Cada día ladra más fuerte: entrevista a Raúl Perrone, por Victoria Lencina

Hace un par de años tomé la decisión de investigar profundamente sobre la trayectoria artística de Raúl Perrone. Siempre me interesó el recorrido de este ser multifacético que ha explorado tanto el camino del cine como el del dibujo, la televisión y el videoclip. Innovando y explorando estéticas desconocidas, sin casi proponérselo, nos sigue cautivando y sorprendiendo con sus propuestas. Viajé a Ituzaingó y me acerqué a Guarda Pampa, un restaurant ubicado a dos cuadras de la estación de tren, para entrevistar a este pionero del cine independiente argentino. Hablamos de marginalidad, su extensa producción cinematográfica, los juegos del lenguaje y el conurbano.

Victoria Lencina: Siento que en el cine argentino existe una idea convencional sobre cómo representar la imagen del conurbano a través de espacios como la villa o descampados. Vos te distanciás de esa imagen y proponés otra que no recae en lugares estereotipados.

Raúl Perrone: Todo eso empezó porque yo veía unas cosas en la tele que no me representaban. A mí me parece que todas las cosas que se daban de pibes de barrio ocurrían en San Telmo, entonces, esos pibes no tenían calle. Yo aprendí a conocer muchos pueblos de Estados Unidos por las películas: Portland, Oregon, Illinois. Yo arranqué por ese lado, ¿por qué no filmar en mi ciudad? Primero, porque soy un vago que no me gusta moverme de acá, básicamente es eso; y, también, es una cuestión de tranquilidad de que me puedan abrir sus casas y ese tipo de cosas. Y después eso se transformó en una marca. En el programa de Catalina Dlugi hablaban de los cielos de Ituzaingó y venían los pibes de las escuelas a conocer el cielo de Ituzaingó por las películas. Entonces, después, todo eso se transformó en una especie de set de filmación. Y yo empecé a mostrar un poco eso. Pero, era otro conurbano. No era el conurbano que la gente podía esperar. Para mí, el conurbano no es una villa. Para mí, el conurbano no es una viejita. Siempre cuidé mucho la obviedad. Mis películas no son obvias. Me da mucho pudor la obviedad. Me da mucha vergüenza ser obvio. Y en el cine argentino y en el cine hay una gran obviedad. Un tipo roba un almacén y muestran el robo del almacén. Ya lo dijo, robó el almacén ¿para qué lo vamos a mostrar?

VL: Bueno, el fuera de campo es muy pregnante en tus películas. Pienso en escenas de Labios de churrasco donde se escucha la sirena de la policía, pero nunca vemos el patrullero. ¿Qué significa el off para vos a la hora crear un mundo?

RP: Me parece que el off es muy importante. Es más groso lo que se sugiere que lo que se ve. Si estamos acá y ocurre algo en off, vas a querer verlo y yo no te lo voy a mostrar. Entonces, me parece que esa es la fuerza. Y, también, tiene que ver con la austeridad y con decir: “bueno, yo no puedo traer patrullas y un montón de cosas porque no tengo el dinero para hacerlo”. Eso que, en algún momento, para mí, fue un impedimento me hizo crear un estilo. Entonces, en vez de quejarme, yo aprovechaba todo eso y eso forjó una manera de hacer cosas. ¿Yo no tengo todo eso? Bueno, ok, lo hago por este lado. Nada me paró para que yo lo pueda hacer y eso es una filosofía de vida. Yo no necesito hacer una película, como estoy haciendo ahora, del siglo XVIII y ponerlos en un castillo. Cualquier tipo con guita haría eso. El castillo lo pongo en off, pero vos te imaginás que está el castillo. O sea, es como la trilogía, vos sabés que esos pibes fumaban porro y yo nunca los mostré fumando porro. La obviedad es mostrar la marginalidad desde el lugar más sucio. Mis personajes son honestos y son queribles. Mis personajes robaban una remera, pero era una remera, no matan, no hay violencia.

VL: Tus personajes son marginales, pero están delineados de cierta forma que escapan a la fórmula de los estereotipos sociales. Me resulta interesante, también, que no se realice un juicio de valor que estigmatice o idealice a esa clase social.

RP: El asunto está en que podés mostrar historias que pasan en el barrio de la manera más horrible que es lo que hace mucha gente, sobre todo, en esta época donde hay tanta violencia y demás. ¿Para qué mostrar más violencia? Yo creo que vos podés mostrar lo mismo de otra manera. Y yo creo que siempre apunté a eso. Lo que pasa es que yo amo a los antihéroes. Para mí, la vida es los antihéroes. Para mí, son antihéroes mis personajes. Entonces, yo los quiero y los protejo, los salvo.

VL: Como en el final de Graciadió

RP: Claro, era salvarlos. Los hacés levitar… me acuerdo que, en su momento, ese final entre la crítica se armaban discusiones: “¡Mirá lo que eligió! ¡Qué locura!” Pero era una licencia poética. Me atreví a decir algo que era imposible, en el sentido de que parecía de otra película. Pero, a mí, eso no me importa. Yo me muevo con una gran intuición.

VL: Volviendo al tema de la estética de tus películas, creo que hubo un pasaje muy interesante entre la trilogía de Ituzaingó (predominancia de espacios exteriores, jóvenes que deambulan en las calles) al tríptico donde primaban los interiores con planos fijos y tomas de larga duración.

