Rosa alegremente patria, por Ignacio Izaguirre

No queremos que nos persigan, ni que nos prendan, ni que nos discriminen,

ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen,

ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen

Néstor Perlongher. El sexo de las locas.

 

En esta arengante enumeración se puede encontrar el espíritu de la inextinguible lucha de Néstor Perlongher. Su exuberante militancia homosexual buscaba liberar a la sexualidad y no liberar a los homosexuales. Alejarse de las falaces categorías cerradas y acotadas de engominado notero televisivo, liberando el deseo y sus infinitas formas. A diferencia de muchas militancias revolucionarias de izquierda, la de Perlongher no excluía el deseo, el juego y la alegría, sin por eso dejar de denunciar injusticias y atrocidades con terrible crudeza sobrecargada de frondosos adjetivos.

vlcsnap-2014-06-11-16h05m39s18Rosa Patria hace suyo este espíritu con humilde inteligencia y sensibilidad sin resignar un cuidado estilo propio.

Siendo un documental sobre una lucha, un exilio, una derrota y un destino trágico (Néstor murió de SIDA a los 43 años) no condesciende jamás a la angustia llorona, al enojo vengativo o a la melancolía melancólica. Nos deja más bien una vital sensación de esperanza revolucionaria, de alegría y de ganas de hacer y de creer; es una maravillosa propaganda de la felicidad.

Santiago Loza pacta con el barroquismo del personaje y lo incorpora a la trabajada puesta en escena. Para cada entrevista usa una angulación diferente, a veces conscientemente extraña, siempre con claroscuros y cámaras prolijas. Es una puesta por momentos teatral, de sótano cultural clandestino. Pero más que nada es una puesta juguetona, lúdica no, juguetona, porque se tira al piso con el que juega, no lo observa desde lejos con aprobación adulta. Manteniendo un mismo clima calmo y reflexivo, favorecido por una selección de entrevistados siempre interesantes y generosos, va variando los recursos del montaje, de sonido, de encabalgamiento de las voces e imágenes, de puestas de cámara… Como si buscara algo o alguien, con más curiosidad y coraje que frustrada insatisfacción. Todo esto sin ponerse nunca delante del público, sin el habitual narcisismo cinematográfico, trayéndonos al fabuloso personaje, presentándolo y compartiendo una mirada de admiración y cariño con nosotros.

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