Mito. El tiempo pone las cosas en otra perspectiva. El presente es una máquina devoradora que necesita ideas y productividad, que se impone sobre cada uno. En el presente situado en los ‘90 se editaba una revista, se realizaban “rallys etílicos”, se escribía, se editaban libros. No había un eje programático, sino un camino compartido por lo que unía en ese momento. Pero 18 Whiskys, la revista, es pasado. Cuando fue presente, fueron apenas un par de números dobles y el esbozo de un tercer número que nunca llegó a concretarse. El tiempo borró las huellas materiales: la revista no se consigue, pocos por fuera del circuito poético la recuerdan. Desde 2018, el mito se reconstruye. El documental de Mario Varela, miembro de la revista, sostiene el mito desde el relato evocatorio: al no estar la revista, al no haber registros del trabajo de ese conjunto de escritores, todo se resuelve en la evocación de los participantes de la gesta. Lo único que hay de ese pasado en común es la filmación que el propio Mario Varela realizó en los 90 de uno de los llamados “rallys etílicos”, que consistía en que un grupo de los escritores debían ir de un bar a otro tomando determinadas bebidas y donde ganaba el que más lejos llegara. Ese pequeño documental que se ve fragmentariamente a lo largo de La vida que te agenciaste muestra un pasado recortado: allí hay un espíritu más que una concreción poética, un signo de los tiempos que inauguraban los ‘90, hechos de alcohol y reviente en un país que se sostenía en la falacia de la paridad con el dólar. Un espíritu de cuerpo que habita a los personajes que recorren la noche y las calles de Buenos Aires, entreverados en un juego en el que resulta inevitable caer en la inconciencia de la borrachera. El mito es lo que esas imágenes no pueden revelar y lo que construye el relato actual de los personajes y, por sobre todo, la voz rectora del trabajo encarnada en el poeta Jorge Aulicino. Aulicino tiene el necesario grado de distancia –y también de cercanía con el grupo-, como para establecer desde allí –y desde la confluencia con otros grupos literarios de la época como Trompa de Falopo-, el germen de una literatura que empezó a hacer eclosión hacia finales de la década. La emergencia de algunos de sus nombres –en especial, por su masividad posterior, Fabián Casas y Washington Cucurto- es el punto de partida que permite retornar al origen y reconocer en 18 Whiskys el semillero de una parte de la nueva literatura. La vida que te agenciaste sostiene el mito desde ese lugar en el cual juega entre la palabra rectora del escritor reconocido y la imposibilidad de revelar en qué se sostiene aquel momento fundacional, pero, por sobre todo, en la forma en que los testimonios de los entrevistados se asientan en lo anecdótico, en lo evocativo y lateral a lo literario. La pregunta que subyace hasta el final del documental sigue siendo: ¿Qué fue realmente 18 Whiskys? La escena final, la única en la que vemos los dos ejemplares de la revista –o al menos su tapa- sostiene el misterio: el mar, como podría haber sido el tiempo, se las lleva sin dejar, de nuevo, más rastros de su existencia.

Crítica. La revista nace como una suerte de reacción a lo establecido por la época –Diario de Poesía-, y lo que logra es despegarse de la creación como elemento individual para conceptuar a la literatura como un hecho colectivo a pesar de la heterogeneidad que señala Rodolfo Edwards, por ejemplo. Pero el relato desde adentro de la revista adhiere a esa construcción del mito forjado a lo largo de los años. Las diferencias y los resquemores parecen haberse limado –al menos hasta cierto punto- y se produce una idealización de lo pasado como experiencia individual y colectiva. Es la intervención externa la que ofrece otra perspectiva y le da una dimensión diferente a la publicación. No solamente la forma en que Jorge Aulicino funciona como articulador de las distintas tendencias poéticas internas, como un analista de la importancia de la publicación –la revista encarnó la idea de los ‘90 como mito y como crítica-. También el cuestionamiento a una misoginia poco disimulada y de cuyo sino solo parece haber escapado Laura Wittner, planteada desde su lugar marginal en la estructura grupal que ocupaba Teresa Arijón. Pero, por sobre todo, la voz que aporta otro punto de vista es la de Julia Sarachu. Es ella quien señala a Diario de Poesía como una referencia que implicaba también un punto de diferenciación. Es notable el contraste que ofrece respecto de las versiones de la ruptura definitiva del grupo. Mientras Casas y Varela señalan en un diálogo entre ellos que la debacle se produjo cuando se estaba preparando el número 3 y que se originó en una pelea por una mujer, Sarachu plantea dos elementos que precipitaron la ruptura: la nota que Varela publicó en Bariloche, firmada por otro de los miembros del grupo, titulada “Gelman asesino”(aunque la referencia era hacia una generación de poetas que quedó a su sombra, el término en esos momentos tenía resonancias equívocas con el pasado cercano) y la súbita difusión que comenzaron a tener Cucurto y Casas, que generó celos y envidias aparentemente nunca saldados en algunos de los miembros. Son esos momentos en los que el documental logra salir de la mirada endogámica que despliega en la mayor parte de su desarrollo y que por momentos lo pone al borde del abismo de la justificación de una estudiantina desaforada.

Manifiesto. Pero al fin de cuentas La vida que te agenciaste es un documental sobre un grupo de poetas enrolados en una corriente de tipo objetivista que hizo eclosión en la década del ‘90. Y lo que falta por momentos es ese sustrato poético que permita entender al que viene de afuera de qué se está hablando. El privilegio de lo anecdótico, la tentación inevitable de usar el único registro disponible de ese pasado, despegan durante buena parte al documental de lo estrictamente poético. La idea esbozada por Aulicino de que más que de dos números de una revista se trataba de dos manifiestos no se sostiene más que en la opinión, porque no se ofrece al espectador cuál es el contenido de ese manifiesto, cuál fue su importancia –al menos teórica- en esa época y cuál fue su influencia posterior. Apenas hay un esbozo en los fragmentos de poesías que leen los autores entrevistados (mayormente en off y a veces con alguna forma de representación visual más o menos relacionada), pero sin señalar si esos textos son parte de aquella época o si son de producción más reciente. De todas maneras permiten un acercamiento a una obra polimorfa y heterogénea de algo que se consideró un colectivo de creación. En ese punto tal vez el mayor acierto del documental es emprender la búsqueda de lo que fue, teniendo la conciencia de que ese estallido producido tras el segundo número de la revista se tradujo en esquirlas que fueron dispersándose más y más. La idea de Varela de reunir esos fragmentos –o al menos algunos de ellos- es un primer paso para recomponer la visión sobre una generación –o un grupo- de escritores. Pero en el camino, lo único que resulta claro es que esos pequeños pedacitos difícilmente puedan volver a unirse –la negativa de Durand a recibir a Varela en Filipinas; la imposibilidad para ponerse de acuerdo en si Rojo viaja a Buenos Aires o los de Buenos Aires viajan a la casa de Rojo en Duggan-, y que la tarea está condenada a un fracaso relativo. El fracaso más palpable, en todo caso, es no haber podido dar cuenta del mito y justificarlo desde la poesía.

La vida que te agenciaste (Argentina, 2018). Guion y dirección: Mario Varela. Duración: 85 minutos.