El paso del tiempo, cuando es subjetivamente detectado, plantea el cierre de etapas y suele generar nuevos deseos y metas en las vidas de la personas. Así ocurre para Martín (Diego Gentile), un conductor de televisión que acaba de cumplir 42 años y lleva 10 años en pareja junto a Leonardo (Rafael Spregelburd), ingeniero agrónomo. La marca del tiempo le despierta a Martín su deseo de ser padre, lo cual le manifiesta a su pareja. Esta es la situación que da inicio a Los adoptantes (2019), opera prima del director argentino Daniel Gimelberg.

El tiempo imprime muchas veces un apremio, una prisa por consumar el deseo. Es así que Martín, en su carácter narcisista y hasta caprichoso, empuja a Leonardo a iniciar los trámites para una adopción, desoyendo sus dudas al respecto (siendo él mismo adoptado) y ahogando su sorpresa de pedirle casamiento. 

La inclusión del tema de la adopción permite al director abordar dos cuestiones. Por un lado, trabajar las creencias, los fantasmas y temores vinculados a la misma, y en segundo término, poner en cuestión toda la burocracia que existe entorno de ella al día de hoy en Argentina (donde los candidatos son severamente escudriñados) y que se acentúa teniendo en cuenta el elemento de los prejuicios subjetivos, por los cuales la gran mayoría quiere adoptar bebés. El término «adopción» en sí mismo, en su etimología del latín optare, acentúa el elemento central del “deseo” de hijo, función fundamental para la constitución subjetiva. De ahí que se puede tener un niño en términos biológicos, pero la película toma una posición clara al plantear que un hijo se constituye a partir del deseo de hijo, presente en quienes encarnen la función materna y paterna, independientemente de su constitución sexual biológica.

La exitosa viralización de un video de Martín cuestionando el sistema de adopción lleva a un productor televisivo a proponerle la conducción de un nuevo programa: el formato de reality de su proceso de adopción. En este punto, el estatus de “celebrity” televisiva de Martín le sirve al director para dar cuenta de la banalización y degradación que suelen realizar los medios de comunicación del acceso a la parentalidad al convertirla en un producto de consumo. 

El factor de la adopción es el elemento que introduce la diferencia y la desestabilización en la armonía que hasta entonces tenía esta pareja consolidada, lo cual es trabajado mediante el plano-contraplano en el momento que Martín expresa a Leonardo su deseo de paternidad durante una cena romántica. Este nuevo elemento revela que, por diversas razones, ninguno de los dos se encuentra subjetivamente a la altura de la circunstancia. El estancamiento subjetivo de cada uno, que el director refleja a través del empantanamiento laboral de cada uno, se traduce a su vez en un estancamiento del deseo a nivel de la pareja, lo cual llevará a la separación.

Martín se muestra decidido en su deseo, pero aún presenta una posición inmadura para asumir la función paterna. Es un hijo de estos tiempos, centrado en sí mismo y con poca tolerancia a la espera y la frustración. El hijo es para él un objetivo más a conseguir con facilidad (como acostumbra a obtener desde su lugar de famoso) y un objeto más que “se tiene” para reforzar su narcisismo. Sordo a las señales de Leonardo, que requiere tiempo para elaborar sus conflictos subjetivos, su vehemencia caprichosa es la que fuerza la separación entre ambos al tomar la decisión de adopción de manera unilateral y precipitada, sin el diálogo necesario que amerita la situación planteada. 

Las inseguridades y dudas de Leonardo respecto de la parentalidad se deben a que sufrió bullying durante su infancia por la marca de ser adoptado (dado que era morocho, contrastando con sus padres) y además hijo de judíos. Los padres de Leonardo ya fallecieron, por lo cual se encuentra sin datos ni referencias a partir de los cuales conocer sus orígenes identitarios (esos de los que muchas veces no se habla a los hijos adoptados, por el temor de los padres a perderlos o con la idea de protegerlos del dolor de la verdad). La adopción se presenta entonces para Leonardo como un punto que lo confronta a revisar su pasado y a tramitar aquello no elaborado entorno a su propia condición de adoptado, para poder advenir a la posición subjetiva de desear un hijo.

En este contexto, la posibilidad de la adopción se presenta, tanto para Martín como para Leonardo, como la ocasión de abandonar la posición de hijo para acceder a la parentalidad.

La distancia afectiva es el motor de la transformación subjetiva de cada protagonista. Leonardo realiza un viaje a Montevideo donde toma contacto con su padre biológico, y al mismo tiempo, Martín es convocado por Vicky, una compañera del grupo de apoyo de adopción, para ser el padre del hijo que no puede tener junto a Beto (Lalo Rotavería), un campeón de Taekwondo, mediante un estrafalario ritual de inseminación. Esta subtrama muestra la búsqueda de la paternidad con un famoso o adinerado como vampirismo económico y emocional destinado a taponar carencias subjetivas. 

Leonardo logra vencer sus miedos y exorcizar sus demonios, mientras que Martín, al tomar conciencia de su posición narcisista, descubre que un hijo no es algo que “se tiene”, sino que se recibe en tanto acto de amor de un hombre (lo cual implica ceder el amor propio). 

El aprendizaje y el crecimiento subjetivo de cada uno es entonces apertura a la posibilidad de reinventarse como pareja a partir de la emergencia de un deseo renovado que, teniendo como eje la adopción de un hijo, les permite reelegirse.

Los adoptantes de Daniel Gimelberg es una comedia romántica que respeta las convenciones del género, pero que arriesga al tratar la problemática de la adopción. Esta temática es trabajada mediante un  humor inteligente y respetuoso (que sortea las banalizaciones), apoyándose en un guion verosímil (especialmente en lo que hace a la trama central), que los protagonistas encarnan con convicción y naturalidad. Además, es de destacar la innovación en cuanto al corrimiento del modelo tradicional de familia fundado en la pareja heterosexual, abriendo a la posibilidad de pensar las nuevas configuraciones familiares de manera desprejuiciada.

Calificación: 7.5/10

Los adoptantes (Argentina, 2019). Dirección: Daniel Gimelberg. Guion: Daniel Gimelberg , Andi Nachon. Fotografía: Diego Poleri. Montaje: Nicolás Goldbart. Elenco: Diego Gentile, Rafael Spregelburd, Marina Bellati, Florencia Peña, Valeria Lois, Soledad Silveyra. Duración: 105 minutos.