Entre las bandas que Santaolalla no le pareció importante mencionar en su reciente y lamentable documental, están los Ratones Paranoicos. Y tan irrelevantes fueron para la historia del rock latinoamericano y de nuestro país, que Netflix acaba de estrenar un documental sobre ellos. Ah, y veníamos de un documental de hace dos años que se centraba en la figura de su cantante: Juanse. En fin, bienvenido Rocanrol Cowboys.

Desde hace un no muy largo tiempo a hoy, el cantante de los Ratones Paranoicos cobró aún mayor notoriedad que en épocas en las que llenaba estadios y recintos de Rock. Quizá exista otra razón que a esta nota se le escapa, pero nadie puede negar que el personaje cómico televisivo interpretado por Peter Capusotto, y denominado Pomelo, forjó un nuevo paradigma en la vida del cantante. Lo que el cómico creó para mofarse de cierto estereotipo de rockero reviente, la mayoría delos espectadores del cómico lo tomaron como una alusión directa hacia el cantante de los Ratones. Incluso, una vez digerida la paranoia que lo llevo a hacerse cargo del parecido, Juanse hasta llegó a interpretar una publicidad televisiva de “Paso De Los Toros, Pomelo”, en la cual jugaba con esa identificación. Desde ese momento a hoy, Juanse, aparte de admiración y del impulso a mover el esqueleto por sus grandes canciones, genera risas de respeto.

Así arranca Rocanrol Cowboys, con imágenes de archivo que prometen risa, Rock, y una hora de diversión. Pero antes de ese inicio con imágenes que focalizan la atención, como en la mayoría del documental, en el cantante de la banda, aparecen unas palabras impresas para justificar la existencia del homenaje o para presentar el enfoque de la historia. En esas palabras se habla de una banda mayor, Los Rolling Stones, y se les atribuye a los argentinos el haber generado un caldo de cultivo para que los ingleses, años más tarde, aterricen en nuestro país. Así, estas palabras, este enfoque, le abre al documental un buen modo de presentarse fuera de nuestro país, aunque nosotros sepamos que los Ratones Paronoicos han sido mucho más que esa estrategia, o ese elogio.

El documental fue dirigido por Alejandro Ruax y Ramiro Martínez, y aunque sobre los Ratones Paranoicos se podría decir mucho más, los directores trazan un recorrido biográfico correcto, aceptable y que entretiene. Rocanrol Cowboys se enriquece con mucha imagen de archivo, al punto que los comentarios surgidos de entrevistas a los músicos se dan el lujo de utilizarlos como con voz en off. En este sentido, al no recurrir a imágenes de archivo ya quemadas, la película genera dos sensaciones positivas en el espectador: ganas de más, y que parezca más corto de lo que realmente dura.

Juanse arremete de entrada con el mismo carisma que lo llevó a ser una figura importantísima dentro de nuestro rock. Sus maneras atraen desde el primer minuto, y son capaces de captar la atención de un espectador no interesado puntualmente en su música. Es un arma para este documental que no sólo puede funcionar como la historia de la banda, sino también como la historia del rockero reviente y las consecuencias particulares de su vida agitada. Juanse atrapa y capta toda la atención, y quizá en una analogía con lo que le pasó a la banda en su momento, en este documental también su imagen y su vida personal le roban lugar a lo musical. Desde el primer minuto lo vemos con los ojos chinos, moviendo mucho la mandíbula, y deslizando comentarios que hacen alusión al consumo de drogas. La película lo sugiere todo el tiempo, y un poco le juega en contra porque el espectador ya entendió que se la daba en la pera, pero llegado el telón final no sabe, entre otras cosas, cuántos discos sacó la banda, hasta dónde llegó su música, o algún otro dato que pueda dar cuenta de la importancia de la trayectoria de la banda. Otros detalles que se omiten son las veces que telonearon a Guns N’ Roses, con el accidente de Juanse incluido, o la participación en una de las visitas de Kiss.

Así, concentrada la historia en el seguimiento deJuanseal que a cada minuto se lo ve más reventado, el documental recorre los pocos cambios de formación que tuvo la banda, algunas de las grabaciones más importantes, y el contexto de los noventa en que la banda trepó a lo más alto del reconocimiento y la convocatoria. Pero no se profundiza en la obra, en la cantidad tremenda de hits que tiene el grupo, provocando un bache en lo musical, y desnudando así la falencia más grande de la película. Faltan canciones.

Es un documental para ver dos veces, para prestarle atención a los fondos en los que se cruzan otras personalidades increíbles, como Pappo, o para cazar los detalles que reafirman lo que el documental expone, pero los músicos no se atreven a decir explícitamente: las drogas y las peleas. El documental esquiva el puterío, tiene “códigos”, como suele decirse, y ahí reluce la figura del guitarrista Sarcófago. El final es un poco abrupto, o de tan entretenido que es el documental recién en el cierre nos damos cuenta que necesitamos más. En los últimos minutos, los directores muestran cómo fue el regreso a los escenarios y el reencuentro de los músicos luego de estar un tiempo peleados. Más allá de que para un espectador que no sabe mucho de la banda no suma mucho el detalle sobre ese regreso, la imagen final del abrazo entre Juanse y Sarcófago le dan un cierre emotivo, y que redondea un documental con buen aura, buena leche y mucho rocanrol nenene.

Rocanrol Cowboys (Argentina, 2019). Guion y dirección: Alejandro Ruax y Ramiro Martínez. Montaje: Marcela Truglio, Ezequiel Yofre. Duración: 77 minutos. Disponible en Netflix.