21944214013_be5f52793a_oLa mayoría de las historias que conocemos sobre la represión transcurren en centros urbanos. Los del suelo, en cambio, abandona el gris del cemento ciudadano por el verde del monte chaqueño y cuenta la historia de Irmina y de Remo y de cómo fueron perseguidos por las fuerzas represivas. Integrantes de las Ligas Agrarias, su condición de militantes sociales los convirtió en objetivos inevitables de la salvajada y la película se encarga de mostrar esa verdadera prueba de supervivencia en la selva.

Por cuestiones básicas de subsistencia, la pareja no sólo tendrá que separarse sino que también dejarán a su hija al cuidado de campesinos de la zona. Y lo más peculiar será la forma en la que estos náufragos terrestres van a comunicarse: por medio de botellitas enterradas en distintos lugares de la selva.

Aunque la historia es interesante y es imposible no tener empatía con quienes son perseguidos por el Mal, uno de los enormes problemas que tiene la película es su incapacidad para transmitir la lógica angustia que debe tener el espectador de una situación límite. Y poco de eso ocurre con los protagonistas. Es más, los que peor la pasan son un compañero que los ayuda y la pareja a quienes le dejan su beba cuando deciden huir a la selva. Y de estos personajes no se va a saber nada más: que les pasó, que suerte corrió cada uno: mucho descuido para tanta entereza. (En personajes breves, muy bien De Silva y Román).

Pero, volviendo a la pareja protagónica, hay algo que no encaja. María Canale no ahorra esfuerzo y le pone a su personaje todo lo que este requería: sangre, sudor y lágrimas. Sin embargo, María Canale es tan pero tan linda que distrae. Uno a veces deja de pensar en todo lo que le pasa y se la imagina tomando algo en algún barcito de Plaza Serrano y no pariendo en la mitad de la selva. (Encima, en algún momento de la película, durante la huida, dice «tengo el pelo horrible» [¿?]). El parto en pleno monte es una de las cuestiones que marcan las distancias provocadas por lo verosímil y por aquello que no lo es. Que alguien que no tuvo controles médicos, que durante todo su embarazo ha estado marchando/huyendo en un clima agobiante, con las tensiones lógicas del terror a ser capturada/asesinada y sin las condiciones de asepsia indispensables pueda tener un parto tan perfecto es casi increíble. O la escena donde Irmina es herida: no dan las distancias ni las posibilidades de huida.

Lautaro-Delgado-en-Los-del-suelo

Lo de Lautaro Delgado es distinto: cero expresión, cero énfasis, una tonada que podría ser de quince lugares distintos y un tono, uno sólo, para todo. Mala, muy mala, casi malísima la escena en el almacén de ramos generales. También la charla con el cura. Avanzada la película los represores (Palomino, Ziembrowski y un par de soldados) dejan de ser una presencia física y hay una escena de fogón y guitarreada junto a varios compañeros de lucha que, de tan poco creíble, parece imaginada.

Finalmente, en la huida hacia Brasil, el director utiliza una situación de tensión muy, pero muy, usada cuando los milicos paran el micro donde viaja la pareja y su hijito. Lo que es realmente innecesario es que otra pasajera sea detenida, teniendo en cuenta las consecuencias de ser detenido en esos años. La misma técnica previsible para crear tensión dramática se utiliza en la escena del puesto militar de frontera porque es evidente que el jefe del control fronterizo de ninguna manera se come el verso del casamiento de unos parientes y, sin embargo, los dejan pasar. Un gran humm…

Hay un pequeño epílogo en tiempo presente que sólo sirve para explicar algunas cosas que hacían falta y otras que no.

Los del suelo (Argentina, 2015), de Juan Baldana, c/Lautaro Delgado, María Canale, Juan Palomino, Luis Ziembrowski, 109′.