hr_The_Wolf_of_Wall_Street_14A Scorsese lo posee el amor salvaje de narrar. Marty apreta las clavijas de la maquinaria narrativa y pone en tensión los limites del relato clásico. Te sacude, te exige atención y, a cambio, te brinda un mundo de sensaciones. A menudo, la única manera de conocer los límites es apretar el acelerador y ver cómo responde la maquina al rigor aplicado. En El lobo de Wall Street todo tiene ese don; las interpretaciones, el montaje, la moral de los personajes, la puesta en escena, todo está al mango. Tal como su protagonista, que podría haber terminado flotando en algún  punto entre Italia y Mónaco, Scorsese se sube al barco, agita la tormenta, la invoca, la desafía. Sus últimas películas eran mucho mas moderadas, aburridas, políticamente correctas y, de repente, descorcha este brebaje potente.

Jordan Belfort (inmenso Di Caprio en un registro hasta ahora desconocido en su filmografía) es un joven marido, americano promedio con escrupuloso afán de progreso. Un día ingresa a Wall Street y se topa con Mark Hanna (McConauhey en un preciso retrato del cocainómano en ascenso y aún productivo), que en pocos minutos le recita la receta del éxito en esas tierras y nos cuenta mucho de lo que veremos en las tres horas siguientes. Antes de la media hora de película y algún fracaso, Jordan ya posee un descapotable amarrillo y se topa con Donnie, un forro peligroso que roza lo border, brillantemente interpretado por Jonah Hill, que se convierte en su socio ideal, capaz de no decir que no a nada y hasta darle una vuelta de tuerca más a la demencia, como en esa brillante escena de iniciación a las drogas. Ahí comienzan a reclutar a su pandilla con hambre de dinero y descontrol. Todos con un talento importante para la treta telefónica, pero de una cuestionable vivacidad fuera de esos menesteres. Scorsese cree en el clan, en la pandilla, se asienta en su seguridad, sus resultados y en la idea de que un tipo solo no puede hacer nada. Como es su costumbre, logra hacer un retrato claro de todos ellos en pocos minutos. Martin deja prevalecer las imágenes en vez de las palabras. Ver o no ver… ésa es la cuestión para él, puro lenguaje cinematográfico.

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Mucho importa que Jordan sea un corredor de Wall Street, porque el personaje está lleno de humanidad, desesperanza, ignorancia, capacidad y un apetito imperecedero de trascendencia. El y sus empleados son una banda de lelos lanzados en velocidad que no pretenden dar lecciones de moral, sino de cómo ganarle el dinero a los ricos de la forma mas fácil, y cómo gastarlo de una manera poco “inteligente”, divertida y con final feliz. Mucho importa que se dedique al mundo de las finanzas porque refleja que en ese universo sigue prevaleciendo la ley del más rápido, el más fuerte, el más vehemente, y que el sueño americano es para cualquiera. La sociedad americana maneja desde siempre una doble moral que muchos proamericanos no quieren reconocer y se indignan al ver cómo en su ideal de nación triunfan los estafadores. Para ellos eso es únicamente potestad de los países subdesarrollados.

A Scorsese no le interesa moralizar, expone el mundo como es, muestra cómo la gente puede irse a la banquina, volver e irse nuevamente, y cómo un canalla puede ser simpático. “Todas la decisiones que uno toma, tienen consecuencias”, le dice más de una vez el personaje de Rob Reiner (gran acierto de casting) a su hijo Jordan, pero una y otra vez, y sobre todo en el desenlace, el muchacho desoye a su padre y garpa en efectivo las consecuencias de sus excesos. Porque eso es la vida, por lo menos para el que decide apostar no importa en pos de qué, eso es una decisión personal.

No sé si al lector le paso a propósito de esta película, pero le propongo que repase momentos de su vida; seguramente todos tenemos un momento en que se nos presenta la posibilidad de subirnos a la montaña rusa de la demencia y encontrar la adrenalina más desesperada (no necesariamente tiene que ver con el dinero), esa que te puede llevar a lugares que desconocías violando en el camino todas la leyes morales que perjuraste defender en algún momento. Ese tiempo tiene que ver con la juventud, es el momento del esplendor físico y la inconciencia suprema. Antes o después las consecuencias pueden ser devastadoras, con escasas posibilidades de recomponer la situación. Pero si siempre le diste la espalda a estas ofertas, una decisión que me parece inteligentísima, sea que fuere impulsada por el miedo a lo desconocido, tu ADN timorato o una adultez precoz ¡felicitaciones! estás “entero” y el cine de Scorsese y el de algunos otros te puede mostrar las virtudes de estar fuera de control por un puto rato al menos. En el mundo scorsesiano se crece, se resiste y se actúa en consecuencias a un universo exigente.

Jonah-Hill-in-The-Wolf-of-Wall-Street-2013A Scorsese le quedan pintados los clásicos relatos de ascenso, caída y de redención, triste y minúscula, pero redención al fin. Ya lo había expuesto así en Buenos Muchachosy en Casino, imponiendo una puesta en escena y un ritmo que influyó a mucho del cine que vendría después, inclusive el del niño terrible de Quentin Tarantino. La cámara se detiene, registra, recuerda y hasta nos congela el mundo, los personajes entran descaradamente en dialogo directo con el espectador. La década del ‘90 fue fuertemente influida por sus ideas visuales. Sus personajes subsisten en un mundo que les pertenece y al que deben afrontar cotidianamente para seguir con vida. En el comienzo de la película Jordan esta a punto de dejar el mundo bursátil cuando su primera esposa le hace ver a las aclaras que no sería feliz fuera de él, porque es un tipo que siente en su juventud una aprehensión por la vida ordinaria (como se lo hace notar al agente del FBI que va darle fin a su carrera) digna de ese apetito universal de juventud irrepetible que nos deja siempre a las puertas de un posible abismo.

Aquí pueden leer un texto de Nuria Silva, de Luciano Alonso y de Emiliano Oviedo sobre esta película, unas apostillas de Marcos Rodríguez y Marcos Vieytes, y uno de Roberto Pagés sobre Martin Scorsese.

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, EUA, 2013), de Martin Scorsese, c/ Leonardo Di Caprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Favreau, 180′.