“La política es la disputa por la opinión pública”, dice Ricardito Alfonsín cargando con su perenne diminutivo. Raúl, la democracia desde adentro viene a disputarle en ese terreno la figura de Raúl Alfonsín a la derecha que gobernó el país estos últimos cuatro años. El momento no puede ser más apropiado. Muchas veces no se tiene en cuenta que, además de una máquina de matar, la dictadura implantó por primera vez en Argentina las políticas neoliberales que cuarenta años después repitió el gobierno de Macri.

“Nos habíamos endeudado para destruirnos. Habíamos desecho nuestra economía. Importábamos productos que fabricábamos, cerramos las fábricas, hicimos cundir la desocupación y al mismo tiempo nos endeudamos, con una caída estrepitosa del salario real, entonces le hemos dicho al FMI que de ninguna manera vamos a aceptar esto que llaman ajuste de la economía que significa que bajemos los salarios reales”.

Estas palabras, que podría repetir hoy Alberto Fernández sin cambiar ni una coma son pronunciadas por Alfonsín en julio de 1984. Muchos de los que formaron parte de ese gobierno acompañaron ahora el saqueo de la administración Pro.

Uno de estos es Facundo Suarez Lastra. La entrevista al actual diputado nacional contiene uno de los mejores momento del documental. El entrevistador le ofrece una tablet para que vea y escuche un discurso de Alfonsín. Atrás del expresidente se lo ve a “Facundito” casi treinta años más joven. Alfonsín habla de Clarín y en el mismo momento que pronuncia el nombre del diario se ve que Suarez Lastra codea a un canoso que está al lado suyo. El discurso es fuerte y lo que se dice, que durante el gobierno de Cristina escuchamos miles de veces, era algo inédito en ese momento. Una crítica explícita a la forma de titular y manipular la información: “La forma falaz en que está presentada la noticia de una disminución de la desocupación en la Argentina es un ejemplo vivo de aquello contra lo que tenemos que luchar los argentinos”.

El entrevistado cuenta entre risas que esa misma noche lo llamó Alfonsín: “Facundo sos un cagón, lo critiqué a Clarín y se te veía el miedo”. El contraste con esa autoincriminación es la sonrisa maravillada, casi infantil, de Hugo Moyano escuchando el mismo discurso. Hermosa manera de tomar posición y hacer tomar posición al espectador con recursos plenamente cinematográficos.

Después de haberlo combatido durante los seis años de su gobierno, los poderes fácticos lograron convertir a la figura de Alfonsín en una especie de abuelito bueno y comprensivo que escuchaba a todos. En la contrafigura democrática del “autoritario” gobierno kirchnerista. Lo que la película muestra es a un gran orador, pleno de contenido y de ideología en sus discursos, mucho más a la manera de Cristina Fernández que a las generalidades insustanciales del expresidente Mauricio. A un presidente con posiciones firmes y audaces en un contexto en el que todavía los países vecinos eran gobernados por dictaduras militares. Una de estas posiciones, la visita a Cuba, siendo el primer presidente latinoamericano en hacerlo después de la expulsión de ese país de la OEA.

Fundamentalmente a un tipo calentón y sin miedo a la confrontación directa. Momentos como el cambio de discurso frente a Reagan en la Casa Blanca o la increíble escena en la que es chiflado en la Rural durante su discurso por los mismos ruralistas que hace diez años que no paran de llorar autoritarismo y censura en todos los canales de televisión y ni siquiera pidieron una disculpa pública por lo que hizo su institución aquel día frente a un presidente democrático.

Otro momento de confrontación que hubiera provocado horas de columnistas indignados durante el gobierno de Cristina es la toma del púlpito del obispo castrense para responder lo que este había dicho durante una homilía. Otro momento en el que el discurso de la película se cuela inteligentemente. Se escuchan en off las palabras del obispo criticando indirectamente al gobierno: “(…) No al predominio de lo sectorial, no a la patotería, a la coima, al negociado”. Vemos que contra Alfonsín se usaron los mismos argumentos que contra el kirchnerismo. Siempre que un gobierno los enfrenta (y en ese enfrentamiento, después del 85, Alfonsín fue mucho menos desafiante que los Kirchner) aparecen las acusaciones de autoritarismo y corrupción.

