Película para que se diviertan los actores y, moderadamente, también los espectadores. No faltará quien diga que es teatral y tendrá razón. Se basa en una obra de Yasmine Reza, la misma de ART. Tampoco faltará el crítico que se refiera a su teatralidad como un defecto formal y también tendrá razón, pero por eso mismo descansa verla. Acá no hay que pensar en los diez mandamientos cinéfilos ni en nada que se le parezca, e incluso se la puede ver sin pensar en absoluto. De hecho, no hace falta pensar en qué hace Polanski con la cámara porque no hace demasiado con ella ni con la edición, apenas si espía un par de segundos detrás de una puerta entreabierta a través de una rendija por la que se cuelan remotos recuerdos de El inquilino o El bebé de Rosemary. Entonces sólo queda sentarse durante una hora y pico a ver qué hacen Foster, Winslet, Reilly y Waltz con el texto, sus caras, sus cuerpos, el espacio en el que transcurre la acción, y listo.

No soy crítico teatral, pero creo que no debe haber nada singular, mucho menos radical, en el material de base. Polanski tampoco parece haberlo transformado mucho. Dos parejas se juntan para escribir un informe sobre la pelea que tuvieron sus hijos de 12 años. Pasa el rato y son ellos los que terminan discutiendo entre sí, exponiendo el lado oscuro de sí mismos. Pero los oscuros no son tan sombríos, los correctos son algo más oscuros de lo que parecen, y todo acaba más o menos bien. Bah, los personajes terminan diciendo que ha sido el peor día de sus vidas, pero al menos quedaron bastante planchados porque hicieron catarsis y en un rato más podrán seguir haciendo lo mismo que hacían hasta el momento. La misantropía liberadora de Polanski no brilla como en otras películas, salvo cuando uno de los personajes dice: «El otro día vi a Jane Fonda por televisión y me dieron ganas de comprar una remera del Ku Klux Klan».

Carnage pudo haber sido desaforada como esa frase, grotesca y expresionista, pero termina portándose bien, demasiado bien. Algo de grosería y obscenidad le hubieran venido bárbaro (el vómito sobre los libros de arte exhibidos en la mesa ratona del living prometía, pero no alcanza a corroer la corrección general), o hubieran implicado una medida de riesgo interesante. Foster resulta fácilmente irritante en el personaje de la ciudadana políticamente correcta, Kate Winslet está mejor serena que desatada, a Waltz le alcanza con estar en plano para que pensemos en el papel de Bastardos sin gloria que lo hizo famoso, y John C. Reilly está bien de principio a fin. El escritor oculto era mucho mejor y no dejaba títere con cabeza.

Un dios salvaje (Carnage, Francia/Alemania/Polonia/España, 2011), de Roman Polanski, c/Kate Winslet, Jodie Foster, Chistoph Waltz, John C. Reilly, 80′.