Enfrentarnos a una película de aventuras presupone estar preparados para lo espectacular, para grandes acciones, combates, explosiones, persecuciones y, por qué no, para exageradas maneras de superar situaciones de riesgo. Los personajes de una película de aventuras, entonces, resolverán las situaciones de maneras poco ordinarias. A su vez, en las películas más taquilleras del género que han tenido secuelas, la escalada de recursos que agranda la magnitud de las acciones pareciera ser una demanda del público. Así, si en Duro de matar Bruce Willis no hubiese derribado un helicóptero con una explosión, quizá no hubiese sido necesario que en la cuarta derribe a otro con un auto. Lo que se busca es impresionar, superar lo normal, lo que todos ya vimos o presuponemos que puede pasar. Si a este personaje ya lo vimos antes haciendo una locura, en una continuación tiene que ser más zarpado.

Así, más preocupados por los chiches y la espectacularidad, las películas de acción y aventuras relegan (por lo general demasiado) la profundidad de la trama. No es que no la tengan, pero es más difícil encontrar películas en las que el peso de la historia y el peso de las situaciones de acción sean equilibrados. Modo Supervivencia, uno de los recientes estrenos de Netflix, sorprende con un balance más que interesante.

Modo Supervivencia no deja de ser espectacular: tiene explosiones, combates, persecuciones y todos los condimentos de la acción. Pero el suspenso, la sorpresa y los giros inesperados son los que fortalecen su narrativa. Durante la secuencia inicial, la película nos engaña con elegancia, o nos preparara en simultáneo para el contexto y para ahorrarnos especulaciones. Todos los elementos necesarios que se presentan en esos minutos iniciales casi imposibilitan presuponer hacia dónde irá la acción, y ese es un acierto narrativo. Poder incrustar con sutileza los elementos físicos y narrativos necesarios para desencadenar la acción, es un gran porcentaje del éxito. Modo Supervivencia lo logra, incluso con los personajes y su protagonismo. No hagan apuestas porque las van a perder.

A tono con los tiempos que vivimos, la película dirigida por el canadiense Patrice Laliberté plantea un inminente colapso climático que generaría un caos civil. Sus personajes entonces se encuentran en una fase de entrenamiento para afrontar esto que se viene. En este primer vistazo, ninguno de ellos llega a la exageración ni al cliché. Incluso cuando creemos que alguno se destaca por encima de otro, terminamos notando que todos juegan para la película y no para construir un personaje de póster o un sostén de una secuela.

Modo Supervivencia se cocina lento, haciendo olvidar al espectador la expectativa de un acción espectacular. Cuando empiezan las explosiones, la sangre y las acciones vertiginosas, resultan pertinentes y fluyen con gracia, lejos de lo injustificable. Es una película corta, pero con profundidad y fluidez. No hay derivas secundarias, lo que tenemos es una situación muy bien construida, con personajes de notable realismo, dotados de reacciones muy creíbles. En varias oportunidades, la película sorprende esquivando los lugares comunes en las resoluciones. Los escenarios también juegan, Modo Supervivencia se disfruta por el uso que hace de la naturaleza y sus paisajes. Los personajes están encerrados en la inmensidad, en ese confín nevado y remoto, y la película construye muy bien el acecho, los peligros y la crudeza. Es una película de cámara, pero en una extensión de doscientas hectáreas.

¿Cuál es la trama de Modo Supervivencia? Como el título lo dice, los personajes se ven sorprendidos por sucesos imprevistos y deberán sobrevivir y escapar de los peligros. Los personajes son ocho en total, y con la primera muerte ya empezamos a imaginar quién será el próximo. El horror se hace presente, y a medida que avanza deja de estar latente para invadirnos. Pero la película no es burda generando situaciones forzadas para conseguir que lleguen dos sobrevivientes al final o para mostrar muertes espeluznantes. Lo que propician esas muertes que inevitablemente ocurren no es el género, no es el deber de cumplir con sangre y tripas, sino el desarrollo de la lógica de la historia que va consumiendo a los protagonistas.

Como anticipamos, la película propone personajes preparándose para un colapso climático mundial, o del orden de la naturaleza, y el consiguiente caos social. Como también dijimos, algo muy oportuno en estos tiempos de coronavirus. Entonces estos ocho tipos están perfeccionando sus capacidades para sobrevivir, para autoabastecerse, para alimentarse, y hasta incluso para la defensa armada y física de su propiedad privada. Si la película intenta bajar un mensaje, cuando lleguemos a la resolución no quedarán dudas. Prepararse para sobrevivir es prologar lo inevitable, el error humano y su naturaleza autodestructiva. Quizá esa sea la única pista a la hora de descifrar el real protagónico de esta película, el vencedor. Cuando las charlas entre los ocho parecen triviales, en una de ellas, una mujer ex militar comenta que dejó su profesión porque tomó una mala decisión y abandonó a alguien. Es ese el mensaje de la película: cambiar el modo de relacionarnos. No hay que prepararse para el desastre. Hay que cambiar los hábitos, las costumbres.

Resulta placentero toparse con una película cargada de aventuras y acciones espectaculares que, una vez finalizada, nos permita afirmar que no contiene bolazos, exageraciones ni secuencias de más. Hay que decir que, dado el contexto en el que se estrena, temáticas como estas o parecidas se toman diferente, se vuelven más serias, menos espectaculares, o generan un poco de angustia. Pero Modo Supervivencia no nos caga la cuarentena, y el contexto funciona ahí, en la presentación del problema. Después nos olvidamos que hace veinte días tenemos los ojos clavados en Netflix. Y también nos olvidamos del nivel pedorro de la mayoría de las películas que suele estrenar. Tiene detalles objetables, sí, pero la película funciona muy bien. Quizá el relax imprudente y ridículo de los personajes en la anteúltima escena sea lo único que atente contra la credibilidad. También es innecesario el resumen final, que le quita al espectador el placer de digerir solo lo que acaba de ver. Quizás los planos cenitales del final sean innecesarios, y el cierre podía concluir en los planos americanos, que tan bien acompañados por ese piano denso dimensionan la profundidad del horizonte que se pierde, y de la película que acabamos de disfrutar.  

Calificación: 6.5/10

Modo supervivencia (Jusqu’au déclin, Canadá, 2020). Dirección: Patrice Laliberté. Guion: Charles Dionne, Nicolas Krief, Patrice Laliberté. Fotografía: Christophe Dalpé. Montaje: Arthur Tarnowski. Elenco: Marc Beaupré, Réal Bossé, Marilyn Castonguay, Guillaume Cyr, Isabelle Giroux. Duración: 83 minutos. Disponible en Netflix.