Michael Shannon es por lejos uno de los actores más interesantes de su generación. Aún le falta lapelícula para consagrarlo, pero es de esa clase de actores que salvan un film si éste es mediocre o malo, o lo potencian si es bueno o muy bueno. Shotgun Stories (2007) y Atormentado (Take Shelter, 2011), ambas de Jeff Nichols, y My Son, My Son What Have Ye Done? (2009), del gran Werner Herzog, son un buen ejemplo de lo segundo; El hombre de acero(2013) y su general Zhor, un buen ejemplo de lo primero.
 
En The Iceman, parece estar a mitad de camino entre estos dos ejemplos. La película no es mala, pero tampoco es buena. Sin embargo, su sola presencia la revitaliza por completo. Ariel Vromen lo debía saber muy bien y sólo por eso se justifica que Shannon interprete a Kuklinski: el aspecto del verdadero Ritchie Kuklinski no tiene mucho que ver con el de Shannon (ni la cara ni la mirada), a pesar de la caracterización.
 
Hecha esta salvedad, la historia es conocida por todos y, si no, con googlear dos segundos se la conoce: Richard Kuklinski fue un feroz asesino a sueldo de la mafia de Jersey al que se le atribuye la muerte de más de 100 personas. Se lo llamaba “iceman” porque solía congelar a sus víctimas durante meses en heladeras y freezers para que la policía no pudiera determinar la fecha exacta de sus muertes. Sin mayores pretensiones que la de hacer una especie de biografía de este asesino siguiendo su carrera profesional cronológicamente, la película muestra cómo este personaje siniestro pasa de ser un doblador de películas porno a convertirse en un adinerado asesino, para luego terminar en la cárcel con dos condenas a cadena perpetua y morir allí por causas “misteriosamente” naturales justo cuando iba a servir de testigo en el juicio a un capo de la Mafia.
 
Si bien el film no ahorra en sangre y violencia, mostrando algunos de los asesinatos de Kuklinski, en lo que Vromen hace hincapié es en la doble vida que vivía. Cómo era la persona más dulce y considerada del mundo con su mujer y sus dos hijas (que no sabían nada de nada sobre los “trabajos” que realizaba), mientras que apenas salía de este círculo íntimo se transformaba en una bestia que podía llegar a matar a sangre fría, incluso a uno de sus mejores amigos sólo por haber hablado de más.
 
 
 
En este punto, la película hace una especie de falsete y, solapadamente, intenta plantear la típica pregunta que tanto atormenta a la sociedad occidental moderna foucaultiana: un asesino de este calibre, ¿es así porque “nació” malo o, simplemente, porque ha sido víctima de la sociedad y, por consiguiente, de un ámbito familiar disfuncional (padre golpeador, hermano delincuente, etc.)? ¿Es el cruel victimario, entonces, también una víctima?
 
La respuesta nunca es dada por la película, que coquetea siempre con las dos opciones sin profundizar demasiado en ninguna: la de la semilla del mal que germina dentro de Kuklinski desde pequeño –aparece, a propósito, un diálogo revelador con su hermano preso-; o la variante de provenir de una infancia dura–también el diálogo con el hermano aporta pruebas en este sentido- y adoptar el crimen como única forma de supervivencia posible.
 
La doble vida, entonces, cobra acá un nuevo matiz: Kuklinski es amable, considerado, amoroso y leal con su familia; todo lo que su familia paterna, al parecer, no fue con él. Aquellas son “las únicas personas que realmente me importan” dice en el final, las únicas de las que se arrepiente de haberles hecho daño.

Con un montaje clásico que habla con inteligencia de la mafia de Jersey sin la necesidad de caer en los estereotipos de Los Soprano (lo cual, paradójicamente, nos hace extrañarlos; de hecho, a David Schwimmer haciendo de mafioso no se lo cree nadie, ¡ese tipo es Ross de Friends para siempre!… al igual que Capitán-América-Evans no se saca de encima el súper héroe pese al maquillaje que le ponen para afearlo), The Iceman intenta contar –mayormente sin juzgar- la historia de este brutal asesino que, no obstante, era un ejemplar padre de familia; este brutal asesino que hizo tanto mal pero que, al menos a su familia y hasta que lo descubrieron, le hizo mucho bien; este brutal asesino que, si no hubiera sido interpretado por Shannon, habría quedado un poco a la deriva en una película, por momentos, algo predecible y apática.



The Iceman (EUA, 2012), de Ariel Vromen, c/ Michael Shannon, Chris Evans, Winona Ryder, Ray Liotta, David Schwimmer, 105′.