El fútbol es un deporte responsable de amores y odios. Responsable de pasiones desmedidas, de triunfos históricos y de la creación de héroes mundiales. Es responsable de llantos, risas, abrazos, de muchos encuentros. Es un inagotable generador de ficciones. Goles se han hecho eternos en la memoria de un pueblo. Historias míticas que nos han sido contadas por nuestros mayores y que nosotres contaremos a les más pequeñes. El fútbol es todo eso y más, y esa convicción me da la certeza de que a les guionistas de Un juego de caballeros no les gusta mucho el fútbol. Sino, de otra manera, no se podría explicar lo que han hecho. Un juego de caballeros es una serie que narra supuestamente los inicios del fútbol, pero en ella se habla de muchas cosas excepto de fútbol.

La serie nos remonta hacia 1880. Inglaterra se encontraba sumergida en una fuerte industrialización. En donde se establecía una fábrica, surgía un pueblo. Y con una marcada desigualdad social: los dueños de las fábricas eran ricos, los trabajadores sufrían la pobreza. Bueno, hoy esto sigue bastante parecido.

El fútbol era, en ese entonces, un juego creado por un grupete de jóvenes ricachones simplemente para pasar el rato y joder un poco. Inventaron sus reglas y armaron un torneo. Todo se explica en unos diálogos muy poco sutiles del primer capítulo. Y acá viene uno de los ejes de la serie. El juego de los niños ricos, que era amateur, fue llamando la atención de todo el mundo y, para el momento en el que arranca la serie, ya existía un torneo nacional llamado FA Cup en el que participaban tanto equipos de las clases altas como de los trabajadores de las fábricas. Y cada vez se hacía más popular y cada vez más equipos querían participar de la copa.

La cosa por fin comienza cuando dos muchachos escoceses llegan a Darwen, un equipo de la clase obrera, perteneciente a una fábrica de telas, que tiene serios deseos de ganar la dichosa copa. Y acá viene el otro eje de la serie: el director del equipo, que es a la vez el dueño de la fábrica, trajo a estos dos futbolistas y a escondidas les paga un sueldo por jugar, lo cual va contra las reglas del juego amateur. “Ningún caballero jugaría por plata” dicen los ricachones. El tema es que a ellos les sobra la plata y a los equipos de obreros ni siquiera les alcanza para pagarse el tren para ir a jugar el partido. Imaginemos lo que significa esa frase de mierda.

La cosa es que, muy ilegales y muy a escondidas, los escoceses se suman al equipo y tienen un primer partido contra los malos de esta historia: los Old Etonians, el equipo de los ricachones. Al inicio, los ricachones van ganando por paliza, porque están mucho mejor entrenados y mejor alimentados. Hasta que nuestro protagonista, el pequeño escocés Fergus, reúne a su equipo y los arenga: “Muchachos no corramos todos atrás de la pelota, que esto es un quilombo”. Y fue así como Fergus hizo el primer dibujo táctico de la historia del fútbol. O más o menos. Vos parate allá, vos más acá y cuando se quisieron dar cuenta ya les habían empatando el juego a los ricachones, que de muy calentones terminaron el partido y se fueron. Nunca los equipos de los obreros les habían ganado a los ricos.

Con este comienzo, uno pensaría que la serie va a estar tremenda, que va a haber mucho fútbol y que vamos a presenciar la evolución de las tácticas y el contexto político del deporte. Pero, no. Nada de eso. Después de este primer capítulo solo vamos ver como uno de los escoceses se casa, como el otro, Fergus, se enamora de una vecina y están que van, que vienen y que vuelven a ir, que después le llega una oferta para ir a otro equipo y él se pone mal porque no quiere abandonar a sus amigos pero necesita la plata para traer a su mamá y sus hermanas de Escocia, que viven con su padre que es un alcohólico violento. Y así sucesivamente. Un juego de caballeros se concentra en las dudas de Fergus, quien duda mucho. Y también en el líder de los Old Etonians que tiene conflictos maritales porque no pueden tener hijos, y entonces su esposa -que no tenemos ni idea de porqué aparece tanto en esta serie si ella no juega al fútbol- empieza a acercarse a un hogar que recibe mujeres en situaciones difíciles, las ayuda y le pide a su esposo que no juegue al fútbol y que la acompañe a ayudar a estas mujeres. Uno termina pensando «¡No! ¡Dejalo ir a jugar! Aunque sea una rato».

Entre tantas idas y vueltas, la serie llega a su último capítulo y apenas se jugaron dos partidos. El jugar al fútbol parece ser una excusa, una obligación para los guionistas que nos llevan de un drama a otro, como en toda buena telenovela. Todos los personajes están basados en personas reales de aquella época, y algunas circunstancias son similares, como por ejemplo la llegada de los escoceses a Darwen. Pero estoy seguro de que estos muchachos jugaban mucho más seguido al fútbol en la vida real que en esta serie.

Recién en el último capítulo podemos ver un partido completo, y la verdad que no está demasiado bueno. Pero al menos discuten un poco el problema que de verdad nos importa. No sobre las hermanas de Fergus, no si la esposa del otro futbolista consigue adoptar un pibe, sino sobre el fútbol. Recién en el último capítulo hay algunos diálogos que tratan sobre fútbol, pura y exclusivamente. Que tremendos estos guionistas, y eso que entre ellos se encuentra Tony Charles, que parece haber escrito un libro sobre fútbol. Pero evidentemente no lo escuchaban en las reuniones. Nadie escuchaba a Charles cuando pedía sumar algunos minutos más de los partidos.

Finalmente Fergus gana la copa, pero para cuando lo logra ya nos cansamos de él, de sus hermanas y de todos sus problemas. Solo queríamos verlo patear la maldita pelota. Nos quedaremos un poco con las ganas. El amor le ganó al fútbol esta vez.

Un juego de caballeros (The English Game, Gran Bretaña, 2020). Creador: Julian Fellowes. Elenco: Edward Holfcroft, Kevin Guthrie, Charlotte Hope, Niamh Walsh, Craig Parkinson, James Harkness. Disponible en Netflix.