The-Forest_poster_goldposter_com_5En un bosque / de la China / Ah no, perdón, era de Japón. Con el paso del tiempo,  del agua que corre bajo el puente, de todas las películas que vemos, la mayoría de esas experiencias, sobre todo aquellas sobre las que no volvemos a menudo, tiende a confundirse, a confundirnos, porque irremediablemente todo se parece.  Alguna vez dijo el gran Rodrigo Tarruella que “el tiempo vuelve bello lo atroz”, tal como esos juegos de la mente con los cuales también jugó Fellini en Amarcord y en casi toda su filmografía, pero eso quedará para otra nostalgia. Un caso claro de recurrencia a terreno seguro por falta de ideas es el del cine de terror y sus diversos subgéneros; como el de “gente que de una forma u otra termina en un bosque donde ya saben que los va a hacer boleta y sin embargo ahí entran”, que es el que nos ocupa con esta película alternativamente llamada El bosque (original y genérico), El bosque de los suicidios (espoilero como él solo, en algunos países de habla hispana) o tan inevitablemente trillado  -a tono como este intento de definir lo trillado como lo que uno ya masticó hasta perderle el gusto y las ganas- como es El bosque siniestro, título con el que se estrena en nuestro país.

No entres. Bue, entrá. Sabemos que cualquier recomendación del espectador será inútil, y eso que a veces aparece hasta en los títulos de la película (Él sabe que estás sola, No hables con extraños, No te metas al sótano, No digas ni una palabra); pero acá no estamos precisamente frente al ejemplo que citaba Hitchcock sobre la bomba debajo de la mesa y los dos tipos que charlan mientras uno se encuentra ahí, desesperado en su butaca, sin poder advertirles: acá Sara Price sabe que su hermana gemela Jess, medio cabeza fresca pero que usa las TICs para comunicarse de vez en cuando desde el otro lado del mundo, desapareció en el Aokigahara, un bosque al pie de esa belleza que es el Monte Fuji, lugar tradicionalmente elegido por decenas de seres humanos para despedirse de este mundo cruel (historia real). Se lo dicen por teléfono apenas terminan los títulos de presentación y le recomiendan resignarse. Sin embargo, ella arma el bolsito y pega viaje allá para perderse en la traducción y encarar sin fijarse en presagios, advertencias de lugareños ni carteles. Siempre es temporada de corchazos en ese mar de árboles, pero ella vibra que su gemela “está viva”.

still-of-yukiyoshi-ozawa,-natalie-dormer-and-taylor-kinney-in-the-forest-(2016)-large-pictureDe noche todos los bosques son iguales. El bosque siniestro es –para sumar otro elemento característico que puede jugar muy a favor y no solamente en las finanzas- una historia con pocos personajes y la aventura transcontinental de Sara provee no solamente pérdidas en la traducción sino también escamoteos de información sobre sus ocasionales compañeros de búsqueda, que son un guía local (MIchi), un periodista turístico norteamericano (Aiden) y su propia hermana (ambos papeles interpretados por Natalie Dormer, de Game of Thrones). Al mismo tiempo, algunos flashbacks de la infancia de la/s protagonista/s nos tiran algunas pistas de que (rascarse y pensar) «hmmmm, algo raro pasó acá». Todo esto contribuye a sumar intriga entre los senderos del Aokigahara y afirmar el propósito de los creadores de rodear el suspense original con un aura sobrenatural donde entran a tallar los espíritus (parece que cuando uno se muere suicidado se queda en el lugar del hecho así que hay que elegir bien porque la serenata es larga) que, como bien dice el pitonisaje, te pueden mandar a la luz como al incierto rumbo de los tomates (Dolina dixit). De paso no era para perderse la especial relación que mantienen los hermanos gemelos, que es la disparadora permanente de las acciones de Sara.

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Anualmente -estrenadas o a cable o directo a DVD- hay cientos de películas norteamericanas de horror con más o menos gore y cinco o diez recetas repetidas  (en un buen porcentaje se gana el puchero Lance Henriksen, que lo extrañamos).  A la vez, y ya que estamos por el Fuji, hace rato que se agotó el J-horror, adocenado al integrarse a la cadena industrial. Uno se mete con cierta mórbida esperanza a la espesura porque le da -vaya a saber por qué- algo de crédito a un nuevo approach al género pero, por más que hagan el esfuerzo, los prácticamente debutantes Nick Antosca y Sara Cornwell (guionistas) y Jason Zada (director) no aportan a esta incursión en lo sobrenatural ni media vuelta de rosca, y los componentes sorpresa y los golpes de efecto no superan  lo ya transitado. Una vez más cabe preguntarse, con tan cuantiosa producción y con tan pocos estrenos (sin ponernos a contar los buenos) en salas argentinas, qué tendrá de especial El bosque siniestro para quien decidió que le choree espacio a tanto cine bueno que queda huérfano, perdido y sin que casi nadie lo conozca y menos todavía lo busque.

El bosque siniestro (The Forest, EUA, 2016), de Jason Zada, c/Natalie Dormer, Eoin Macken, Taylor Kinney, Stephanie Vogt, 93′.