* No es inocente ni casual que Zappa comience con las imágenes de su show en 1989 en la República Checa que acababa de liberarse de años de dominación soviética. Ni tampoco que se vuelva a ese momento cerca del final del documental. Si la importancia biográfica está resaltada en la primera mención –es el último show filmado de Zappa-, el recorrido que traza el documental para partir de y volver al mismo punto es que allí se condensa buena parte del sentido del personaje y de la relación con su entorno. Los checos reciben a Zappa, “el rey de la libertad”: cinco mil personas lo esperan en el aeropuerto con pancartas, no como un ídolo de rock, sino como un portador de una libertad que quién sabe en qué rincón habían descubierto (y que además, habían descubierto con razón). Zappa devuelve en la secuencia inicial ese trato con una frase que parece salir de su propia historia: “No se conviertan en otra cosa” les dice a esos jóvenes y no tanto que llenan un estadio para escucharlo. Ser lo que se es, lo que se construye de uno mismo como el primer mandamiento de Frank Zappa hacia el mundo.

* Frank Zappa no se convirtió en otra cosa que no sea Frank Zappa. El documental lo reafirma despegándose de toda posible vinculación con la construcción del Zappa-personaje que se hizo desde los medios y desde los estamentos extra-musicales –de allí que hasta la decisión de ir haciendo cada vez más pequeñas las pantallas de TV que anuncian su muerte sea notable-. Para desmontar al personaje es necesario poner distancia con la construcción biográfica, de la que apenas toma una parte que sirve como guía. No interesa el puntilloso seguimiento de la discografía o de las mutaciones de las bandas que el propio Zappa armaba y desarmaba según sus necesidades, sino la significación de la relación que establecía con la música y con los músicos, uno y otro, vehículos que le permitían expresarse. Pero para el documental, Zappa se constituye como un artista que derriba todos los límites posibles al no referenciarse siquiera como un músico de rock. El cine y el interés por la edición de fragmentos de películas caseras en la adolescencia. La composición de música orquestal a partir del descubrimiento y la fascinación por Edgar Varese. La compulsión por el dibujo que lo llevó a diseñar las tapas de sus primeros álbumes. El acercamiento al mundo de la animación stop-motion cuando quedó durante nueve meses confinado en una silla de ruedas. La construcción del universo Zappa requiere de cada uno de esos elementos para comprender aquello que los checos entendieron en 1989 con un sentido más político pero no menos artístico: que Zappa, efectivamente, es el rey de la libertad.

* La construcción de Zappa en el documental hace hincapié en la idea del músico que se hizo a sí mismo: no tanto porque se insista en que aprendió a hacer música escuchando o viendo a otros músicos, sino porque en el recorrido a lo largo de los años está la necesidad de seguir construyéndose. “La banda eran las ideas de Frank y él guiando” dice uno de sus antiguos compañeros de The Mothers of Invention. Pero no era solamente el músico en el escenario. “Zappa estaba esclavizado por su oído interno. Quería que las cosas sonaran como las escuchaba en su interior” dice Steve Vai para tratar de encontrar una explicación al ser-Zappa en el mundo. En esa descripción se termina de comprender la necesidad de tener un estudio desde joven –el famoso Estudio Z de la ciudad de Cucamonga- y la decisión de independizarse una vez que cumplió con el primer contrato que firmó. Zappa no es solamente el músico que se sube a tocar esas cosas extrañísimas, complejas y fascinantes en cualquier show, sino y por sobre todo, es ese que recorre las estanterías repletas del sótano en donde guarda, prolijamente clasificados, todos los masters, todas las grabaciones en audio y video de su obra, como si fuera una extensión de su propio cuerpo, de su propia cabeza.

* Pero la película de Alex Winter también encuentra su razón de ser en un detalle que parece pasar inadvertido. Zappa toma distancia parcial del notable Eat that question:Frank Zappa in his own words que trabajaba exclusivamente sobre la edición de las entrevistas televisivas realizadas al músico. Hasta podría pensarse que se complementan y dialogan entre sí, porque aun cuando aquí se utilizan algunas de aquellas entrevistas, el foco está puesto en una construcción desde afuera. Que provenga de las entrevistas realizadas a los músicos con los que trabajó –y que salvo su esposa Gail, la familia tenga poca influencia en la imagen de Zappa- lleva al documental por el terreno de la música como eje central. Que lo musical se articule con los negocios –la anécdota del diálogo con Paul McCartney es fabulosa-, con las relaciones con los grupos de poder –la lucha entablada por Zappa contra las etiquetas de “Parental advisory” en los discos- y la libertad artística –“Huele a censura, y si huele a censura, lo es”- es una consecuencia inevitable. Cuando señala que “la mayoría de lo que produce la industria musical no es musical”, está trazando una línea con la idea de que lo que se piensa para hacer dinero no es una decisión artística sino una decisión comercial, demarcando de esa manera los límites de su propia búsqueda. Y sobre todo, se enlaza con las influencias que dejaba en otros, como lo señala una de sus músicas, Ruth Underwood. Verlo por primera vez en un show hizo que todo lo que había aprendido en el conservatorio se fuera al diablo y que entendiera que eso que estaba viendo era lo que quería hacer. De ella no solamente vienen los recuerdos más delicados del músico sino la definición más certera sobre él: “No es rock, no es jazz, no es música pop: es Zappa”. El artista como pieza única. Irrepetible.

* Entre los hallazgos del documental no está solamente la forma en que intercala las películas de monstruos o de ciencia ficción de los 50 que tanto le gustaban a Zappa, utilizándolas para escenificar la amenaza del entorno, sino esos momentos en los que parece acercarse a la más pura síntesis para definir al objeto del documental. La frase de Ruth Underwood señalada en el párrafo anterior es un ejemplo. Otro es una foto fabulosa: es el interior de un avión, suponemos que en pleno vuelo; a la izquierda vemos a un hombre desparramado en su asiento, completamente dormido; del lado derecho vemos a Zappa escribiendo, presumiblemente componiendo. Ir a contramano del resto del mundo, sí, pero también la capacidad de seguir generando nueva música, eso que solo en el tramo final de su vida pudo aplacarse cuando, según sus propias palabras, tuvo que concentrarse en aquello que podía terminar. Otro es una entrevista en la que resume su ética musical: “Si me conformo con menos, van a encontrar algo de menor calidad” le dice a su entrevistador, estableciendo un parámetro consistente entre la búsqueda, la exigencia y la calidad. Pero si hay tantos hallazgos es porque el material del que se compone Zappa es imponente, en tanto deviene de su obsesión con el cine, con la filmación como parte esencial de su vida. Tal vez porque como lo define uno de los músicos, lo que buscaba Zappa era “preservar momentos en el tiempo”. De eso se vale el documental. Pero también lo convierte en su propio lema, para conservar en el tiempo a un artista extraordinario.

Calificación: 7/10

Zappa (Estados Unidos, 2020). Director: Alex Winter. Fotografía: Anghel Decca. Música: John Frizzel. Duración: 129 minutos.