Pajarón, por Eduardo Rojas

birdman-clickG (punto) no es lo mismo que punto g. Ge ge o je je. G (punto) Iñárritu entregó uno de sus apellidos para subir al cielo del Oscar. Birdman es un pajarón que vuela en travelling digital por los cielos de Nueva York, un superhéroe que se cree humano; o bien Riggan (léase Rigan o Reagan) Thompson es un humano que se cree superhéroe. Ambos casos representan subespecies de pajarones ambiciosos, sumergidos en una comedia o sátira  engrupida, sin más gracia que la suma de citas a notables, desde Raymond Carver a la crítica Dickinson (ver más abajo), al propio Reagan y a innumerables actores de la perfumada colonia artística hollywoodense. Una casa/caza de citas antes que una película, que parece perseguir el doble deseo de legitimarse con el prestigio de la alta cultura y de ser uno más en la nómina de Hollywood (reconocimiento: los chistes sobre gente de Hollywood son buenos y Keaton está muy bien).

Primera escena que (me) predispone mal: Riggan o Reagan levita en calzoncillos en camarín de teatro broadwayense. No solo sube, también mueve elementos del camarín mediante telequinesis. No solo “desplaza a distancia objetos sin contacto material” (definición de telequinesia, diccionario María Moliner), también emite grave voz interior que  repele olor a bolas y manifiesta angustia espiritual del levitante (confieso envidia: en calzoncillo o en bolas solo soy capaz de tomar Levité, y no despego); voz grave y bien temperada acompañante de Reagan o Riggan desde ahora y para siempre, voz hinchapelotas y excesiva, otroyo rigganiano y cortamambos (¿Todavía se dice así?), quizá producto de excesiva ingesta de hongos llinasianos por parte de Armando Bo y Nicolás GiacoBOnne, primos, argentinos y coguionistas (¡OjoJollybud! les mandamos a Llinás, no se aceptan devoluciones ni se pagan seguros de catástrofe).

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El levitante Riggan fue otrora Birdman, superhéroe grasa del cine pasado, dispuesto ahora a demostrar carácter de actor verdadero mediante versión teatral propia, por él actuada y dirigida, del cuento De qué hablamos cuando hablamos de amor, del maestro Carver. Riggan evita levitar y obtura voz subconsciente, deja el camarín y va a dirigir, pero los ensayos no funcionan, se viene el estreno, desea la muerte a un mal actor de su elenco; acto seguido (deus ex machina desmentido en posterior desarrollo del guión) una piedra en la cabeza sacará a éste de escena. Reemplazante: Mike, o Edward Norton interpretándose a sí mismo en su versión más exaltada, Narciso frente al espejo, histriónico histérico subido como G (punto) al caballo de su ego; destructor de escenografías, furioso verdugo de la puesta birdmaniana en medio de preestreno; otro hinchapelotas enfrentado al laborioso pajarón Birdman por capricho del guión, ocupante de una subtrama excesiva y sin destino; ejemplo de cómo complicar una historia al reverendo cuete, Mike Norton se esfuma de la historia cerca del final solo porque así lo necesita G (punto), lo hace entre las piernas -dichoso él- de Sam, hija adicta en rehabilitación de Riggan (el amigo Fabián Roberti dice que G (punto) es el único director capaz de afear a Emma Stone. Coincido).

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Riggan-Birdman tolera además a una amante y actriz de su elenco que acusa embarazo frustrado (otra subtrama inútil, y van…) y a una ex esposa culpógena. Demasiado para un solo hombre en vísperas de estreno. Sumemos a una crítica, teatral pero con aires a Pauline Kael, llamada Dickinson (¿Emily o Angie?), protagonista de ¡otra! subtrama, en este caso bochornosa por lo vulgar. Dickinson es vieja y amargada, odia al cine popular y ama al teatro como una de las bellas artes. Capaz de llevar al fracaso una puesta con su opinión negativa (¿En dónde, por Batman, ocurre tal cosa?) se dispone a hacerlo con la puesta carverbirdmaniana sin siquiera haberla visto y, claro, resentida en tanto incapaz de ser artista aunque sea en la variante internac & pop de Birdman-Reggan, éste la pone en su lugar –faltaba más-. “Estreñida– le dice – yo soy un artista y vos una fracasada, por eso te dedicás a la crítica“ (no es textual). Estamos hartos de leer vulgaridades de tal calibre en los más chotos posts de los  más chatos blogs sobre cine, verlos reproducidos con aires de verdades reveladas, sin asomo de ironía o subtexto, en una producción de rompe y raja, desconsuela o indigna o da risa según el rato (De paso, voy a abrir una petición en defensa de la colega Dickinson, Angie o Emily, en Change.org, o tal vez denuncie a Gonzalito al Inadi. En ambos casos pido adhesiones).