La película elige no detenerse en el juicio a las juntas. Imágenes que ya vimos millones de veces y podemos recuperar sin esfuerzo. En cambio, pone la atención en la creación de la Conadep y, principalmente, en el levantamiento carapintada de Semana Santa. La Comisión presidida por Sábato y el juicio posterior son posiblemente la medida política más importante desde el regreso de la democracia. Es difícil exagerar lo inédito de esa decisión. Una vez tomada, es normal que nos parezca inevitable, pero vale recordar que Luder, el candidato del PJ, ya había admitido que respetaría la ley de autoamnistía militar.

Pasados los años, se critica el gorilismo de los comisionistas y su tendencia a la teoría de los dos demonios. Tendencia poco importante cuando el resultado es una investigación que hubiera sido imposible hacer años después y cuyos resultados sirvieron no solo para juzgar a las Juntas, sino en los juicios abiertos después del 2003. Aquel gorilismo y distancia con la militancia revolucionaria de los 70 permitió además que no hubiera lugar para una acusación verosímil de partidismo que siembre alguna duda en la opinión pública. Ahora parece elemental que los crímenes de la dictadura nos horroricen, pero perdemos de vista que no lo sabríamos tan unánimemente sin el trabajo de los organismos de derechos humanos, y la oficialización y publicidad del gobierno.

Durante este momento es la única aparición de Nora Cortiñas en el documental. Las Madres no fueron recibidas en la casa de gobierno y tuvieron profundas diferencias con Alfonsín, pero acá aparece elogiando la valentía de los testigos que declararon a la Comisión. La aparición de una figura irrefutable para el kirchnerismo y la militancia popular va en la línea de reivindicar la Conadep para estos sectores que muchas veces son críticos.

La defensa más jugada del documental es la que hace de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Aparecen en la secuencia sobre el levantamiento de Semana Santa. Uno de esos momentos únicos en los que la historia queda en carne viva ante el presente. Los que el periodismo actual quiere vender como “mansos componedores alfonsinistas”, los ministros y funcionarios de aquel gobierno, llegan con sus armas a la casa de gobierno, dispuestos a defender la democracia.

La película no se conforma con hacer la clásica defensa de aquellas medidas que postula que la opción era entre negociar y el peligro de una masacre. Construye el momento con mucho cuidado y lo hace el centro del documental, el hecho capital de esa presidencia. Arriesga que no hubo una claudicación absoluta de Alfonsín en aquella reunión en Campo de Mayo, que el fin de los juicios no solo era una decisión sino que era inevitable, una medida puramente política. Al principal testigo de esta defensa es imposible acusarlo de tibio o entreguista: más de un entrevistado asegura que Fidel Castro le dijo a Alfonsín que debía terminar con los juicios, que eran insostenibles en el tiempo. Algo debía saber Fidel. Hoy, a pesar de las clases de política que nos dio la década kirchnerista, todavía es habitual cruzarse con personajes que son elaborados teóricos de la real politik para la actualidad, pero tienen convulsiones de moral ante la ley de Obediencia Debida.

Las alusiones a la hiperinflación y la crisis económica de los últimos años es superficial. Quedará para la discusión eterna cuánto no se pudo, cuánto no se supo y cuánto no se quiso. Sin duda hubo un cambio de rumbo entre el primer Ministro de Economía, Bernardo Grinspun, y su intento de declarar ilegítima la deuda, y el más promercado de Sourrouille. Cuánto espacio había para algo diferente no lo sabemos. Cuánto influyó otro gran luchador como Ubaldini y sus trece paros generales en esa debacle, tampoco.

Queda la figura de Alfonsín, por la que todavía vale la pena luchar para que sea un símbolo propio y porque ya se plantea como una referencia para el gobierno que empieza. Y queda una frase que no parece referenciarse con nada en el documental, pero que no para de resonar y es uno de los deseos para los años que vienen: “Se acabaron las sectas de los nenes de papá”.

Calificación: 8/10

Raúl, la democracia desde adentro (Argentina, 2019). Dirección: Juan Baldana, Christian Rémoli. Guion: Gustavo Dejtiar. Fotografía: Javier Grufi. Duración: 153 minutos.