Después de 30 años de ausencia –su último estreno fue Dust Devil (1992) –, Richard Stanley regresa al cine con una transposición del cuento “El color que cayó del cielo” de H. P. Lovecraft. La historia sigue de cerca el cambio de estilo de vida que adoptó la familia Gardner, alejada del bullicio de la urbanización citadina y sumergida en las bondades rurales, mientras ordeña alpacas, cosecha frutas y verduras e ingiere agua cristalina de un pozo. Una noche, la tranquilidad campestre se ve alterada por la presencia de una luz intensa de color violeta que ingresa por las ventanas, y por el sonido hueco de una explosión. Un meteorito cayó en el campo de los Gardner y provocó que los animales asuman comportamientos extraños, el agua se contamine y la relación endogámica familiar se recrudezca y adquiera tintes de violencia.

El color es un personaje más dentro de esta historia, es el monstruo que acecha y genera una modificación en la entidad psicológica y social de la familia. El color, en el cuento de Lovecraft, equivale al ingreso en un mundo más allá de la palabra, a aquello que no puede describirse con facilidad, a lo que no puede traducirse en ninguna otra cosa, a lo innombrable. Sin embargo, en la película de Stanley, el color que se mete por las grietas de las ventanas revela diversos efectos de luz, deslumbra con su violeta y fucsia intensos, avivados, como láminas de luz que rebotan hacia abajo y expanden el espacio, atravesando la contextura física de los protagonistas. Reflejos y manchas de luz violeta comunican a los seres humanos con un mundo ancestral y alienígena.

El trabajo con el color propuesto por Stanley es notable, maravilloso y plausible. La estética de la película, desde este elemento, encuentra su ligadura con Mandy de Panos Cosmatos, quien inauguró, a mi criterio, una nueva manera de construir experiencias lisérgicas y alucinógenas en cine, sin por ello convertirse en películas sobre adicciones, sino en íntegros relatos de ciencia ficción y terror. Mandy se caracterizaba por presentar una estética psicodélica rojo furiosa y por mantener una relación intertextual con las páginas de una novela gráfica o cómic. Color Out of Space es un juego de rayos láser de luz violeta que se infiltra en imágenes campestres idílicas, nostálgicas, aproximándose a una estética hippie-chic tridimensional.

El monstruo, bajo la simplona inocencia de un color, adquiere una figuración antropomórfica parecida a la de una langosta arácnida que cuenta con la capacidad de volar y torturar humanos. Asimismo, podríamos establecer que el monstruo no es ese bicharraco desagradable y repugnante, sino el atractivo, envolvente, hipnotizante y sugestivo color violeta, vibrante y enigmático como él solo, al que queremos dejar de dedicarle atención, pero no podemos dejar de hacerlo. En este sentido, ese insecto alienígena es simplemente un placebo, un bufón, un subterfugio, que también está siendo poseído por los artilugios del color. El violeta que te atrae como un imán y te exhuma la piel, dejándola en carne cruda, al ojo de todos. Que también te quita la razón y provoca un desequilibrio mental in crescendo.

La actuación de Nicolas Cage es realmente destacada. Su incursión en el género fantástico – Mom and Dad (Brian Taylor, 2018) y la mencionada Mandy –le ha posibilitado mostrar una faceta mucho más jugosa de su lugar como actor al interpretar personajes que, luego de una gran pérdida o por efecto inesperado de un color, devienen psicóticos, locos, extremadamente agresivos. En Color Out of Space lo veremos comer y escupir tomates deformes de manera compulsiva, gritar y golpearle un auto que no quiere arrancar y tener una obsesión con las alpacas.

En en definitiva, la transposición fílmica del cuento de Lovecraft tiene como problemática principal la endogamia familiar. Un matrimonio con contradicciones, un hijo adolescente que se la pasa fumando porro, un niño pequeño demasiado apegado a su madre y una hija adolescente que se viste con ropas oscuras, lee y practica los rituales de Necromicón y, en un arrebato, es considerada una “puta” por su madre por el short corto que lleva puesto. La violencia familiar, solapada bajo la agradable vista campesina, es iluminada una noche por ese color que cayó del cielo. Color que no puede describirse por el incesante temor que produce.

Calificación: 9/10

Color Out of Space (Estados Unidos/Portugal/Malasia, 2019). Dirección: Richard Stanley. Guion: Scarlett Amaris, Richard Stanley, H.P. Lovecraft. Fotografía: Steve Annis. Montaje: Brett Bachman. Elenco: Nicolas Cage, Joely Richardson, Madeleine Arthur, Elliot Knight. Duración: 111 minutos.