Elegía: forma lírica, poética, que transmite algún tipo de lamento… la pérdida de lo irreparable… que anhela lo perdido… que potencia lo que duele… lo que fue y ya, tristemente, no es.

Elegía: forma lírica, poética, para definir un presente irremediablemente peor en comparación a un pasado mucho mejor.

En la elegía, entonces, o como una elegía, nace y, sobre todo, hace nido el documental Reset de Alejandro Hartmann. En la elegía de que quien fue Fabricio Oberto y de quien hoy en día, ya no es. En la elegía de recordar un pasado lleno de gloria deportiva en comparación a un presente confuso de actividades varias que llenan el tiempo más que otra cosa, y en ese llenar el tiempo es que el tedio, la abulia, el aburrimiento (de uno mismo) entra en cortocircuito con un pasado, que, al parecer, entre entrenamientos, partidos y campeonatos, era todo lo contrario.

Por ello, todo es (¿debe ser?) elegía en el documental que protagoniza en una primera persona exclusiva, casi, Fabricio Oberto: él es el que entrevista, él es el que canta con su banda de rock a la que apenas se muestra, él es el que sale con su chata cada mañana, él es el que estudia canto, él es el que viaja al Sahara con Tim Duncan para cruzarlo en moto, él es el que no sabe ponerle una carnada a la caña de pescar, él es el que vuelve con su chata a su casa cada noche, él es el que muestra cómo su corazón fue, literal y clínicamente, parado -y dos veces- para ser reseteado. Él es el que muestra cómo ese corazón que supo ser y por el cuál obtuvo campeonatos importantísimos con Atenas, los Spurs y la medalla dorada en Grecia 2004, ahora, reseteado, en descanso, apenas es un lamento, la excusa para encerrarse en una jaula que no lo deja avanzar, mayormente, para adelante, eclipsándolo en un constante mirar (anhelar) para atrás.

Oberto toma clases de canto con una profesora que parece tenerle la paciencia del mundo a un tipo al que le cuesta afinar.

Oberto ensaya con su banda de rock pseudo grunge que puede funcionar para cuando uno tiene 16 años y no pasando los 40.

Oberto, “extorsiona” a Rally Barrionuevo para que siga tocando y ensayando con la banda a cambio de tirar “unos tiritos al aro”.

Oberto va con toda su banda al programa de radio del siempre obsecuente Matías Martin a hablar de su música y termina contando anécdotas de la Generación Dorada.

Oberto entrevista a Delfino, Montecchia, Pepe Sánchez, Ginóbili, Wolcowyski, Schonochini, Nocioni, Scola para, en realidad, entrevistarse a sí mismo.

Oberto canta las canciones que compone, en inglés, en bares en Buenos Aires, Córdoba, Estados Unidos y la gente lo mira con cierta ternura, como perdonándole todo por el gran jugador de básquet que fue, esperando que deje de cantar de una vez y cuente alguna anécdota de Ginóbili, Duncan, Popovich, la Generación Dorada y hable de lo que realmente sabe, como cuando se junta en los programas de la NBA con Leo Montero.

Oberto sube en un día sumamente gris a un bote a pescar en una laguna del sur de Córdoba con el gran Rubén Magnano y se tambalea para todos lados apenas en equilibrio por los inmensos dos metros siete de altura que tiene (hermosa metáfora en el principio del documental) y por los cuales pudo dedicarse al básquet siendo un jugador de elite.

Oberto vive solo -aparentemente- con su gato, en un barrio alejado de la Ciudad de Córdoba donde parece tener también su estudio de grabación de música en el subsuelo.

Oberto le enseña a chicos que juegan al básquet en diferentes campus cómo pararse abajo del aro, cómo mañerear al rival, cómo saltar cortinas, cómo hacer para que no te ganen la puerta de atrás, cómo meter el culo para bloquear y saltar al rebote y la pantalla se ilumina.

Oberto muestra cómo su corazón casi lo mató de la noche a la mañana y como esta interrupción le significó una grieta hasta el día de hoy, casi insoslayable para su vida.

En esa grieta, está la elegía del documental.

En esa grieta, Oberto no puede saltar al pasado y, a su vez, le cuesta saltar hacia algún futuro.

En esa grieta, Oberto parece vivir un presente perpetuo (el documental está compuesto con imágenes de casi tres años siguiendo a Oberto), que no lo llena en absoluto: que intenta matizar con música, viajes, entrevistas, campus de básquet pero, nada -y eso queda más que claro en el documental- parece siquiera asemejarse a la adrenalina de competir. De competir y ganar.

Oberto quiere volver a competir y no puede.

Oberto extraña la alta competencia y eso lo desgarra.

Oberto tiene cuestiones pendientes con la alta competencia y no puede ser ese Rocky que en la VI vuelve a los cuadriláteros a sacarse “la bestia de adentro” que le dice Paulie.

Oberto sólo puede ser elegía pura: el lamento de ya no ser el que siempre quiso ser y de estar siendo, ahora, apenas, lo que puede ser.

Aquí, en este estar siendo, es que el documental se potencia en su margen existencialista, humano, pero, sobriamente descriptivo: no es solemne en lo más mínimo (algo que se agradece) si no que expone la vida de un deportista exitoso sin el tabú a serruchar el tótem del ídolo; por el contrario, muestra la vida actual de un enorme ex basquebolista que no se termina de adaptar a esa actualidad (¡suya!) por más que intenta hacerlo a toda costa, por toda vía. Artesanal, impecablemente montada, alineal, sin caer en los golpes bajos del sentimentalismo fácil, Reset es una elegía fílmica de un deportista muy viejo para el profesionalismo deportivo de la alta competencia pero irremediablemente joven para el resto de la vida, que busca recuperar lo irrecuperable sin poder fundar nuevas formas, momentos, actividades que compensen un pasado lleno de gloria deportiva; Reset es una elegía fílmica que lejos de generalizar el retiro de los deportistas profesionales y sus desavenencias físicas y psicológicas, se centraliza en el retiro de un deportista: Fabricio Oberto, con sus propias singularidades. Y allí, en lo singular, está lo mejor de este documental. Está, quizás, este poema triste de un gran jugador que lo va a seguir siendo, a pesar de él mismo. A pesar de la gloria que nosotros siempre le vamos a recordar. Celebrar.

Calificación: 8/10

Reset : Volver a empezar (Argentina, 2020). Dirección: Alejandro Hartmann. Guion: Iván Tokman. Fotografía: Pigu Gómez. Montaje: César Custodio. Duración: 77 minutos. Disponible: Cine Ar Play.