Pitch_Perfect_Key_ArtContra todos los prejuicios posibles, aquellos que a partir del afiche y el avance imaginaban una película idiota, torpe y facilonga, pensada como un mal eco de Glee para la gran pantalla, o alguna versión un poco menos naif que la made in Disney High School Music, Ritmo perfecto emerge con fuerza y algo de incorrección política en el mundo de la música y las competencias. Sin argucias ni pretensiones, con una pizca de esa mirada irónica y juguetona que proponía Mean Girls (2004) en su ácido retrato de las difíciles -y no menos fascinantes- relaciones de un grupo de chicas en edad escolar, Ritmo perfecto sorprende al presentar el universo adolescente sin el paternalismo bienpensante tan frecuente en la mentalidad estadounidense. Estos jóvenes que van a la universidad sin metas claras, algunos para pasar el tiempo, otros para satisfacer o desafiar a sus padres, encuentran en las simpáticas rutinas de canto a capella una motivación ulterior, un desafío que se torna clave y definitorio para la identidad que se está construyendo en esos años.

Lo cierto es que todo comienza con un vómito. Basada en el libro del ex editor de la revista GQ, Mickey Rapkin, la historia de Rimo perfecto comienza con un fracaso estrepitoso: un grupo de chicas de la Universidad Barden de Atlanta, apodadas las Bellas, presenta su número de canto sin acordes musicales en la competencia regional, sin despertar más que algo de tedio y desinterés en el jurado y el público, cuando su líder, la obsesiva y controladora Aubrey, vomita las ingestas de varios días sobre todo el auditorio. Tras la vergüenza y descalificación, vendrá el lento camino hacia la redención, tratando de colocar a las Bellas en el lugar que -creen- se merecen.

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Para ello habrá que esperar la llegada al campus de Beca (Anna Kendrick, la chica que nos había sorprendido en Up in the air). Beca no quiere estudiar, se hace la rebelde –aunque no del todo, pese a los tatuajes y piercing-, y tiene un sueño: ser DJ en Los Ángeles. Se integra al grupo a regañadientes, más por el asedio de las integrantes en búsqueda desesperada de nuevas voces que por verdadera convicción, pero su aporte será decisivo para contrarrestar los abusos del nuevo género musical-covers-de-hits: no basta sólo con clásicos emotivos de los 80, vestuario prolijo de aprendiz de azafata o sonrisitas modestas y efervescentes. Para salir a flote después del escarnio será necesario algo más que ensayos y entrenamientos. Lo que esas chicas tienen que aprender es a confiar en sí mismas, a resistir la misoginia de los comentaristas sureños a fuerza de comentarios mordaces, a sobrevivir, en fin, cueste lo que cueste.

pitch-perfect-wilson-anna-campEs cierto que en ese cuento de romances y amistades de estudiantina no hay nada absolutamente original. Sin embargo, lo interesante en la apuesta de Jason Moore (director, sobre todo, de series de TV como Dawson’s Creek y Everwood, y con amplia experiencia en Broadway, donde recibió un Tony por Avenida Q) es la soltura con la que presenta a sus personajes y sus pequeños dilemas: no sólo entrar en la universidad y hacerse de nuevos amigos es difícil, sino –sobre todo- esforzarse para sobresalir en un mundo cada vez más hostil y competitivo, lo que supone, después de todo, crecer y amargarse un poco.

Los grandes momentos son algunas de las líneas de Fat Amy (la genial Rebel Wilson, la misma que se tiraba las arvejas en Damas en guerra), la competencia callejera al estilo West Side Story mixeada con los hits de Madonna, la histriónica Aubrey (que sacude su belleza gélida a fuerza de gags seudo psicóticos), los comentarios calenturientos de la presentadora que interpreta Elizabeth Banks, y el previsible homenaje a El club de los cinco, el clásico de John Hughes que atraviesa épocas y generaciones con la inoxidable frescura de la primera mirada. El resto son las canciones, los juegos amorosos, esa tierna simpatía de ser joven, de sentirse solo a veces y agobiado otras, de pertenecer y no, de sentir que todavía es época de algunos permisos: sobre todo ése de no aspirar a ser más de lo que verdaderamente somos.

Aquí pueden leer un texto de Santiago Martínez Cartier sobre esta película.

Ritmo perfecto (Pitch perfect, EUA, 2012), de Jason Moore, c/Anna Kendrick, Brittany Snow, Anna Camp, Skylar Astin, Rebel Wilson, 112’.