Por suerte pasó fin de año. Durante los últimos seis meses del 2017 se hizo muy difícil hablar sobre películas, buenas, mediocres y malas. Más allá de la situación del país, el INCAA fue intervenido mediante dos operaciones mediáticas berretas que dejaron de lado la rigurosidad periodística y escracharon funcionarios sin argumentos sustentables: en el programa de Alejandro Fantino se dio la más burda operación dirigida a un público desentendido de la cuestión puntual. Los pobres argumentos del Ministro de Cultura, Pablo Avelluto, dejaron entrever una cuestión ideológica, y la arenga del Secretario de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, en el programa de Majul confirmaron que detrás se encuentran directivas del gobierno de Cambiemos -tener a un ministro corroborando los inexactos datos es una señal clara-. Y, para colmo, el día posterior a este informe infame se publicó la Resolución 942.

Nosotros entrevistamos a María Victoria Menis y a Juan Villegas, quienes nos dieron una idea del conflicto desde posiciones, si bien no enteramente contrapuestas, no alineadas. También le pedimos una entrevista a Axel Kuschevatzky para tener la voz de un productor de películas que trabaja con presupuestos importantes, pero jamás nos respondió.

Nos llenamos lentamente de un triste asombro: en general la crítica se dedica a discutir si Zama es genial o Alanis es la película del siglo. Atacar o defender a Star Wars o el ejercicio pajero de la lista de fin de año. Claramente no está mal, aunque resulta extraño con tantas anomalías ya desatadas.

Encima, en agosto del 2017 se anunció que Fernando Enrique Juan Lima era el flamante vicepresidente del INCAA. Sí, un crítico por primera vez ocupa un puesto en la cúpula del Instituto. Lima fue compañero de varios de nosotros en la revista El Amante. Un tipo cordial, siempre bien predispuesto. Nos llamó la atención la originalidad del gobierno al convocarlo, pero también vimos una gran oportunidad: por fin íbamos a tener la posibilidad de hablar, que nos expliquen de que se trata la Resolución 942, la normalización de las cuentas y desmentir todos los transcendidos que decían que había una caza de brujas. Le hicimos el pedido formal de una entrevista. Nos pidió unos días, ya que lo tenía que hablar con el sector de prensa del instituto. Nos pareció sensato. Pasó un tiempo y nada. Volvimos a contactarlo para poder concretar la entrevista y nos clavó el visto. Silencio hasta el momento. Cerraron el Arte Cinema Constitución, abrieron el Cosmos y anunciaron que no iban a dar más créditos para películas por lo menos en el 2018.

En diciembre se publica una entrevista a Haiek y Lima en Infobae, sin firma, donde publicitan su gestión y sus deseos, pero no hay repreguntas, no hay compromiso real en sus palabras, solo son palabras.

Por todo esto decidimos publicar esta nota y continuar con diferentes entrevistas e investigaciones acerca del futuro inmediato del cine argentino durante el 2018.

Modernidad chirla: la situación del INCAA de Haiek y Lima.

El 21 de diciembre del año pasado fue publicada en el portal de Infobae una nota anónima en la que se transcribían de forma poco ortodoxa las palabras de Ralph Haiek, quien preside actualmente el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y su benemérito vicepresidente, Fernando Juan Lima. Dado que no se nos ha concedido respuesta a la propuesta de entrevistar al señor vicepresidente, debemos, por lo tanto, acudir a sus palabras plasmadas en otros medios.

«Nuestro objetivo principal es bastante simple de decirlo pero muy difícil de concretarlo: básicamente lograr un INCAA moderno, ágil y transparente, que es también el objetivo de todo el Estado argentino”, comienzan, marcando que el INCAA se perfila bajo la misma línea neoliberal del gobierno -y, cómo no, si ambos presidentes son amigos de la infancia-, por lo tanto, la modernidad, la agilidad y la transparencia de la que hablan en la entrevista no es más que un eufemismo para definir ‘rentabilidad para algunos’. El nuevo plan de fomento instaura una burocracia tal que filtra a las pequeñas y medianas productoras (90% de la producción local), porque quedan fuera del juego económico que sería, además, administrado ya no por el INCAA, sino por un ente bancario que evaluará el presupuesto de la producción y las garantías que presenta. Digamos en criollo que el aparato logístico para responder a los requisitos de los bancos perjudica sensiblemente a las productoras más modestas, muchas veces conformadas por el propio director y algunos amigos, que no tienen como objetivo central la rentabilidad económica de las películas. Y que, además, estamos hablando de una cuantiosa caja de efectivo que le viene muy bien a los bancos para consumar diferentes negocios (ejecutado el presupuesto, tal como se anuncia, muchos deberán recurrir a créditos dejando en las arcas financieras una razonable renta por dicho trabajo).

