Por Soledad Bianchi.

En los orígenes, la belleza. La civilización actual comenzó a gestarse oprimiendo al más débil con sus estrategias de traición, y exterminando a los pueblos originarios. Fueron despojados de sus creencias, cultura, tierras e idioma. La posibilidad de comunicarse con sus propios códigos se diluyó como se diluyeron sus derechos. Nosilatiaj resume la conquista, apoyada por la iglesia católica, que arrasó sobre los indígenas y lo sigue haciendo con los únicos que quedan, desde la memoria de una niña que utiliza el dialecto para contar los fraccionados recuerdos de su infancia, en particular uno que hizo que la pierda para siempre.
Cortarle las ramas a un árbol es lo que le impide crecer, pero en el caso de Yolanda, cuando le cortan el pelo sin su consentimiento la hacen desarrollarse de golpe, aprendizaje cruel sobre el abuso del más fuerte que viola la sensibilidad del otro. Arrancada de su entorno, el despotismo al que la someten, la conspiración contra algo que es parte de ella, la envidia, la maldad, el rencor que la rodea, le hacen entender lo feroz que puede ser el mundo con ausencia de límites morales.
Siempre desde la mirada de la protagonista y el alto contraste con la perversión de lo ajeno a sus costumbres y cultura, Nosilatiaj reflexiona sobre el pasado y el presente que sigue los mismos pasos, a pesar de lo evidentemente cruentos que fueron los viejos tiempos. Las imágenes de potencia documental como una reseña de la vida de Yolanda, que señalan particularidades como la de los pies descalzos, la convivencia con la naturaleza y sus enseñanzas útiles, son la antítesis de la fachada que intenta ser la fiesta de 15 de Antonella, la hija mayor de una familia menor salteña. Las medidas extremas tomadas debido a la necesidad de cubrir las apariencias, mostrar una imagen y ganar un lugar en ningún lado, quedan evidenciados por las acciones sutiles en principio, pero contundentes hacia el final, de esta madre e hija odiosas.
La ópera prima de Daniela Seggiaro maneja un código comprometido, consigue imágenes que exceden la historia, para mostrar la realidad. Un par de niños juegan con una carretilla, mientras que cuatro mujeres wichí deben cargar ramas de los árboles atadas con una soga que sostienen con su cabeza, con su propio cuerpo, sin las herramientas que le podrían facilitar el trabajo. Esta secuencia resume la esencia característica de su obra, donde los hombres ausentes, vagos, aunque un poco más generosos, son los que no le dan bola a nada mientras, salvo a las mujeres malhumoradas, estresadas y perversas con las que conviven, mientras hacen sus tonteras. Todos ellos, blancos desinteresados por sus orígenes, por la verdadera belleza del mundo.