RP: Sí. En la trilogía había también planos fijos como en la calle cuando vienen caminando y decían “¿Adónde vamos? ¿Para allá o para allá?” Eso es un plano muy abierto que me gustó siempre mucho. A mí me gusta mucho el aire o cortar las cabezas, para un ortodoxo eso está como mal. Pero, sí había mucho espacio abierto y me gustaba mucho el plano general. Lo que pasa es que después vas como mutando y aparece más el pintor. En el tríptico, por eso es tríptico, es un homenaje a Vermeer y a Rembrandt. Está muy trabajado el tema de la luz y el contraluz. Me gustaba mucho la idea de convertir la casa del viejito Galván, que era una casa muy chiquitita, en algo que pudiera ser arte. Una casa bien del conurbano, bien humilde, pero mostrarla con dignidad, con la belleza de la dignidad. A mí eso me preocupa mucho.

VL: ¿En total cuántas películas tenés? ¿Más de 40, no?

RP: Voy por 60 ya. Es un delirio, pero no me alcanzan los lugares para poderlas mostrar. Tengo que buscar estratégicamente cómo hacerlo. En este momento, hay una película que no se vio todavía que se llama Cosimi. Es en honor a mi abuelo, Nero Cosimi. Pero en la película es un príncipe. Es una cosa inventada. Está dando vueltas por algún festival de Europa. Después hay otra película que se llama Corsario que es sobre Pasolini, esa película la hice con una cámara estenopeica. Se armó una especie de estenopo y lo pusimos en una cámara digital. Entonces, hice una película así, sin foco, pero que, a su vez, no tiene foco. Es muy rara, tiene una textura que parece de 16 mm. Y estoy haciendo una película que va a ser muy larga que se va a llamar O3ST3R. Es como un western, pero oester. Son varias cosas: hay western, hay historias del siglo XVIII. Es muy rara, casi no podría ni explicártela. Pero está buena. Armamos como una carroza del siglo XVIII.

VL: ¿Cuánto hace que la venís filmando?

RP: Muy poco. Hace tres meses. Pero, a esos tres meses tenés que venir contándole los sábados. Son, en realidad, diez sábados. Pero me propuse filmarla en todo el año, para no hacer otra. Pero, entonces, puede llegar a durar cien horas.

VL: ¿Crees que con Cínicos se abrió una nueva etapa en tu cine? Hay un regreso a la palabra allí.

RP: Sí, pero mirá que ya está eh.

VL: ¿Ya pasó esa etapa y ahora inaugurás otra?

RP: Sí, yo creo que terminó. En Expiación está también. Está como medio recitado, pero mucho más actual porque es sobre la dictadura, pero sin mostrar la dictadura. Bueno, volvemos a lo mismo. No hay Falcon, no hay nadie secuestrado. Lo que hay es mucha agua, una mansión que se inunda. Ahí está la palabra de nuevo, pero desde otro lugar. Ese tríptico termina con una película que se llama Ituzaingó Veritá que vuelve a trabajar Prone, que fue el que trabajó en Labios de Churrasco y Graciadió, pero ya más grande y más gordo. Lo hago volver como una estrella decadente. En realidad, Ituzaingó Veritá es un gran chiste y una gran joda a todo, al cine, a los críticos, al cine independiente. Me burlo de todo, hasta de mí. Muestra también un poco la idiotez de la tecnología. Están todo el tiempo con celulares, parecen como idiotas; en vez de haber paparazzis hay tipos con celulares. Es una película muy irónica. Prone aparece como decadente, ya no hace más películas, no me ve más a mí y no le importa lo que yo hago. Ahí se vuelve un poco a hablar más parecido a la época de Labios de churrasco. Cuando te digo esto no es que hablan como adolescentes, sino que hablan como estamos hablando nosotros ahora. No hablan ni como en Cínicos ni como en Expiación que hay como un discurso más poético. Es más de habla cotidiana. Me parece que terminó porque lo que estoy haciendo ahora tiene como varios idiomas.

VL: O sea que estarías explorando una nueva etapa.

RP: ¿Sabés qué pasa? Si uno filmara cada tres o cuatro años como mucho, entonces, no sé si habría tanta búsqueda. Porque vos decís, bueno, durante tres años y pico voy a buscar la guita para esto, tenés un guion, el guion lo das vuelta. Yo, la verdad, que me aburro, pero me aburro mal. O sea, lo que pensé ayer ya no lo pienso hoy. Inclusive, también lo saben los tipos que laburaron conmigo. Eso también lo agradezco. En esta peli, la que estoy haciendo ahora, aparece Cozarinsky haciendo del Marqués de Sade. Hablamos un día, porque al tipo le gusta mucho lo que yo hago, lo invité a participar y aceptó. Me preguntó “cuándo es” y le dije “pasado mañana” y vino y lo hizo. También, vino Jean Pierre Noher a filmar unas secuencias.

VL: ¿En esta última película que estás filmando?

RP: Sí, estoy mezclando mucho. Es una película que tiene varias aristas y es como un gran homenaje al cine, al teatro, a la literatura, a la pintura. Es un gran homenaje a todo eso que me gusta, a unos grandes directores de cine. Estoy trabajando mucho con el tema del diálogo. Está hablada en francés, un poco en alemán, en italiano. Es una gran ensalada. Lo que tiene el francés de bueno es que podés decir cualquier estupidez y queda lindo. No dicen estupideces eh, pero digo me gusta mucho la fonética tanto como la estética. También hay como una especie de homenaje a Fassbinder y a Pasolini, y a todos los tipos que de alguna manera me influenciaron.

Fotos: Alejandra Bonaccini.

En este link pueden ver las últimas cuatro películas dirigidas por Perrone.

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