No es novedad que el teatro porteño de los últimos años ponga en escena a una familia disfuncional de clase media; La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir,  El loco y la camisa, de Nelson Valente, son algunos de los ejemplos más destacados. Pieza Plástica, escrita por Marius Von Mayenburg y dirigida por Luciano Cáceres, exhibe una familia disfuncional, concepto inmediato que no intenta caer en encasillamientos ni reduccionismos,  al  que se suman todas las miserias de una clase media acomodada y una crítica a las exigencias de la sociedad contemporánea (la productividad, el éxito valorado en el dinero, etc.). Pieza Plástica es el adverso de las apariencias y de la corrección política de esta clase social: el clasismo, el racismo y las  frustraciones personales. Además de cuestionar a la clase media acomodada,  examina bajo la lupa de la sátira a la sociedad contemporánea.

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Ulrike (Brenda Gandini) y Michael (Joaquín Berthold) son una pareja de profesionales exitosos; él es médico cirujano y ella, asistente de un reconocido artista contemporáneo. Las obligaciones laborales y parentales hacen que la pareja contrate a Jessi (Shumi Gauto), una chica colombiana, para que los “ayude” con las tareas del hogar y la crianza de Vincent (Santiago Magariños), el hijo adolescente de ambos. Aparece un quinto personaje en cuestión, Haulupa (Julián Calviño), una caricatura del artista contemporáneo: extravagante y snob, representa las posiciones del arte contemporáneo más radicales que intentan fusionarlo con  la vida

Ulrike y Miguel son personajes que funcionan en pareja (aparecen en varias escenas tomados de la manos, se propinan palizas mientras se hacen reclamos domésticos). En ellos está puesta la ideología de clase, una clase acomodada que se auto-percibe ilustrada, culta, y que atribuye su posición en la escala social sólo a su esfuerzo personal. “No siempre tuvimos todo esto, nos costó mucho”, dice Ulrike. Una clase que se autoproclama civilizada y solidaria, corrección política que encierra un punto de vista reaccionario hacia el otro: Miguel quiere ser voluntario de médicos sin fronteras, Ulrike le celebra la filantropía antes de que los africanos emigren al país en busca de mejores servicios sanitarios. Personajes que van de la corrección política y de las formas -buenos modales, lenguaje estandarizado, “buen gusto en la vestimenta” (todas marcas inscriptas en el cuerpo)- a la violencia física y psicológica más expuesta. En este aspecto, los cuerpos de los actores son bombas que no tardan en estallar  a través de la violencia.  Personajes que descargan todo su odio y sadismo en Jessica, con formas discursivas muy correctas. “Seguro que necesita el dinero más que nosotros”, dice Ulrike cuando lo deja a su alcance para testear si roba o no.

Pieza Plástica no expone verdades para que el público se identifique con ellas; su intención es interpelar e incomodar al espectador de clase media. Una de las formas de interpelación es el monólogo. Haulupa irrumpe en escena con un monólogo sobre el arte, la sociedad de consumo, la alienación de la vida contemporánea, en un discurso cargado de  esnobismo: “Burn head  es una palabra más cool para reemplazar a  la depresión», sostiene.   Al igual que Haulupa, los otros personajes también expresan sus conflictos, frustraciones y miserias a través de breves monólogos. Las entradas y salidas en las diferentes escenas son de un ritmo rápido gracias a las cinco puertas que, a la manera del vodevil clásico, configuran el movimiento de los actores. En contrapunto con las puertas que imprimen el movimiento continuo, la escenografía se completa con un living de muebles modernos, quietud o  “silencio” que equilibra la partitura de la puesta. Sobre todo en las escenas en las que Vicent, sentado en el sillón, es un observador mudo del mundo adulto.

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Vincent es el hijo que se cría sin sus padres, el único vínculo que comparte con ellos es a través de la cámara. La filmación del mundo adulto es como si fuera un cuadro en el living: las imágenes se proyectan en una pantalla. La puesta trabaja con dos niveles de representación (representación dentro de la representación) puesto que el ojo de Vincent indaga en lo micro, en lo privado de esta familia que esconde sus trapos sucios. Vincent se disocia de sus padres y, por el contrario, se identifica con Jessica, personaje con el que mantiene cierto vínculo afectivo. Identificación de la que dan cuenta los primeros y primerísimos planos de la chica sobre todo en escenas de humillaciones a la que la someten los padres.

El título de la obra no es azaroso, el arte está presente como artificio (registro audiovisual de Vincent) y como tópico. Haulupa desea volver luego de su intento de suicidio a la escena artística con una performance en la que participe Jessica limpiando paredes con capas de mugre. Haulupa teoriza sobre el arte, entiende su vida como una obra de arte, no distingue entre lo público y lo privado. Y es en este punto donde radica la intención crítica de Pieza Plástica en lo que ocurre cuando emerge aquello que se esconde dentro del ámbito privado, puertas adentro o más allá de la corrección discursiva. Es entonces cuando aparece el pensamiento más reaccionario y el patetismo. A diferencia de las puestas sobre familias disfuncionales de la poética realista que apuestan a la identificación con lo representado, ya sea a nivel de la anécdota o de la construcción de personajes, Pieza plástica se juega por la no identificación del público con la clase representada, incluso con los personajes humillados y victimizados.

Pieza Plástica.

Autor: Marius Von Mayenburg.

Dirección: Luciano Cáceres.

Elenco: Brenda Gandini, Joaquín Berthold, Santiago Magariños, Shumi Gauto, Julián Calviño.

Centro Cultural San Martín. Sala Muiño.

Viernes y Sábado, 20hs.