Philip-K.-Dicks-Radio-Free-Albermuth-Poster-High-ResolutionLos postulados de la ciencia ficción anticipatoria se confirman o desmienten. La obra de Philip K. Dick se coloca fuera del tiempo, por eso no envejece. La actualidad de la literatura de Philip K. Dick tiene menos que ver con su imaginería, planteada en los argumentos de sus novelas, que con la sensibilidad específica con la que aborda esos argumentos. Es cierto que sus argumentos son fascinantes y deliciosamente enrevesados. Es cierto que ha tenido ocurrencias brillantes. Sin embargo (y sin desmerecer esos méritos) tarde o temprano esas mismas ideas acabarían surgiendo en un momento u otro de la historia de la ciencia ficción y de la literatura. Incluso pienso que no ha sido un autor tan original o fundacional como Herbert Wells o Julio Verne. Sin embargo, supo desarrollar una sensibilidad que lo hace verdaderamente único y que lo posiciona en un lugar de privilegio. Desde ese lugar continúa ejerciendo su influencia y pienso que continuará haciéndolo por largo tiempo.

Si uno lo piensa, no hay nada tan original en casi ninguno de los tópicos con los que se asocia al autor. Lo original es que, detrás del argumento, siempre existió y existe una sensibilidad de índole espiritual. El tema de los robots super inteligentes y los androides sensibles es patrimonio de Isaac Asimov. Realidades alternativas y mundos paralelos, amenazas alienígenas y fuerzas psíquicas invisibles. Todo supo ser planteado entonces. Alfred Van Vogt, Theodore Sturgeon. Hasta la preocupación religiosa fue explotada por su compatriota y amigo Roger Zelazny.

Una vez más, si bien esos mundos forman parte de la obra de Philip K. Dick, no constituyen razón suficiente como para considerarlo uno de diez mejores escritores del siglo XX, como supo decir Roberto Bolaño. Entonces, ¿qué es lo que hace a Philip K. Dick tan especial?

Pienso que lo que lo hace tan especial es que realmente nunca le interesó el género de ciencia ficción. Todos los grandes escritores del género, lo entendieron y cultivaron con una consciencia que, si me apuran, diría que es clasista. Philip K. Dick no intentaba escribir ciencia ficción, simplemente no podía evitarlo y quizás ahí es donde la obra de Kurt Vonnegut y la obra de Philip K. Dick coinciden.

Jorge Luis Borges decía, a propósito del género gauchesco, que sólo los malos escritores tienen constantemente que denotar que un gaucho es un gaucho. A los buenos, no les hace falta. Por eso la única ciencia ficción que me interesa es la accidental y quizás por eso, también, pienso que Philip K. Dick no tuvo un digno heredero aún. La búsqueda de Philip K. Dick fue una búsqueda espiritual, expresada en la coexistencia posible de diversas realidades.

Por otra parte, incluso esta sensibilidad religiosa fue mal leída y mal interpretada. Si bien es cierto que resulta un aspecto fundamental de su obra, tampoco la define. A medida que he leído y releído a Philip K. Dick, pienso que lo más interesante es la manera en que se las ingenia para siempre plantear una duda respecto a los acontecimientos. La sensación perdurable e inconfundible de que la realidad no es una única cosa, sino que se compone de varias capas y factores. Pienso que eso, a fin de cuentas, es una toma de posición filosófica ante el mundo. Philip K. Dick es, tal vez, el último filósofo relativista.

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No se trata tanto de que no sepamos bien qué es la realidad o de que la realidad parezca una cosa y al final sea otra. Más bien, se trata de que desconocemos el alcance total de los actos cotidianos (hasta desconocemos el alcance de nuestro inconsciente) y todo lo que hacemos y pensamos repercute de manera efectiva en el mundo. Si no es en este, será en algún otro mundo. Pero también pasa que este mundo y los otros mundos están interconectados, y la influencia es recíproca.

