Puro sexo: Cuesta abajo, por Marcos Vieytes

vlcsnap-2016-10-17-05h37m14s72I. Cuesta abajo es puro sexo. Yo era un nene cuando la vi por primera vez. Mi abuela materna adoraba a Gardel y cantaba sus tangos a capella en Polvaredas, un pueblo cercano a Saladillo. La oí cantar solamente junto a la cocina a leña, mientras escuchaba la radio, pero sé que lo hacía de joven, en medio del campo, cuando aún la radio se lo devolvía (en) vivo. Lo supiera o no, ese chico que era yo por entonces estaba caliente con Mona Maris, a la que Gardel ahorcaba mientras le decía «perra» porque en el cine de entonces no se mostraba a los personajes coger pero sobre todo porque esa mujer era «libre». Las piernas interminables, el acento extranjero en la voz ronca, la manera de fumar, el vestuario a lo Valentino que bien podría pasar por cuero y algunos accesorios más eran un combo irresistible para hombres y mujeres, como pasaba con la Garbo o la Dietrich. vlcsnap-2016-10-17-03h55m57s10Cuando entra al café, sopla el humo de su cigarrillo en la cara de la chica buena que está detrás del mostrador y le dice «mosquita muerta», todos sabíamos que el pecado tiene razones que la razón no comprende. Cuando se va del café con dos machos no sólo estamos ante un trío de aquellos, sino también ante una provocación a la figura de Gardel, que solía cantar con dos o más mujeres de adorno. Pero las de Gardel eran novias, por más que fueran 25 rubias de New York en una pieza de hotel y el tipo se pusiera a cantar por no empezar el gang bang a los tiros.

II. Anita Campillo, la novia buena, se queda hablando sola en su casa, como le pasa a todas las novias buenas, mientras Mona Maris le sopla el novio además del cigarrillo. Pero en esa escena sucede algo magnífico: una sombra se proyecta en la pared de la pieza y escuchamos la voz del padre con acento español vlcsnap-2016-10-17-04h05m47s24(acá todos tienen acento porque en Nueva York, donde fue filmada, conseguían al primero que pasara para que hiciera de argentino) que le pregunta por qué no se durmió todavía o algo así, con un acento ligeramente español. La primera vez que la escuché pensé que era la voz de Gardel. Delirios míos, me dije en seguida, ganas de asociar la figura del hombre deseado por esa mujer con la de su padre. Como no hay contraplano no vemos la fuente de ese voz. Pero una vez que la sombra del padre desaparece, la novia buena habla sola mirándonos, y en su soliloquio le pregunta a Carlos si volverá. Y Carlos, que está en el departamento de la vamp, le contesta! La voz del padre y del hombre quedan entonces hermanadas por la ausencia del emisor en el campo visual. De yapa, la voz sin cuerpo de Gardel contesta desde atrás de la cuarta pared, que es la nuestra. Por un instante nos presta su voz. vlcsnap-2016-10-17-04h44m15s54Por un instante nosotros también somos Gardel. Como si el cine nos cumpliera ese sueño que muchos de mi generación tuvimos, en el que Diego, Gardel de la pelota, nos hacía jugar un picado en su equipo.

III. «Levantá la cabecita, vení», le dice Vicente Padula a la mujer de turno, vlcsnap-2016-10-17-05h53m56s153que en el vaivén del alcohol ha ido a parar donde no debía, como aquel que en el tango veían pasar del brazo con quien no debía pasar. Para colmo de males, cuando le alzan la cabeza agarrándola del pelo, Gardel le grita «Loca» en la cara. La violencia sexual de la escena se prolonga en la violencia entre hombres de la siguiente, en la que Padula, amigo de Carlos que es como un «hermano» por más pinta de matón que tenga, desenfunda y un ramalazo noir agita el plano antes siquiera de que el género existiese. La configuración de los personajes es notable: esos eternos estudiantes románticos presentados al principios son dos niños bien mantenidos por sus familias que viven de joda. Más aún el de Gardel, que llega a prostituirse bailando con una yanqui gorda. El imaginario de estas películas, así como el de las sonoras argentinas de la década del 30 que transcurren en la Capital, es primo hermano del cine francés de esa década, que tendrá su prolongación en el policial de los 50 y en el polar, más allá de que Gardel haya nacido en Francia y esta película haya sido filmada por un francés. Hasta cuando uno mira French Can Can de Jean Renoir, ya avanzados los 50, puede hacer una traslación de esa historia al ambiente porteño finisecular, con arquetipos, espacios y hasta géneros musicales sometidos a procesos y cambios sociales dignos de comparación.

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