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Birdman no termina con el final, esto es, el estreno, el éxito loco, la avinagrada Dickinson escribiendo una crítica recontraelogiosa (titulada “La inesperada virtud de la ignorancia”, exactamente el feo subtítulo de la película), sino que se extiende aún más, al esperado tiro del final de Riggan y al rizo rizado posterior que pretende aunar las dos vertientes narrativas hasta ese momento utilizadas: el realismo psicologista de Riggan y su deprimente entorno y el pop fantástico y chabacano de Birdman. De tal manera González (punto I) anula sin quererlo el mecanismo narrativo que propone desde el principio, es fantástico (aún con olor a bolas) cuando le conviene, y cuando no –deus ex machina–  utiliza una piedra real, dura y tangible, para que caiga sobre la cabeza del actor berreta en la ya citada escena de los comienzos, como una forma  arbitraria de acomodar el relato a sus necesidades.

Quien es capaz de traicionar sus propios mecanismos narrativos también lo será de mutar un modesto González a G (punto) para complacer al sector más  tosco del final mercado angloparlante. La necesidad tiene cara de hereje tanto para Birdman-Riggan, como para González o G (punto).

Aquí puede leerse un texto de Nuria Silva sobre la misma película.

Birdman (EUA, 2014), de Alejandro G. Iñárritu, c/Michael Keaton, Emma Stone, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Edward Norton, 119′.

7 Comentarios

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Silvia Gonzalezrespuesta
17/02/2015 en 11:36

No pude pensarla más después de verla. Ahora creo que entiendo por qué :)

18/02/2015 en 08:24

A mí me llamó la atención que Keaton y Norton eligieran este guión. Respecto a la decisión de tomar un cuento de Carver para la obra teatral, ¿para qué meterse con Carver y terminar en una película que nada tiene que ver con Carver? ¿o con ninguna otra cosa? Buena crítica, coincido. Gonzalez Iñárritu pasó a ser impresentable para mí (con Babel acuñé la expresión «estafa al expectador»). Saludos.

18/02/2015 en 08:27

Por otra parte, si lo que se quiere es articular el cuento de un gran escritor, que G. vea la última de Tornatore, La Mejor Oferta. Ahí el cuento de Poe (el jugador de ajedrez de Maelzel) funciona casi casi, como un personaje más. Bello.

Guillermo Galvezrespuesta
18/02/2015 en 16:28

Mezcla rara de 8y medio,Barton Fink y Harvey me pareciò pasable la peli.para lo que hay y por ser Holliwood.

Gastón G. Rodríguezrespuesta
26/02/2015 en 14:33

Ese movimiento que identificás como traición al mecanismo narrativo está legalizado en el guión y de hecho refuerza el tono irónico del film. Luego de que cae el farol en la cabeza del actor malo, Reggan se pregunta cómo va a hacer para reemplazarlo, expresando que no va a venir el mejor actor a tocar la puerta, momento en que aparece el representante exaltado en el camarín diciendo que Edward Norton va a estar interpretando el papel. Otro deus ex machina, PLOP!
Realmente no entiendo el enfoque de la crítica que hacés, Birdman es una rara avis dentro de las películas que llegan al Oscar, está construída con la voluntad expresa de ser entretenimiento a la vez que logra introducir temas -con mayor o menor profundidad- que ni remotamente pasan en producciones contemporáneas del mismo circuito.
Por otra parte, dejás de lado el desafío técnico y artístico que implica filmar en una seguidilla de planos secuencias una película de dos horas. Parece que tu crítica pasara por lo que querés ver y no por lo que fue hecho, no tenés en cuenta el contexto, el sistema de producción, su intención comercial/artística.

Eduardo Rojasrespuesta
29/03/2015 en 01:53
– En respuesta a: Gastón G. Rodríguez

Hola Gastón, recién me fijo en los comentarios y encuentro el tuyo. Tengo que confesar que el hecho de que fuera un farol el que se le caía al actor sobre la cabeza se me había pasado por alto. Yo ví una piedra. Es cierto que esto justificaría la escena y cuestiona mi observación. El resto no lo comparto, la dificultad y/o desafío que signifique filmar en planos secuencia es más que relativa en las condiciones de producción que maneja G. I. Pero ni la dificultad técnica ni el contexto justifican el resultado en ningún caso. No tengo más remedio que remitirme a lo que escrbí sobre Birdman para reiterar mi opinión sobre la película, me parece que toda discusión está demás cuando se trata de gustos, y es claro que Birdman no me gustó más allá de mi error de apreciación sobre el tema del farol.
Un saludo

G.I. Joerespuesta
02/09/2016 en 19:22

Verdaderamente, que parte de tu crítica se base en que el Gonzalez está abreviado me parece una gran estupidez. En realidad, la mayoría de las críticas hacia Iñárritu son sumamente sesgadas. La verdad es que, y mal que les pese, dentro del mercado cinematográfico hollywoodense actual, los filmes de GONZALEZ Iñarritu son un a verdadera bendición, en la que se busca masividad al mismo tiempo que la anulación de cierta mediocridad del espectador. Pero bueno, allá uno con su snobismo.

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