Aunque numerosas, las adaptaciones cinematográficas no le han hecho honor al autor. No consiguen reflejar su mística. Sin embargo (y aunque el resultado tiene una calidad discutible) Radio Free Albemuth se direcciona en la posición correcta. Sería interesante analizar la razón por la que fallan sus adaptaciones en cada caso específico. Mi teoría es que los guionistas o directores que se proponen adaptar al autor no son lectores comprometidos con su obra y por eso mismo fracasan (con la excepción de Richard Linklater y su genial A scanner darkly). Aunque, paradójicamente, Blade runner es una película brillante y Ridley Scott confesó no haber leído nunca a Philip K. Dick.

En cualquier caso, se nota que los realizadores de Radio Free Albemuth leyeron el libro y lo estudiaron a fondo. La diferencia salta a la vista. No inventaron una historia de amor para hacer la película más comercial, no modificaron el final para forzar un happy end. Se limitaron a respetar el texto original y eso me parece meritorio y excepcional. Es curioso pero, de todas las adaptaciones cinematográficas que existen sobre la obra de Philip K. Dick (ya van 15 y contando), sólo A scanner darkly y Radio Free Albemuth son adaptaciones fieles. No digo que sean las mejores, pero sí que son las únicas que respetan el texto original sin modificar prácticamente nada.

En Radio Free Albemuth, el propio Philip K. Dick es un personaje que hace de sí mismo: un escritor de ciencia ficción un tanto paranoico. Es amigo de Nicholas Brady, que últimamente ha tenido experiencias paranormales. Philip K. Dick contará la historia de su amigo, que también es su propia historia. Nicholas Brady tiene sueños reveladores que le sugieren que tome ciertas decisiones un tanto arbitrarias. Se muda junto a su esposa a otra ciudad y consigue trabajo en una compañía discográfica. Un día conoce a Sadassa Silvia, quien, a su vez, tuvo visiones similares a las de él. Juntos se proponen lanzar al mercado un hit musical que contenga mensajes subliminales, subversivos y revolucionarios. Sin embargo, un grupo secreto del gobierno los vigila de cerca y hará sus vidas imposibles.

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Mientras tanto, un satélite envía mensajes telepáticos a través de rayos color rosa que atraviesan la galaxia. Realmente existe una facción subversiva llamada ARAMCHEK, que también es el apellido de soltera de Sadassa Silvia y quizás el presidente, tan conservador y fascista, es un comunista encubierto. Con estos elementos, más algunas subtramas y pequeñas historias sin ilación (pero sumamente jugosas y autobiográficas), termina de constituirse Radio Free Albemuth.

Tal como sucede con casi todas las adaptaciones de la obra de Philip K. Dick, la materia prima con la que trabajan los realizadores vale oro pero, por alguna razón, el resultado no llega a expresar todo su potencial. En este caso, diría que -no obstante- es un buen intento. Los efectos especiales son de una calidad bajísima, pero eso podría ser una virtud, en lugar de un defecto. El gran problema que tiene es la falla en el ritmo, en la elección de los actores, e incluso en la puesta en escena, que se empantana irremediablemente, ralentizándolo todo. Por momentos luce casi como una parodia o como el trabajo de estudiantes de cine. No digo que le falte acción (A scanner darkly no tiene acción y es brillante), lo que quiero decir es que la película debe mantener cierta coherencia. En Radio Free Albemuth todo sucede porque sí. Lo fantástico y lo natural transcurren sin consecuencias. Quizás el error fue adaptar un libro que forma parte de lo que podría entenderse como una saga (compuesta por Valis, La Invasión divina y -sujeto a discusión- La transmigración de Timothy Archer) en la que ni siquiera es la primera entrega, por lo que hay una incoherencia cronológica en esa decisión que quizás afecta el resultado.

No hay caso, adaptar a Philip K. Dick es complejo, pero maldita sea que vale la pena intentarlo.

Radio Free Albemuth (EUA, 2010), de John Alan Simon, c/Shea Wigham, Jonathan Scarfe, Michael Rothhaar, Katheryn Winnick, 111′.