1. El primer problema lo crea el pomposo subtítulo del documental: “La historia del rock en América Latina”. Parece ser que los creadores de la serie ni siquiera se percataron que el portugués también es una lengua latina y que por lo tanto, entra en la categoría que se pretende abarcar. Digo esto porque la ausencia del rock hecho en Brasil –Os Paralamas do Sucesso, Titas, Sepultura, Barao Vermelho, Cazuza, Ratos de Porao, solo por nombrar algunos de los más conocidos- no se sostiene en ese punto por lo idiomático. Y, en todo caso, debió haber sido “La historia del rock en castellano en América Latina”.

2. Pero parece que no solamente allí se les escapó la tortuga a los productores. Porque si no, ¿a cuento de qué aparecen grupos españoles en uno de los episodios? ¿Con la excusa de no dejar afuera a Los Rodriguez? ¿Para qué entrevistar a músicos de Radio Futura o Los Toreros Muertos si estamos hablando del rock en América Latina? Peor aún, esa referencia circunstancial agranda más el hueco que se pretendía llenar. Pareciera que el rock en España hubiera surgido por generación espontánea en los 80, como si, por ejemplo, no hubiera existido antes Tequila. O como si no hubiera sido nuestro Moris el que les enseñó a los españoles a hacer rock en español durante la década del 70.

3. Esos dos elementos mencionados están dando una idea de cuál es el problema esencial que atraviesa Rompan Todo. Si la pretensión de contar una historia de más de 50 años en un continente en seis episodios ya suena como un despropósito –escuché a alguien decir en algún lado, con cierta razón, que solo tomando el rock argentino se hubieran necesitado por lo menos diez episodios-, mayor es el desaguisado cuando no se establecen las coordenadas precisas del recorte que se va a practicar. Si el planteo del punto de partida estuviera resuelto con claridad, incluso, hubiera tenido menos lugar el reclamo por las “ausencias” –que solo en el rock argentino son más de las que parecen- o los casi ninguneos –solo por citar un par de casos, el exiguo espacio para dos bandas populares completamente diferentes como Babasónicos o Los Redonditos de Ricota-. Pero en Rompan Todo no se sabe cómo y dónde cortar, como una permanente indecisión que los lleva  a caer en cuanto lugar común histórico pueda rastrearse respecto del rock en castellano. Es un tironeo continuo entre la conciencia de saber que todo no puede entrar en 300 minutos y la necesidad de quedar mal con la menor cantidad de gente posible. Las estrategias del equilibrio y de lo correcto por lo general no dan a luz buenas obras. Eso deberían haberlo pensado antes.

4. El otro gran problema es para qué contar una historia que ya ha sido narrada. En ese sentido, Rompan Todo apuesta a la historiografía como eje principal. A una especie de saber enciclopédico que funcione como un resumen de acontecimientos más o menos relevantes. Pero con el pecado de no plantearse a sí mismo como resumen sino como una totalidad. En una época en que los saberes más que nunca remiten a un linkeado continuo que expande el conocimiento, Rompan Todo se cierra sobre sí misma no permitiendo el enlace con otras experiencias. Es esa totalidad imposible la que la condena desde el comienzo al fracaso, lo que hace que se convierta en un esfuerzo –y un gasto- inútil, incluso para los parámetros del documental estandarizado de Netflix. Porque si en otros documentales biográficos producidos por la empresa se tiende a abarcar una totalidad que anule cualquier intento de abordaje posterior –vean por ejemplo, Quincy o Mystify-, abusando de la disposición de material audiovisual, aquí la pretensión es previa al relato, pero no un resultado de la visión del mismo. El intento de clausurar el relato histórico es el de señalarse como versión válida, sin entrar en diálogo o en conflicto con ninguna otra versión totalizadora o parcial.

5. En esa propensión a lo historiográfico, el documental insiste una y otra vez en la necesidad de reflejar los conflictos sociales que funcionan como marco a la aparición de nuevos momentos en el rock en castellano. Las dictaduras de los 70, la masacre de Tlatelolco, la guerra de Malvinas, el terremoto en México DF, los neoliberalismos de la década del 90, las crisis de fin de siglo aparecen como elementos significativos que pretenden explicar el surgimiento de nuevas corrientes. La cuestión se plantea como problemática cuando ese marco se convierte en el único elemento catalizador: es allí donde Rompan Todo revela su superficialidad, al no poder comprender –y por tanto, explicar- que los procesos son mucho más largos y complejos que determinados por un hecho en particular. Y que, en todo caso, la política, los movimientos sociales son una parte de esa posible explicación. De allí lo que surge con mucha más notoriedad es la ausencia de lo musical como tema. Porque es cierto, los entrevistados son músicos, todos ellos participantes en un momento u otro de la evolución del rock –o el pop- en español en América. Pero casi ninguno habla de música. Todos hablan de las sensaciones que produjo el encuentro con un otro que abrió las puertas a entender que se podía cantar rock en nuestro idioma. Pero lo que no aparece en ningún momento es el complejo sistema de influencias musicales que fueron llevando a la evolución de ese proceso. Vean si no, el momento en el que en el bochornoso capítulo final –que además de todos los problemas citados avanza a saltos cada vez más amplios temporalmente- Rubén Albarrán, líder de Café Tacvba, menciona los antecedentes que llevaron a la escena mexicana actual, pero lo hace sin establecer las reglas de ese linaje que lleva de Botellita de Jerez y El Tri hasta ellos mismos o Molotov y Plastilina Mosh. En todo caso se trata de una línea en la cual se enumera a quienes lograron sortear el núcleo reducido de espectadores y lograron cierto éxito, pero sin la posibilidad de comprender qué los une, que fue lo que llevó de unos a otros, ya sea como una continuidad superadora o como un rechazo.

