Por Paola Menéndez.

“No existe tal Hombre de Arena, cariño -me respondió mi madre-. Cuando digo viene el Hombre de Arena quiero decir que tienen que ir a la cama y que sus párpados se cierran involuntariamente como si alguien les hubiera tirado arena a los ojos”.

E. T. A. Hoffman, El hombre de arena

El afán por retratar contactos con alienígenas constituye una de las grandes obsesiones clásicas del cine –principal, aunque no exclusivamente- estadounidense. Esta persistencia ha provocado cierto acostumbramiento del espectador a las premisas del género y también ha contribuido a volcar una serie de expectativas – bastante nítidas, por cierto- respecto a lo que se desea ver. En este sentido, Los elegidoses una película que cumple, en parte, lo que promete. La clave es sostener la austeridad ante todo, y por esto resulta profundamente destacable -frente a la cantidad de películas que abordan el tema- que no busque paliar vacíos artísticos a través del atiborramiento de efectos especiales.

La situación inicial es presentada de manera potente y perturbadora a partir de un acercamiento doméstico hacia la conflictividad de una familia. Encontramos a los Barrett atravesando una multiplicidad de problemas –personales, económicos- que los sitúa al borde de un estado de crisis. Abordar sutilmente las consecuencias de esta conflictividad en el marco de la interacción de esta familia y su comunidad –amigos, vecinos, instituciones- resulta una decisión bien lograda y un acierto, a fin de mantener el suspenso. Hay un buen manejo del clima siguiendo la premisa del movimiento, a veces frenético, de una cámara -y por lo tanto una mirada-  que se va transformando en cada vez más incierta. Como señala Bordwell (2004), gracias a cámaras ligeras y estabilizadores como el steadycam, la toma que persigue a uno o dos personajes a lo largo de corredores, a través de una y otra habitación, dentro, fuera y de regreso, se ha vuelto ubicua.

La película explota, en parte, un costado inquietante de aquella idea freudiana de Hilflosigkeit (desamparo). Así denominaba don Segismundo al estado originario del sujeto. Concepto que a su vez designa un estado de abandono, de profundo desvalimiento, de falta de recursos y también de desnudez: el infansse halla arrojado al mundo sin asistencia ajena y, ante la imposibilidad de sobrevivir, necesita imprescindiblemente de un Otro.

En efecto, el sentimiento de desprotección ha sabido construir un estatuto en el cine de contacto: el arribo violento de entes intergalácticos que desean gobernar la tierra, apoderarse de los recursos naturales o devorarnos – basta preguntar al hijo de Mike Donovan que se salvó por poco-, regularmente culmina con el ejército estadounidense y un héroe que logran recobrar el control de nuestro planeta. Se pone en juego la supervivencia y por ello la guerra resulta inminente. Frente a este escenario, huelga toda explicación respecto a la significación social de los extraterrestres, la siempre vigente doctrina de Seguridad Nacional y el ideario americano.

La otra gran vertiente del cine de contacto estriba en retratar encuentros entre humanos y alienígenas en donde, tras superar problemas de entendimiento, se logra arribar a un vínculo, a veces, hasta fraternal. Los extraterrestres vienen a aprender y a enseñar.

Lo interesante de Los elegidos radica, justamente, en la lucidez de generar una alternativa y no dirigirse, en tanto conclusión, hacia ninguna de las dos posibilidades más transitadas.


La familia Barrett atraviesa una difícil situación al ser vulnerada en su intimidad y encontrarse bajo un estado de desprotección absoluta. Los extraterrestres ponen en juego la identidad propia de cada uno de los miembros de la familia, con lo cual el filme arroja interesantes interpretaciones alegóricas respecto a estas intervenciones sobrenaturales desde un punto de vista doméstico e intimista. En ese sentido, Los elegidos se aleja de los grandes relatos de usurpación de identidades  de la ciencia ficción que el cine ha llevado a cabo. No se trata de Fogosa criatura del planeta Ultra (Omicron, Ugo Gregoretti, 1963) y su crítica filomarxiana a la sociedad de consumo capitalista, pero tampoco se asemeja al clásico macarthista La invasión de los usurpadores de cuerpos(Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956). No sabemos en concreto qué buscan estas entidades, desconocemos también sus motivaciones al elegir a sus víctimas y así permanecemos, con la misma incertidumbre de los Barrett, hasta el final.

En Los elegidos es justamente el individuo quien es desprotegido por todas las instituciones –sea la Policía, la Justicia, la Salud Pública- y esa es la conflictividad del hombre posmoderno que se aspira a retratar en esta pequeña historia. En la secuencia final del detective con la foto en la pizarra, se verifica aquella tenaz frase de Walter Benjamin que retrata nuestros tiempos: “El individuo cuanto más busca individualizarse, más se masifica”.

Aquí puede leerse un diálogo entre Luciano Alonso y Santiago Martinez Cartier sobre la misma película. 

Los elegidos (Dark Skies, EUA, 2013), de Scott Stewart, c/Keri Russell, Jake Brennan, Josh Hamilton, Dakota Goyo, J.K. Simmons, 97’.

Bordwell, D. (2004, 16–22 de enero). Una mirada veloz. El estilo visual en el Hollywood de hoy. Letras Libres. Recuperado el 15 de abril de 2011 de http://letraslibres.com/pdf/7286.pdf