Por Miserere o “existencialismo del Once”, por Lía Chamorro

La Nochebuena, víspera de la  Navidad, es un momento de reunión con otros en el que a veces no hay mucho que festejar, sobre todo si se recuerda a los que ya no están. Para muchos es mejor pasarla rápido y salir indemne de los malestares entre familiares. Para los católicos,  tal vez signifique cierta esperanza y una oportunidad para los milagros.

Por Miserere transcurre en la Nochebuena de una remisería del barrio de Once. Dora, su dueña, acaba de separarse de su marido, escapa de su hogar y pasa las noches en el sillón destartalado del local. La remisería es el micromundo en el que se mueven personajes de barrio fácilmente reconocibles, cuyos conflictos también son del común: la esperanza de dar el batacazo con la timba, la competencia entre los hombres, la soledad, los deseos incumplidos.  

Por los cuatro ambientes que conforman la remisería “Ayelén” -el mostrador (ubicado en una especie de trastienda), el living-comedor, el baño y el kiosco (que Dora deja como herencia a su hija)-, los personajes (Dora; dos remiseros jóvenes, Ricardo y Martín; José, el remisero más antiguo; Vanesa, esposa de Ricardo y la hija de Dora) se encuentran, se evitan, conversan, comen y atienden algún pedido de la remisería. Todo transcurre en un cotidiano en el que los conflictos circulan subterráneos, crean un clima de tensión que asoma de a ratos, efímero. Sin embargo, los personajes no “se dicen verdades”, no “sacan los trapitos al sol” propio del realismo más clásico. Durante el encuentro entre antagonistas se habla de cualquier cosa menos del conflicto, o se calla, y los silencios significan más que las palabras. La puesta en escena acompaña esa lógica: el kiosco, el baño y la trastienda permiten las idas y venidas, la simultaneidad de situaciones en las que la principal, en el living comedor, se matiza con una secundaria que ocurre en otro ambiente.

Dora es el único personaje que acciona, el que es capaz de patear el tablero, el que hace tambalear el equilibrio entre los demás, desestabiliza ese micromundo. La huida en Nochebuena es la ausencia que repone la presencia del afuera, el barrio de Once, la plaza Miserere. La espera de alguna noticia suya en la remisería pone de manifiesto la reunión forzada alrededor de la mesa navideña, en la que los secretos y tensiones -la bronca entre los remiseros por cuestiones de negocios, las mujeres que se disputan a uno de ellos- dinamita el aire. 

Los personajes de la remisería “Ayelén” no son personajes heroicos, son “tan cobardes” como las personas lo son en la vida. Cada uno lidia como puede con sus deseos, frustraciones y miserias. La misma Dora no pretende aleccionar a los demás. Para ella, la Navidad no es un tiempo de milagros; a pesar de haberse separado, y de tener la oportunidad de una nueva vida con Martín, se encuentra aturdida por su decisión. Dora regresa de vagabundear por la plaza, de compartir una pizza con los linyeras a quien lavó los pies en un gesto de humildad. Dora habita la intemperie, es una desesperada más de los tantos de la plaza Once. Con su regreso, todo parece volver a la normalidad, o casi, lo que podría llegar a rebelarse o a explotar no explota, cada jugador vuelve a su posición en el tablero. Aunque la obra cierra con la misma escena del comienzo, repica en el aire la pregunta por si se vuelve del mismo modo del desamparo y de la ruptura con uno mismo.

Por Miserere (Argentina, 2019). Dramaturgia: Verónica Schneck. Actúan: Roberta Blázquez Calo, Daniel Di Cocco, Juan Manuel Maciel, Pablo Peverelli, Amelia Pugliese, Viviana Resnik. Escenografía: Laura Echegoyen. Iluminación: Ricardo Sica. Asistencia de dirección: María Pastur. Dirección: Verónica Schneck. Espacio Sísmico. Lavalleja 960. Sábados 20.30 hs.

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