envenena_aficheYo sé lo que envenena es la opera prima de Federico Sosa y una historia de contratiempos, aquellos que viven los tres protagonistas. Iván (Federico Liss) es un mecánico de motos, guitarrista de heavy metal siempre con cara de culo que no tiene mucho para decir y  sueña con telonear a Almafuerte. Chacho (Gustavo Pardi) quiere ser actor, idealiza a Marlon Brando hasta más no poder y lucha contra el mandato paterno de laburar en los mataderos. Y, por último, está Rama (Sergio Podeley), personaje que termina deglutiéndose la película -casi abriendo la posibilidad de un volumen dos- a fuerza de la humanidad que derrocha en su anhelo de gustarle a Lucy, a quien conoce después de presenciar la muerte de su enamorado y de aprender al detalle el universo de los peces domésticos, en un claro homenaje a La ley de la calle, de Coppola.

Conurbano, heavy metal e idas y vueltas forman este retrato disímil y muy saludable de los espacios del gran Buenos Aires, en un tono de comedia urbana ligera que explora esa geografía social ausente en el cine argentino, a no ser que componga una específica relación con la delincuencia. La puesta escena es amena y elude el artificio frecuente de buscar cierta pompa estética de dientes apretados y sin anestesia que quiere retratar cierta realidad a la que todos asistimos diariamente.

Estos muchachos se tropiezan con los infortunios de tener treinta y pico y estar medio en bolas: la fuerza de esa amistad elude el orgullo grotesco y se mete en el pelotón de películas queribles que además retratan una época, tal vez sin proponérselo, tan solo porque ponen en primer plano a gente que disfruta de canales de TV que repasan la historia –“lateral”- argentina con el solo objetivo de conocer de dónde venimos.

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Yo sé lo que envenena es también una película que habla sobre lo relativo, lo secundario, lo poco importante o de incuestionable lateralidad que pone en crisis esa idea instalada de que toda sociedad debe ser “productiva y civilizada”, concepto que la película saludablemente elige omitir retratando a la gente que resiste en los márgenes de muchas de las normas establecidas. Por eso aparece Iorio como el cacique de una tribu que está repartida por todo el país y que además representa lo único vivo que queda del rock nacional. Porque está en los bordes, porque no es elitista y tiene como idea incluir. En un show de Almafuerte, Malon, Horcas o de cualquier evento del movimiento heavy metal se descubre una entidad colectiva que conquista ese terreno “secundario”.

Sosa relata las desventuras de una clase social que fluctúa en una comedia dramática de lo cotidiano, en este universo que pinta de forma verosímil más allá de algunos trazos excesivos, aunque sin perder nunca la naturalidad.

Yo sé lo que envenena (Argentina, 2014), de Federico Sosa, c/Sergio Podeley, Federico Liss, Gustavo Pardi, Valeria Correa, Florencia Otero, 84′.