La nueva versión (en este caso animada cien por ciento y con el recurso eficaz del 3D) de Los pitufos es una película con nobleza de corazón y con una intencionalidad menos posmoderna e irónica que las de sus predecesoras respecto al material original. Luego de las dos mediocres versiones que cruzaban animación digital con actores de carne y hueso (Los pitufos, 2011, y Los pitufos 2 ,2013), Los pitufos y la aldea escondida recupera el espíritu de la vieja serie animada que terminó transformándose en un ícono pop para los niños de todo el mundo. Y es justamente en la condición global del fenómeno de Los pitufos donde se encuentra la principal razón para volver a aquella comunidad de seres azules que viven recluidos del mundo y que son perseguidos a perpetuidad por su archienemigo Gargamel.

La protagonista principal de esta nueva historia es la Pitufina quien, junto a otros tres pitufos, Fortachón, Filósofo y Tontín, parten en busca de la aldea escondida -a la que hace referencia el título-, procurando llegar allí antes que Gargamel. En la aldea escondida se encuentran quienes no están en la aldea en la que viven nuestros héroes azules, y estas no son otras que las pitufas. La película se encuentra estructurada en base a una serie de gags que funcionan en su mayoría gracias al magnetismo y el carisma que tienen naturalmente las criaturas creadas por el belga Peyo. Esos recursos cómicos, sumados al buen criterio a la hora de filmar las escenas de acción y a cierto candor infantil bien logrado, tienen como contrapartida que ciertas ideas, que se intuyen interesantes, se quedan en mera excusa para el desarrollo de la acción y que, de resolverse con más tino, hubieran permitido tensionar el imaginario de la serie original: me refiero a ciertos guiños al cómic de Peyo, cuyo espíritu político ya estaba diluido en la serie animada. Esas ideas podrían haber construido un relato orgánico, sin obstruir la dosis de humor o adrenalina a la que la película aspira para sostener su público. Veamos los ejemplos.

En primer lugar, la ausencia de mujeres en la aldea primigenia, que es compensada en la aldea escondida por una comunidad enteramente pitufa, viene a completar, a complejizar (y a modernizar) el imaginario machista de la saga del historietista belga. Ahora bien, el rol de la Pitufina, creada en la serie por Gargamel para destruir a los pitufos, podría haber tenido otra condensación dramática en el guion y la puesta en escena, más allá del mero amague que se observa al potenciar ese rol sacrificial que en parte cumple Pitufina en el relato. En segundo lugar, nunca es resuelta en la película la ausencia de adjetivación de la Pitufina, lo que lograría problematizar su rol de mujer. Todos los pitufos  hombres de la aldea tienen un adjetivo que los define (fortachón, filósofo, tontín, y hasta un simpático pitufo paranoico). A Pitufina, en cambio, solo la define su género y esta ausencia de adjetivación, que a primera vista podría considerarse un defecto, podría haberse convertido en una virtud que definiera a la heroína en sí, y a la trama en su totalidad.

Lamentablemente nos quedamos con las ganas de ver, alguna vez,  una versión de Los pitufos que de cuenta del costado político que tiene la saga original: en el cómic, Papá Pitufo con su gorro rojo representa al  comunismo en su versión a la Stalin, y los pitufos reproducen la idea del gulag en la que nadie abandona la aldea sin alguna consecuencia; incluso la figura de Pitufo Filósofo encuentra notables similitudes con la figura que el régimen stalinista reprodujo de León Trotsky. Esta interpretación se encuentra detallada en el libro Le petit livre bleu: Analyse critique et politique de la société des Schtroumpfs (Ed. Hors Collection), del escritor Antoine Bueno en el que se decodifica el universo pitufo señalando estos aspectos (y muchos otros) que revelan una profunda incorrección política y una postura inequívocamente conservadora (al igual que  en el Tintín del también belga Herge, en el que hay aventuras claramente racistas como Tintín en el Congo). Para pensar en una versión políticamente incorrecta de Los pitufos faltaría desde ya  poseer un coraje que la industria se encuentra tan lejos de poseer como Gargamel se encuentra lejos de terminar de una buena vez con estos seres azules.

Los pitufos en la aldea escondida (Smurfs: The Lost Village, EUA, 2017), de Kelly Asbury, 90′.