En la primera escena de El llamado salvaje vemos el rapto de Buck, un perro gigantón mezcla de San Bernardo y Labrador, que es alejado del hogar de sus dueños en donde transcurría su razonable vida perruna, para transformarse en mano de obra en el marco de la fiebre del oro. Ese secuestro es el fin del mundo domesticado para Buck y el comienzo de una serie de peripecias que llevarán a nuestro héroe a redescubrir un mundo salvaje por fuera de toda idea de civilización.

De este modo se construye el primer contraste entre la civilización y la naturaleza, porque en el film de Sanders la animalidad no tiene que ver con la barbarie, como pensaba Sarmiento por estos lares. En El llamado salvaje lo que prima es la historia de un perro que despierta de la bruma de la civilización y, al mismo tiempo que surge este despabilamiento, nace la lucha por la supervivencia. Podríamos pensar que el tema principal de la película tiene que ver con la lucha por sobrevivir, pero esta pulsión de vida tiene que ver con un instinto humano y no con la idea de la supervivencia del más apto.

Lo mejor de El llamado salvaje nace del material de origen, ya que la película está basada de modo libre sobre el universo de Jack London, que sin duda es uno de los grandes escritores de comienzos del siglo XX. London trabaja, a lo largo de toda su obra, sobre la tensión entre civilización y barbarie, explorando los límites entre naturaleza y sociedad. De este modo, la fiebre del oro es narrada con la peripecia de novela decimonónica y Sanders consigue recrear con pulso el universo aventurero del autor de Colmillo blanco y Martin Eden, entre otras rotundas obras maestras.

Es de destacar la interacción entre Buck y John Thornton, un viejo alcohólico que bebe para olvidar la muerte de su hijo. Thornton, notablemente compuesto por Harrison Ford, en una actuación contenida que se construye en base a miradas y gestualidades, entabla un vínculo de notable calidez con el héroe del film. Buck le devuelve humanidad a Thornton y Thornton, en un gesto altruista, le retribuye su amor liberando al animal de la opresión que significa la civilización.

La mirada de Sanders se despoja de toda intención de moralizar el relato y evita caer en sensiblerías de dudosa emotividad. Logra su objetivo contando la aventura de un modo muy fluido, siguiendo el estilo directo que el propio London realizó a lo largo de su prolífica obra. El principal problema de la obra de London radica en una cuestión temporal. London fue contemporáneo de autores rupturistas que partieron en dos la idea de literatura en el siglo XX, como son los casos paradigmáticos de Joyce, Kafka y Musil. London, en un sentido, es un narrador clásico que complejiza el universo del novelista del siglo XIX, pero que se emparenta en su espíritu narrativo con exponentes notables de la novela de aventuras de ese mismo siglo como lo son Verne y Salgari.

Por último, es interesante pensar en El llamado salvaje como una metáfora de un sistema que atraviesa una crisis sino terminal por lo menos dramática que pone en evidencia las letales consecuencias del modo de producción capitalista. La fiebre del oro devino cien años después en un monstruo de acumulación incontrolable que pide a gritos un freno a su ansia irrefrenable de riqueza. Ante esta situación de tragedia contemporánea, solo se le puede contraponer la humanidad que demuestran los personajes de Buck y Thortnton.

El contraste entonces no sería entre salvajismo y civilización sino entre un mundo habitable o un mundo al que la codicia humana pone en francopeligro de extinción.

Calificación: 7/10

El llamado salvaje (The Call of the Wild, Estados Unidos, 2020). Director: Chris Sanders. Guion: Michael Green, Jack London. Fotografía: Janusz Kaminski. Edición: David Heinz, William Hoy. Elenco: Harrison Ford, Omar Sy, Cara Gee, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan. Duración: 100 minutos.