Es decir, la agilidad es recorte -en todo sentido de la palabra-, y desligamiento. Todo esto da como resultado que la diversidad de la cual Lima hablaba allá por el lejano 11 de agosto del año pasado, en la entrevista que le realizó Luciano Sáliche para Infobae, quede en la nada. Todo el tiempo se habla de reducir el número de películas producidas, de sacar las “películas que no mira nadie”, como desde La Nación vienen fogoneando desde el año 2014 en su portal, con una investigación de La Nación Data, sin autores y ya fuera de línea. “¿Cuánto cuestan las películas que no miramos?” se titulaba, sin hacer mención al hecho de que el INCAA es un ente autárquico. Ahora bien, el origen de ese informe haragán es obra de Javier Porta Fouz, director del Bafici, critico de La Nación y empleado de la plataforma online Qubit que dio origen a esta original mirada viciada de un sesgo ideológico encubierto que hoy no figura publicada en ningún lado con su firma.

El objetivo principal reproducido al comienzo de la nota es un objetivo que, por otra parte, calculan cumplir en su totalidad en el 2020, perfilándose para un nuevo mandato, es decir, apelando a la necesidad de más tiempo en el poder como excusa para justificar las malas decisiones que tomaron en el pasado y toman en el presente. Es la esperanza en la eterna promesa del segundo semestre. Mientras tanto, Lima habla de las salas que han abierto, pero no de las que han cerrado, asimismo sucede con los Festivales. Según la nota a cargo de María Daniela Yaccar, publicada el 29 de diciembre en el portal de Página 12, se “abren salas nuevas” -como dicen Haiek y Lima-, pero “el Estado sólo aportaría los proyectores, cuando haría falta una gran inversión.”

Raro resulta, al menos, dejar desaparecer al Arte Cinema Constitución completamente equipado para iniciar un proyecto desde cero, si fuera lo que más conviene deben tener los argumentos

En la transición entre las salas antiguas que cierran y las nuevas que abren hay toda una intención de desligamiento financiero, de soltada de mano, de desfinanciación hacia la cultura. La nota de Página 12 deja en claro que el espacio que se cerró no fue subsanado por otro espacio. Yaccar también remarca que se ha intentado comunicar con el Instituto sin recibir -ella tampoco-, respuesta. Habría que preguntarse dónde está el diálogo del que hablaba Lima en la entrevista dada a Sáliche.

«Nuestra idea es aprovechar nuestra marca, nuestros recursos y alinearlos». Haiek y Lima obvian decir qué perfil tiene la “marca” -palabra ligada al mercado, que denota un perfil para unos pocos -, y hacia dónde irían alineados. Se supone que hacia la modernidad y agilidad de la que hablan antes, pero no hay nada concreto más que las esperanzas de esas palabras vacuas. Lima hace mención a la cuota de pantalla y a trabajar sobre ella, pero no se explaya lo suficiente sobre el tema como para dejar en claro su plan, algo por lo menos sospechoso, siendo una cuestión tan sensible dado que es de ahí de donde el Instituto obtiene parte de sus recursos. Cuando se destaca que quieren poner énfasis en la distribución y la exhibición, no se dice qué están haciendo para llevar a cabo esas etapas. Se habla, sí, de un récord de producciones. No obstante, es necesario marcar que las películas estrenadas en estos años, dados los tiempos de producción, seguramente no han obtenido los créditos durante la gestión de Haiek y Lima. Habrá que esperar el boletín oficial anual del INCAA para corroborar los datos y, sobre todo, habrá que esperar este año y el siguiente para ver el impacto real de la Resolución 942.

Lo importante es mantener el ánimo positivo porque todo va bien y mejorará, aseguran sin dar datos claros sobre qué proyectos concretos se manejan y de qué forma esa modernidad se manifestaría beneficiosa para el cine nacional. Palabras vanas que no encierran significados sino promesas líquidas que se desmienten ante los hechos perpetrados. Mientras se habla de modernización, agilidad, récord de producciones y de salas en unión con las políticas que lleva a cabo el Estado, se acaba de achicar la TDA, dejando a muchísimos usuarios sin acceso a una grilla de canales –como medio de información, de cultura, de inserción-, y a 180 personas sin trabajo. Despidos que se suman a los que se vienen consumando en el INCAA desde mayo del año pasado y que culminó el año sacando a Fernando Martín Peña de la histórica Filmoteca en Vivo, que funcionaba de manera gratuita en la ENERC. Intimaciones para jubilarse, recortes de contratos y la llegada de una nueva ley que regule “retiros voluntarios”… todo va en sintonía con el plan de dotación óptima del Ministerio de Modernización. Es una política de ajuste que hoy avasalla a la cultura toda. En este clima, todo acto de modernización es un acto de barbarie.