Una que comamos todos, por Andrés del Pino

571Ska, Scarlett y un plato de fideos al aglio e olio. Una pequeña secuencia sin diálogo, en el primer tramo, casi un clip al ritmo cadencioso de un cover de los Specials, muestra al talentoso chef Carl Casper preparando afectuosa y velozmente un plato de pastas a su confidente compañera de trabajo, Molly. La edición de la secuencia desde la picada de ajos hasta Molly hincando dientes plato en mano, sentada en un sofá, es prodigiosa y resume todo lo bueno y noble de Chef, retorno de Jon Favreau a la comedia después de su periplo por la sci/fi de Marvel en el arranque y establecimiento de la franquicia Iron Man y posteriormente Cowboys & Aliens, ambas con marca autoral que las despegan -en parte- de la rutina del cine industrial, mérito no menor.

En esa secuencia está además presente el peso actoral en todo sentido de Favreau (su apariencia, histrionismo, su forma de ocupar el plano y no sólo por dimensiones físicas, y su cine me hacen acordar cada vez más a Albert Brooks…. ¿En qué andará Albert Brooks?), y a la vez podemos ahí comprobar que el grandote aprovecha como pocos el potencial dramático de la aquí morocha Scarlett Johansson,  al punto de darse el lujo de dejar casi en segundo plano sus dos dotes físicas y su voz. De paso: me informan que Favreau está preparando para el año que viene su versión de El Libro de la Selva, con Scarlett y Bill Murray como protagonistas. No sé ustedes pero yo ya voy sacando entrada, tanta promesa junta es para ponerle las fichas y de paso recordar la hermosa remake que hizo  en 1994 el entonces desconocido Stephen Sommers con Sam Neill y John Cleese.  ¿En qué estábamos? Ah, sí.

A comerla. Al pobre de Carl Casper le garúa más bien grueso: es un chef práctico, inquieto, inventivo, le queda chico el restaurant donde trabaja y en el cual el statu quo es regla: su jefe Riva (Dustin  Hoffman pero podría haber sido cualquier otro, lo cual no es un elogio. ¿No quedan papeles tampoco para Hoffman?) no quiere perder clientes y, entonces, cualquier cosa vale menos innovar. Todo se termina de descoser cuando el crítico gastronómico Ramsey Michel (Oliver Platt nunca tan desagradable, y eso sí es un elogio) lo amasija precisamente por lo rutinario de su cocina en otra memorable secuencia donde el cocinero lee el escarnio desde el smartphone a su equipo de ayudantes, en el que descuella John Leguizamo que como comediante casi siempre la rompe.

En tren de encontrar paralelismos o coincidencias, tomemos una película estrenada recientemente como ¿Puede una canción de amor salvar tu vida?, de John Carney, donde un productor musical caía en desgracia y debía empezar desde el subsuelo otra vez y con una situación hogareña caótica pero poniéndole el hombro. Aquí por casa las cosas tampoco van bien y ahí es donde Chef se codea con una larga lista en el terreno común de la comedia americana de los conflictos de la clase media, aunque por razones no muy explicadas su ex esposa Inez (Sofía Vergara) es el colmo de buena, comprensiva, contenedora, y encima integra a su segundo ex Marvin (Robert Downey Jr., ya de la familia actoral de Favreau)  a un proyecto gastronómico de dudosos alcances. Con una ex así, separarse es negocio.

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Food porn y felicidad para todos. Esta película tan simple como de un cast tan millonario parece en conjunto postular que los cambios (al menos en los placeres) cada vez cuestan más y que el opio de los pueblos es acostumbrarse o aburguesarse como el público de televisión, del cine o de los restaurantes, lo cual queda expuesto cuando Hoffman le dice a Favreau  “Imaginate que comprás boletos para los Stones y no tocan Satisfacción, ¿no querrías romper todo?”. El punto alto está en que el director de Zathura  no repara en gastos a la hora de presentar platos novedosos (y seguramente deliciosos) en segmentos como el que se comenta al principio y que acompañan la narración tanto en lo formal como en lo conceptual recordándonos que la comida que se hace con amor, o simplemente con ganas, nunca puede salir mal y eleva estómagos y espíritu, y es allí hacia donde pone proa Chef una vez planteado el conflicto central:  la verdadera felicidad, la más desaforada y donde no hubieran desentonado otros dos gordos excesivos como Gerard Depardieu y Colm Meaney se manifiesta cuando Casper se clava sendos sanguchazos al paso con su hijo, cuando cede a los gustos de éste y caminan comiendo de una enorme bolsa de chizitos, cuando le prepara un tostado hogareño o cuando parten ambos al camino con Leguizamo en una van (los típicos food truck norteamericanos, carritos móviles) a vender novedosos sándwiches cubanos.  En el subgénero gastronómico Chef no provocará ni por lejos el mismo placer que la redondísima, por donde se mire, Ratatouille, pero pasa como un buen plato y nos reivindica el costado grasún que todos tenemos aunque infructuosamente querramos por ahí pasar por sibaritas.

Chef: La receta de la felicidad (Chef, EUA, 2014), de Jon Favreau, c/John Leguizamo, Dustin Hoffman, Sofía Vergara, Scarlett Johansson, 114′.

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