Annex+-+Russell+Jane+Revolt+of+Mamie+Stover+The_04El mundo en sus manos. En el puerto de San Francisco, en un espléndido technicolor, Jane Russell baja de un patrullero y nos da la espalda mientras camina hacia un muelle desolado. Está próxima a subirse a un barco y parece pensativa, expectante. Lleva el abrigo en una mano, una pequeña valija en la otra y –suponemos- espera el viaje hacia su próximo destino. De pronto, algo llama su atención: un grito, un sonido, un acorde estridente que se escapa de la banda sonora. Entonces se da vuelta y nos mira de frente, desafiante. Como en aquella publicidad del ¡Shock! que llevó a la fama a Susana Giménez, pero sin el jugueteo adolescente, nos mira a nosotros intrigada y sensual, y las grandes letras del título se imprimen sobre la imagen en Cinemascope: The Revolt of Mamie Stover. Toda una presentación.

En 1956 Raoul Walsh dirigió, en apariencia, su película más atípica, más extraña a su filmografía. Fue una incursión en un terreno inusual, sin gángsters, ni bandoleros, ni camioneros, ni boxeadores. Sin héroes que exceden el relato y elevan su espíritu aventurero como alma de su condición mítica. Su sentido de la épica, heredado del maestro Griffith, encuentra en esta década un mundo sin fronteras, sin un lugar a donde ir o volver. Terminada su era dorada en la Warner, un espíritu libertario se apodera de él mientras descifra la desorientación propia del pionero que intenta adaptarse a los nuevos tiempos. Como si de pronto hubiera descubierto que se ha perdido lo poco que quedaba de inocencia en EE.UU. y decidiera liberar a sus personajes de las cadenas que los ataban a la realidad y sus convencionalismos, explora ese terreno áspero y espinoso del desarraigo donde la pertenencia a algo o a alguien se pone en entredicho y la vida humana se hace errante y elusiva.

Mamie Stover (Jane Russell) es una prostituta obligada a abandonar San Francisco en un enorme barco que la lleva hacia la costa de Honolulu en el año D: 1941. En la travesía, conoce a un escritor con el que entabla un coqueteo fugaz, condimentado con buen sexo y comprensión, que acabará en una amistad ambivalente, con promesa de futuro pero realidad de desencuentro. Al llegar a la isla decide probar suerte en el club nocturno que comanda con mano firme la veterana Bertha (la genial Agnes Moorehead, actriz del Mercury Theatre de Orson Welles y famosa por su interpretación de la madre de Samantha en la serie Hechizada). “Nada de novios y cuentas bancarias”, les advierte Bertha a sus chicas, queriendo mantener a raya las distintas posibilidades de crecimiento económico. Pero Mamie tiene el mundo en sus manos y, si bien no será aceptada en la minúscula sociedad de Hawaii, cómoda en su hipocresía, se convierte en la estrella del cabaret. Civiles y soldados hacen cola para verla moverse al ritmo del hula hula, mientras su pasado se desvanece en algún pueblo de la América profunda al que sólo quiere volver triunfante.

revoltofmamiestover57Walsh le da a su heroína una irreverencia inquietante que le permite arremeter contra límites que hasta entonces parecían sagrados. Dinero, ambición, poder, se combinan en un cóctel que hacen de Mamie una figura incómoda, inclasificable. Sin angustia moral alguna, invierte su pequeña fortuna en el negocio inmobiliario cuando las bombas japonesas sobre Pearl Harbor deprecian el valor de las propiedades. Pragmática, luchadora, astuta y conciente de su lugar en el mundo, Mamie se abre camino a fuerza de sexo y determinación. Como lo resume Joaquin Casas en su estudio sobre el director: “La carrera de Walsh no podía haber terminado más desengañada”.

Ocho años después, otro grande –pero de la nueva generación-, Samuel Fuller, filmaría una historia violenta y demencial sobre una prostituta que va a probar suerte a un pueblito tranquilo y se da de narices con el horror más profundo en The Naked Kiss. Walsh percibe a tiempo esa amargura que se hará carne en el cine norteamericano de finales de la década de los’50 con un ojo agudo y adulto, despojando -sin miedo- a sus personajes de todo heroísmo convencional y ofrendándoles, en recompensa, esa coda errante y solitaria que solo las almas incomprendidas merecen.

La rebeldía de la señora Stover (The Revolt of Mamie Stover, EUA, 1956), de Raoul Walsh, c/Jane Russell, Richard Eagan, Joan Leslie, Agnes Moorehead, 92′.