Por Nuria Silva
Aquí pueden leer un texto de Paola Menéndez sobre la filmografía de Rob Zombie.

Desde su opera prima, La casa de los 1000 cuerpos, Rob Zombie demostró dos marcadas propensiones que fue sustentando con sus posteriores trabajos: un ánimo post-modernista y un afán de autor cinematográfico. Como si fuera la réplica terrorífica de Quentin Tarantino (con quien no casualmente ha trabajado en Grindhousecon su trailer de la inexistente Werewolf women of the S.S.), sus películas fusionan las improntas de las mejores épocas del género, con preferencias por el gialloitaliano, el exploitation, el terror estadounidense setentoso y hasta, con esta última, el de inicios de los 80’s. Digo esto sin tener en cuenta su comedia animada The Haunted World of El Superbeasto que igualmente bebe del naziexploitation y el cómic.
En The Lords of Salemhay más contemplación que acción, por lo que el terror queda concentrado en los climas antes que en los golpes de efecto. Esto puede resultar algo decepcionante para los que esperen encontrar el característico sello salvaje de Zombie. La puesta en escena es fría y distante, producto de una fotografía casi monocromática -únicamente interrumpida por un inserto psicodélico a los pocos minutos de empezada la película- que se acerca al Hooper menos Hooper de Poltergeist, con pinceladas de Ken Russell y Polanski, y planos kubrickianos al mejor estilo El resplandor, de la que además toma el recurso de dividir la película con plaquetas que indican en qué día nos encontramos. Era de esperarse. Zombie viene coqueteando con Kubrick desde los videos clips que dirigió para su banda (el de Never Gonna Stop emula a La naranja mecánica), y siempre que puede introduce algún homenaje (The Haunted World of El Superbeasto tiene varias escenas que remiten a El resplandor).
La historia es lo de menos y por eso carecemos de una identificación posible con cualquiera de sus personajes. Es la experiencia puramente sensorial con las imágenes y los espacios lo que toma relevancia. Por eso mismo la nimia presencia de Sheri Moon Zombie, su musa esposa, tiene muy poco peso en pantalla, viéndose en más de una ocasión sobrepasada por la atmósfera que la rodea o, en todo caso, convertida en un objeto más de la puesta.


En una primera visión, la épica estilística cautiva la mirada, pero una vez revelado el efecto, la ausencia de profundidad dramática en términos narrativos deja al descubierto un caparazón hueco de imágenes sublimes sin contenido. Ni la desnudez desgarbada de las brujas, ni el bellísimo cuerpo, también desnudo, de su protagonista, ofrecen materialidad, limitando el impacto a un aspecto meramente fotográfico y, como mucho, musical. El diabólico aquelarre, que debería ser el eje axiomático de la historia, se vuelve anecdótico, y no consigue apoderarse del espacio cinematográfico. Como si, en un intento de autosuperación autoral, Zombie olvidara seguir nutriendo a su cine de los personajes emblemáticos, atractivos y perfectamente delineados que supo engendrar en sus primeros trabajos, incluso en su brutal versión de Halloween.
La linealidad estética, desangelada y excesivamente pulida, despoja a The Lords of Salem del fragor necesario para ser verdaderamente perturbadora. Las relaciones entre los personajes no inscriben diferencias esenciales. Lo mismo da que Heidi (Sheri Moon Zombie) se encuentre cerca de sus compañeros de radio que de su tétrica casera y amigas. El constante aire amenazante termina por derribar el efecto buscado, y el triunfo concluyente del mal no deja una huella perdurable en el imaginario del espectador, que a minutos de terminada la película ya se encuentra liberado de cualquier desasosiego.


The Lords of Salem (EUA, 2012), de Rob Zombie, c/Sheri Moon Zombie, Bruce Davison, Jeff Daniel Phillips, Judy Geeson, Meg Foster, Ken Foree, Patricia Quinn y María Conchita Alonso, 101’.