tuvo que salir y llevarme a mi casa. Me siguió puteando hasta el día de su muerte.

GLZ: Sí, el pantano tenía un nombre terrible y la cosa era que caías en él y te hundías en eso, en este caso, por ejemplo, en la desesperanza, y así te ahogabas. Terribles hijos de puta esos autores. Insisto, las cosas que veíamos de niños… Trapito¡otro generador de horas de terapia! Y para cerrar con el summit de la hijaputez: una que no vi, pero con el título está todo dicho: Todos los perros van al cielo. Aunque, para ser justos, los cuentos infantiles clásicos son sumamente crueles…

 

Nuria Silva: Uh, esa escena, Gabriela… Yo recuerdo a mi abuelo, ya grande, llorando desconsoladamente porque a él se le había muerto un caballo en sus años mozos al que extrañaba enormemente. Era chiquita y la estábamos viendo juntos. ¡Qué recuerdo vino, che¡ Esa escena me emociona más por la anécdota que por la escena en sí.

II: Swamp of Sadness, “de la tristeza”. Lo que contó Nuria casi me hace llorar de nuevo.

GLZ: ¡Claro, el pantano de la tristeza! Se ponían tristes y se hundían…

NS: Si seguimos así, se viene suicidio en masa.

GLZ: Bueno, Nuria, las “fiestas” suelen ser bastante corchazo…

MV: Es fuerte la imagen de ese hombre grande llorando. Quizás para desbaratarla, pensé automáticamente en Stallone llorando en Rambo.

NS: Más fuerte es la de mi viejo llorando con la muerte de Connery en Los intocables.

ER: Yo iba a confesar que lloré con la muerte de Hitler en La caída, pero sería de una incorrección política intolerable.

MV: Encuesta: ¿Cuál de estas tres muertes sokuravianas los hizo llorar (más): Hitler, Lenin o Hirohito?

ER: Yo sólo creo en lo que se puede ver: el cadáver embalsamado del camarada Vladimir para ir a llorar en el Kremlin. Hirohito era Dios, nadie podía mirarlo a los ojos, igual que a Luis Miguel. Cuando anunciaron que se murió, en los ‘80, lo enterraron sin mirarlo. En realidad se refugió en la Argentinay tiene una tintorería en Mataderos. El deliverylo hace Adolf. ¿O alguien se creyó lo de su muerte en el bunker?Aquí pueden leer un texto de Pablo Ventura sobre películas para llorar.