6. Si no  se piensa lo histórico como una evolución continua que implica el conflicto –ese que en la serie solo parece entreverse en el surgimiento del primer Babasónicos y el comentario que hace Richard Coleman- y la superación de etapas previas, lo que se produce es un pastiche en el cual el relato discursivo tiende a igualar elementos de procedencias y resultados disímiles. Y no se trata solamente de la eterna discusión de si algo es o no rock, que a la luz de los resultados pobrísimos de la serie queda en un plano completamente secundario. Se trata entonces de entender que en esa construcción hay una decisión deliberada que permanece no oculta pero sí sin explicitar. En ese punto es posible encontrar un engaño al espectador, no solo porque no se asume la imposibilidad de la totalidad, sino porque esa construcción totalizadora se disfraza de cierta imparcialidad. Dejemos de lado que en la segunda mitad de la serie, ello se vuelve indecentemente evidente, en tanto crece el peso narrativo interno de Gustavo Santaolalla y los grupos que produjo. El problema está antes, cuando en Rompan Todo se renuncia a la construcción de una voz propia y se deja todo en manos de la edición del material de entrevistas y de archivo. La ausencia de esa voz es la de una articulación de los hechos que podría haber solucionado al menos algunos de los baches históricos. Pero deja en evidencia que por otro lado, no hay intenciones de decir nada que no sea aquello que fue conocido: aquello que empezó en un lugar de América Latina y terminó resonando en todos.

7. La clave que desnuda la intención detrás de Rompan Todo es la forma en que los mismos músicos le otorgan relevancia a la aparición de MTV Latino. Es notable cómo aquí hay una oposición tajante con lo que expresa Frank Zappa en el documental Zappa, quien ve en el surgimiento de MTV la reducción de posibilidades de que un músico de cierta independencia pueda tener éxito. Pero para los músicos latinoamericanos parece haber sido la panacea: conocer lo que se hace en otros países, ser conocidos en otros países. Con eso alcanza y sobra. Pero de nuevo: allí no se habla de música, se habla de negocios, de expansión continental, de cifras de ventas de discos, de publicidad -¿o acaso no han sido eso en su esencia los videoclips?-, de conquistar mercados. Y de nuevo, lo que queda es la ausencia de una reflexión sobre el por qué de ese surgimiento, de las motivaciones políticas y económicas que llevaron a su creación, y por sobre todo, de eso que Zappa mencionaba respecto de la exclusión que ese medio suponía: el acceso es solo para quienes tengan el dinero, ya no para producir un disco, sino para filmar un video.

8. Rompan Todo no es, a pesar de ello, un producto fallido. Porque no es que busca otra cosa y en algún punto extravía el camino. Es esto lo que quiere contar y en ello se muestra coherente, especialmente a medida que avanzan los capítulos: sostiene la historia como movimientos espasmódicos del que va rescatando a quienes emergieron como puntas de lanza del comercio del rock latino, descarta al resto y simula una preocupación por la situación sociopolítica que no es más que una leve ilustración que no explica nada. Es, en definitiva, una forma más de ese modelo de documental con que la industria pretende ocupar un nicho de público que hasta no hace mucho despreciaba, dejando en manos de producciones independientes. Como con el rock, el documental ahora también es negocio para esas empresas multinacionales. Rompan Todo es el ejemplo de ambos, pero también es una pieza más en la intención de imponer un modelo que convierta al documental en eso que señala Pedro Aznar en el final respecto del rock: algo estándar.

Rompan Todo. La historia del Rock en América Latina (Argentina/Estados Unidos, 2020). Dirección: Picky Talarico. Guion: Nicolás Entel, Nicolás Gueilburt. Fotografía: Patricio Suárez, Nicolás Trovato. Montaje: Leandro Aste, César Custodio, Pablo Farina, Manuel Quiróz, Julia Straface. Disponible en Netflix.