Toda persona tiene derecho al movimiento: Los amigos, un biodrama afro, por Lía Chamorro

Vivi Tellas es la inventora del género biodrama: teatro que se construye a partir de la biografía de una persona viva. En el año 2002, como directora del Teatro Sarmiento, inaugura una serie de biodramas para los que convoca a reconocidos directores a participar con sus particulares poéticas: Javier Daulte, Ciro Zorzoli, Mariana Chaud, la dupla Beatriz Catani y Lautaro Perotti, entre otros. Desde entonces, y a lo largo de estos años, el género desborda el Teatro Sarmiento y llega a sala oficiales y no oficiales. Sin ir más lejos, durante el presente mes de septiembre, se inauguró el proyecto“Familias”, curado por Maruja Bustamante en el Centro Cultural Recoleta, con la obra Imprenteros de Lorena Vega, sobre su historia familiar ligada al oficio de la imprenta. A través de sus seminarios, ViviTellas se convierte en formadora de actores y dramaturgos en el biodrama, género que claramente trasciende a su autora.

Todo biodrama tiene su germen en una investigación sobre el tema a tratar. En esta oportunidad, Tellas se interesa por la presencia senegalesa en Buenos Aires, de la que poco se conoce más allá de la venta callejera y la represión policial a los vendedores. Los amigos, un biodrama afro parte de una convocatoria de “actores”, a la que respondieron Fallou Cisse y Mbagny Sow. Todo biodrama propone jugar con los límites entre realidad y ficción; se trata de una autobiografía teatral en la que Mbagny Sow y Fallou Cisse ¿se representan o se presentan así mismos?También cabe la pregunta sobre si lo que se ve en escena es testimonio o ficción. Más allá de la veracidad de lo representado o presentado, la obra toma como eje un punto de inflexión en la vida de ambos: la llegada a la Argentina.

 El espacio Zelaya, sala teatral de Federico León, ayuda a este carácter de presentación que impregna al género. La espera para ingresar en la sala, ubicada en el fondo del jardín, invita a dejarse envolver por los aromas de plantas y flores, a sentarse en los sillones del exterior. La obra comienza con una escena en la cocina, a la que accedemos a través de la ventana que da al jardín: tan original como incómoda, sobre todo en la tarea de esquivar la pileta ubicada junto a la sala. La distancia se presenta desde el espacio y desde el código lingüístico. Los amigos conversan en su lengua, código al que el espectador no puede acceder. Cuando se ingresa a la sala, el idioma español con acento y sintaxis particular contrasta con lo anterior: un español senegalizado. Transculturación lingüística a tono con el tema: los amigos debaten sobre la colonización en África y la llegada de la religión musulmana.

La temática de la inmigración se vuelve explícita en la carta que Fallou lee al público, en la que denuncia la estigmatización y demonización que los medios realizan sobre la comunidad senegalesa. Y este es, junto con el video que se proyecta sobre el recorrido por el Once, uno de los momentos de denuncia política. La cámara realiza un recorrido por las veredas del Once y los puestos de venta de los trabajadores, quienes padecen de manera constante la represión policial. Sobre todo en tiempos de creación de enemigos internos, de recrudecimiento de la xenofobia. A propósito de esto, hace unas semanas fue noticia el encarcelamiento y maltrato que un grupo de trabajadores senegaleses sufrió junto con dirigentes sociales de la CTEP, del MTE.

Volviendo al biodrama en su carácter formal, uno de sus aspectos constructivos es el archivo personal: fotografías de padres, madres, hermanas vestidos con velos y túnicas características de la religión musulmana; recuerdos de la infancia; anécdotas familiares; objetos personales; e-mails; etc. Y, a la vez, toda persona es un archivo en sí mismo. El biodrama hace uso de objetos que activan recuerdos y vivencias: una pelota de básquet con la que Fallou replica el juego que jugaba de chico con los ojos vendados; un recipiente con agua y una alfombra de los que se vale Mbagny para el rezo musulmán. Rituales de la vida real que resultan atractivos para Tellas en cuanto en ellos se vislumbra Umbral Mínimo de Ficción (terminología que inventó para designar a situaciones reales que rozan lo teatral).

Más allá de las cuestiones formales, Los amigos, un biodrama afro plantea más preguntas que respuestas acerca del otro: ¿cómo despojarse de prejuicios y estereotipos ante una cultura que no es la propia? ¿cómo deconstruir la estigmatización de los medios de comunicación sobre algunas comunidades de inmigrantes?  En una entrevista, Fallou y Mbagny expresan su deseo de integración, de poder salir de la calle, de mejorar sus vidas en este país que, al igual que otros inmigrantes, eligieron como su nuevo lugar en el mundo. Por lo pronto, al final del biodrama, la distancia del comienzo entre espectador y “los amigos” se acorta, se invita al público a conversar y compartir un té de menta con magdalenas en el escenario. Sin embargo, esas preguntas todavía resuenan por fuera de los límites de la casa teatro de Federico León, del barrio del Abasto, también barrio de inmigrantes.

Los amigos, un biodrama afro. Dirección: Vivi Tellas. Elenco: Fallou Cisse, Mbagny Sow. Iluminación: Charlie Guida. Documentalización: Ariel Nahón. Fotografía:Nicolás Goldberg. Diseño gráfico:Horacio Gallo. Asistencia técnica: Joaquín Allaria Mena. Asistencia de dirección: Renata Moreno. Producción: Sol Sañudo. Investigación: Joaquin Allaria Mena, Renata Moreno, Ariel Nahón, Sol Sañudo.

1 Comentario

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Pedrorespuesta
04/10/2018 en 08:55

Me pareció más mérito de los actores que otra cosa. No vi dirección ni decisiones formales interesantes.. Bien por los actores, acercándose a través de sus historias, todo lo demás flaquea y se desintegra íntegramente. Una obra de la clase alta para “acercarse” a otras culturas, pero como algo de paso, sin interés honesto.

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