En el cine del joven director chileno Che Sandoval los personajes cargan con una valija llena de piedras en relación al tema del sexo. Coger, cogen, eso es innegable. Pero, la mayoría de las veces, les resulta más liviano y fácil hablar de eso que ponerlo en práctica. En Te creís la más linda (pero erís la más puta) (2008), ópera prima del director, el protagonista sufría de eyaculación precoz; en Soy mucho mejor que voh (2013), un hombre humillado por la partida de su mujer a España siente rechazo por el otro sexo; y en Dry Martina, primera película argentina de Sandoval, Antonella Costa padece de sequedad vaginal. De allí la fortaleza irónica de su título: “dry”, en inglés, “seco”.

Martina Andrade (Antonella Costa), una cantante de unos treinta y largos, está dando un concierto en el contexto de su retorno musical, pero lo deja sin terminar y se sube a un taxi para emprender una huida. Se trata de una mujer que obtuvo la fama y el reconocimiento tras componer una seguidilla de canciones pop-adolescente, pero que luego sufrió un declive y en la actualidad regresa a los escenarios para interpretar las melodías de jazz que pertenecían al repertorio artístico de su madre. Martina es una mujer seca en todos los ámbitos de su vida: su carrera está marchita, el cuerpo de su padre se está desvaneciendo en la sala de un hospital, el vínculo con su manager-chongo está evaporándose y el recuerdo de su ex, que la abandonó por una empleada de oficina, la ha dejado tan traumatizada hasta el punto que no pudo “mojarse más”. Sin embargo, este último aspecto parece dar un vuelco inesperado desde el momento en que conoce a César (Pedro Campos), un chileno al que le lleva casi veinte años, con el cual reactiva su deseo sexual y normaliza su actividad vaginal.

En Dry Martina, todo lo que sucede, se dice, se hace y se ve está teñido de una ironía tan despampanante cuyo resultado final es el de una comedia sofisticada. La estructura narrativa, si bien cuenta con situaciones dramáticas dignas de un melodrama, tiene dos cualidades que la convierten en una virtuosa screwball comedy contemporánea: por un lado, el manejo del timing, es decir, esa forma impredecible de provocar el efecto cómico mediante un ritmo veloz y diálogos acelerados; y, por otro lado, la construcción del estatuto del personaje, por el cual Martina, prendida de un arrebato pasional o deseo a primera vista, persigue al joven chileno en una serie de aventuras disparatadas.

En el cine de Sandoval, la palabra es el reservorio fundamental de la ironía. Sus producciones anteriores funcionan tranquilamente como una suerte de “Manual de Chilenismos Cotidianos”. Y Dry Martina no es la excepción. Tal es así que el juego entre “dry” y “seco” se lleva a su extremo cuando se agrega la connotación chilena de “cool”, “genial” o “estupendo”. El efecto es todavía más productivo cuando le sumamos el hecho de que Martina vive en un departamento en compañía de Arenita, una gata en celo que está permanentemente frotándose contra las cosas de su casa. Y, definitivamente, todo vuela por los aires cuando, en la primera escena de la película, Martina interpreta una canción que dice: “soy inmortal, no como vos que te secás”. La ironía sobre la que se teje, de modo casi artesanal, a la protagonista es digna de un maestro.

La actriz argentina Antonella Costa se luce con una presencia estelar símil a la de las actrices de Hollywood de la década del ’40. Su presencia es mística y empoderada; de sus gestos y ademanes brota una actitud provocativa, sensual y desafiante no solo delante del sexo masculino sino, también, ante la vida. En ese cuerpo quedan encarnados dos de los componentes que dan potencia al cine de Sandoval: la palabra y lo físico. El desparpajo de su comportamiento, la intensidad de sus acciones, su egoísmo, su soberbia y su confianza auténtica en ella misma hacen de Martina Andrade una protagonista áspera y difícil de empatizar, pero con la que las ambivalencias reflexivas de la crisis de la mediana edad están más que garantizadas. Dry Martina probablemente sea la producción más sólida del cine de Sandoval y con la que se abra la puerta a un nuevo dinamismo narrativo en los próximos trabajos de este director.

Dry Martina (Chile; 2018). Guion y dirección: Che Sandoval. Fotografía: Benjamín Echazarreta. Edición: César Custodio. Elenco: Antonella Costa, Patricio Contreras, Dindi Jane, Pedro Campos. Duración: 95 minutos.