Una con Will Ferrell y Mel Gibson, por Ignacio Izaguirre

  Se revelan detalles del argumento.

En la comedia -y en el terror- es donde más claramente se ve que cuando el cine está vivo provoca reacciones físicas. No tiene sentido tratar de convencer a alguien que no se rió de que una comedia es buena. La comedia es para el que participa de ella. Pero si las dos oraciones anteriores son premisas, de ellas se puede deducir que no se puede convencer nunca a nadie sobre los defectos o virtudes de una película. Esta deducción compromete la existencia misma de esta página por lo que es conveniente dejarla de lado.

Guerra de papás 2 provocó en mí, y en muchos de los espectadores que compartían la sala, mucha risa; es decir, participamos de esa fiesta.

Mucha de esa risa necesita el haber seguido la carrera de Will Ferrell, sus películas tienen un espíritu que va más allá de quien las dirija y que se alimenta de su figura. Las primeras veces que uno lo ve no parece muy gracioso, incluso parece particularmente sobreactuado en su intento de ser gracioso. Pero en algún momento se entra en su mundo y una vez ahí todo lo que haga, cada gesto, cada movimiento torpe, pasen a ser disparadores de pura risa física.

En las dos Guerra de papás –como en la anterior en la que participaron, y también excelente, The other guys- los personajes son opuestos: Will Ferrell es el correcto, torpe, reprimido, apegado a las normas, y Mark Wahlberg el macho decidido, hábil y eficiente, el que desafía las normas. Son también los dos lados de la grieta yanqui, el liberal sensible y progresista contra el conservador duro, amante de las armas y nacionalista. Las películas de Ferrell están dirigidas a un público masivo más cercano al progresismo, pero siempre aparece en ellas una cuña molesta en el discurso políticamente correcto liberal (Get Hard, de 2015, es una de las más geniales en este sentido al llenar a su personaje millonario de frases hechas, supuestamente bien intencionadas, de la más imbécil corrección política televisiva). En Guerra de papás, Mark Wahlberg termina “reconociendo” que gran parte de su rudeza es temor a demostrar sus sentimientos, pero también queda claro que en el trato delicado hay muchas veces temor a enfrentar las situaciones y a la frustración. En Guerra de papás 2, uno de los grandes momentos es cuando los dos padres descubren que al nene de unos diez años le gusta una chica. Wahlberg, en su elementalidad tradicional, es capaz de transmitir una verdad que el Ferrell sensible y cuidadoso (ridiculizado en este caso) no puede. Resulta que el más básico entiende mejor que el sofisticado que cualquier cosa que no sea encarar a la chica no es más que una excusa nacida del temor al fracaso.

El gancho de esta segunda parte es sumar a los padres de los dos padres: genial John Lithgow como padre de Ferrell y, para duplicar el desafío conservador, la apoteótica presencia de un Mel Gibson que por momentos no se entiende bien si está haciendo un personaje o mirando el rodaje desde adentro. La presencia de Gibson, obviamente, convierte todo el asunto en un gran metachiste. En uno de los momentos en que esto se explicita más fuertemente, todos los personajes están participando como figuras de un pesebre viviente y empiezan a pelearse, dos veces él los reta por estar ofendiendo a Dios al hacer eso en una representación sagrada..

La película funciona como comedia y tiene grandes momentos dramáticos como cuando John Lithgow confiesa que está separado durante un juego de improvisación. Se ha dicho que se repiten muchos chistes de la primera parte. Más bien lo que está repetido es el tema y es un tema habitual en las películas con Ferrell: la ridiculización de la masculinidad a través de la exacerbación de la competencia que revela inseguridades profundas. Con este tema de fondo, Ferrell explota el humor físico puro y graciosísimo sin detenerse nunca a justificarse ante un hipotético público culto. Además de mostrarnos su culo en casi todas sus películas (en esta cubierto por un calzoncillo blanco enorme), también entrevera momentos que van un poco más allá de lo permitido por el “bienpensantismo”, aunque es cierto que, como en el asunto del culo tapado, esos momentos están algo contenidos para mantener la masividad: en Guerra de papás 2 podemos ver a una nena de ocho años borracha y, un poco después, a la misma nena matando pavos a escopetazos por placer.

Guerra de papás 2 (Daddy’s Home 2, USA, 2017), de Sean Anders, c/Will Ferrell, Mark Wahlberg, Mel Gibson, John Lithgow, 100′.

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