Fui a ver Un amigo abominable con mi hijo de 5 años. Es difícil juzgar objetivamente desde los parámetros de la crítica cinematográfica una experiencia subjetiva tan poderosa como es la de ir al cine con tu hijo. Es decir, ponerse a escribir fría y desapasionadamente de algo que un rato antes te involucró de un modo tal que te llevó a reír y llorar, y a terminar hecho un ovillo con la persona que más querés en el mundo, es una práctica de por sí un poco esquizofrénica. Todo esto se potencia cuando uno ve Un amigo abominable, una película con todos los ingredientes del cuento tradicional, que se piensa como un fascinante viaje de iniciación, un tour de force emocional acerca de cómo sobrellevar un duelo, la historia de una amistad imposible entre una niña y un monstruo llamado Everest que busca volver a su hogar, allí en el punto más alto de la Tierra. Todo eso junto es Un amigo abominable, con el aderezo de cuatro o cinco personajes notables, que la convierten en una de las películas de animación del año, por fuera de lo que uno espera de los previsibles tanques de Pixar y Disney.

Desde el comienzo, el film de Jill Culton y Todd Wilderman se presenta como un cuento de hadas que retrata el estado de alienaciónen el que vivimos en la aldea global, ya que la historia trascurre en Shanghái pero podría suceder en Río de Janeiro o México DF, lo mismo da. Así observamos en el inicio el ritmo maníaco y vertiginoso de la vida de Yi, la niña protagonista del relato, que no para ni un momento desde que se levanta hasta que se va a dormir. Yi vive con su madre y su abuela, y pareciera no querer nunca estar en el lugar en donde está, como si las cuatro paredes de su casa la oprimieran y no le permitieran sentirse a gusto. Luego, y a medida que el relato disminuye la velocidad (como si de un buen jugador de futbol se tratara), descubrimos las causas de ese ímpetu imparable y negador. Everest, por su parte, huye de una científica malvada y de un millonario con agujeritos en el corazón, y solo quiere volver a su hogar. En esa impensada amistad se concentra una extraña paradoja: una niña que no quiere estar ni un momento en su casa y un monstruo melancólico que solo quiere volver ala suya.

Un amigo abominable se potencia en tanto se construye como la búsqueda de una identidad, y como en toda buena película de iniciación ese proceso de búsqueda se realiza en el medio de la aventura. Las cosas más importantes de la vida son las que suceden mientras estas haciendo otras cosas, y es ese precepto invisible el que sigue al pie de la letra la película. Los momentos de acción, en los que prima una preciosa e impecable utilización del 3D, son vertiginosos desde una puesta en escena frenética, y se alternan con momentos de inusual poesía en los que vemos o comprendemos el corazón de Yi. Un amigo abominable es una película en la que los buenos se ayudan entre sí para construirse desde ese colectivo, porque emulando a El eternauta el héroe aquí es colectivo. Los tres protagonistas (la mencionada Yi; Jin, un adolescente fanático de las redes sociales y con un narcisismo en expansión desaforada; y Peng, un  adorable niño fan del basquetbol) son adolescentes, o están en proceso de serlo, y ese dato resulta clave ya que es esa identidad en construcción, propia de la juventud, lo que los constituye y los arma de cara a la aventura.

Yi toca el violín y añora a su padre muerto, y con el correr del metraje descubriremos la profundidad de su duelo a medida que la protagonista (y nosotros con ella) descubre las pistas para salir de esa tristeza. Lo bueno es que aquí la cura cinematográfica no tiene que ver con moralinas retóricas, sino que esa mejoría evidente que se observa en el personaje se fortalece en la puesta en escena y en la concatenación de acciones debido a  ese vínculo intangible e invalorable que ella entabla con el encantador Yeti en fuga que se convierte en su inesperado amigo.Por otro lado, la  película jamás infantiliza al espectador y tiene un sentido del humor construido a fuerza de notables gags, que permiten que la trama sea tan disfrutable para un adulto como para un chico. Mas allá de la previsibilidad del final feliz que anuncia una nueva saga en ciernes, Un amigo abominable se potencia en la sencillez del cuento a narrar y en la capacidad de cada uno de los personajes que construyen el relato.

El final de la aventura es también el final del duelo, o la comprensión definitiva de que lo que ya no está con nosotros en algún momento dejade causarnos tristeza, y nos permite vivir con esa sensación de añoranza  sin que la misma nos derrumbe. La película de Culton y Wilderman a la vez nos permite entender que el amor de los que siguen estando es tan constitutivo e  importante para nosotros como el  amor de los que se han ido.

Ver una película con tu hijo, y pasarla así de bien,hace que sea difícil ser objetivo a la hora de mensurar la calidad de un film. Pero, haciendo un esfuerzo analítico inconmensurable, considero que esa mirada infantil sobre la obra, que habla de cierta valoración afectiva por encima de los valores estéticos, no deja de ser un síntoma de realidad de lo que esta película genera. Es una película optimista, que piensa que el dolor se termina y que todos los que te rodean pueden ayudar a sanarte. También tiene el merito de potenciar al héroe grupal sin subrayados sonsos, y este es un mérito que pocas películas (infantiles o para adultos) hoy en día tienen. Su mirada melancólica y luminosa sobre el dolor es una opción de salida al duelo y el mejor ejemplo para demostrar que el cine también sirve, como dice Julián, para hacernos más felices.

Calificación: 7/10

Un amigo abominable (Abominable, Estados Unidos/China, 2019) Dirección: Jill Culton, Todd Wilderman. Voces: Chloe Bennet, Albert Tsai, Michelle Wong, Tsai Chin, Sarah Paulson, Joseph Izo. Duración 97 minutos.